jueves, agosto 16, 2007

En esta ciudad boliviana se vive una clara y armónica fusión entre lo católico y Aymara
Sincretismo en Copacabana
Hermoso santuario guarda la sagrada imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona del país altiplánico.

Miguel Ángel Mamani, poblador de La Paz, compró esta semana una combi de color celeste con los ahorros de su vida, para trabajar en transporte urbano en la sede gubernamental de Bolivia. Aunque el vehículo es de segunda mano, la inversión fue elevada y, por ende, riesgosa. Mamani, fiel a las costumbres religiosas bolivianas, condujo su nuevo vehículo hasta Copacabana, en un viaje de cuatro horas por tierra y agua (para llegar a esta ciudad ubicada a orillas del Lago Titicaca, todos los vehículos deben ‘navegar’ sobre tremendas balsas para cruzar la orilla) para que sea bendecido en las afueras del Santuario de la Virgen de la Candelaria, llamada también de Copacabana.
Lo curioso de esta bendición es que es oficiada tanto por un sacerdote católico, quien esparce la clásica agua bendita sobre el vehículo, como por un curandero Aymara, quien reza a los Apus y a la Pachamama, mientras sahúma con incienso alrededor del automóvil. Mamani escogió a un cultor de la cosmovisión Aymara llamado Mateo (vaya nombre bíblico) para que se encargue de purificar su adquisición. “Si este año es una combi, el próximo será un microbús”, repetía el sabio andino durante el ritual efectuado al promediar el mediodía. “Es para que me vaya bien en el negocio y no sufra un accidente”, comentó el paceño poco antes de abordar su combi y retirarse de las afueras del santuario, ubicado en la Plaza de Armas de Copacabana.
Esta ceremonia, que se realiza a diario en Copacabana, es la muestra más clara del sincretismo existente entre la religión Católica y las costumbres aymaras en Bolivia. Es casi increíble ver cómo un ritual que bien podría ser considerado como pagano, se realiza en las afueras de un templo católico que guarda a la bendita Virgen de la Candelaria, patrona de Bolivia desde 1925. Automóviles del año, combis, camionetas, microbuses y hasta camiones son llevados desde todas partes de Bolivia y Perú a este lugar para recibir los buenos augurios de sacerdotes y chamanes. Los vehículos primero son lavados y perfumados, y luego adornados con flores y artesanía local elaborada con totora, que venden comerciantes informales instalados en una feria permanente frente del templo. De inmediato, el representante católico arroja el agua bendita y, ni bien culmina, entra el turno del chamán, quien quema incienso y ora a sus dioses por la prosperidad de su contratante. Al culminar, el propietario del vehículo bendito pasea con sus familiares por las orillas del Titicaca (en ocasiones se dejan ofrendas) y luego beben cervezas (muchos empiezan a tomar incluso en la fachada de la iglesia).
Pero ésta no es la única muestra del sincretismo religioso que se percibe en Copacabana. Otro ejemplo clarísimo se observa en el mismo santuario, en cuya fachada se observa la efigie del modelador de la imagen sagrada, el indio Francisco Tito Yupanqui, vistiendo el clásico atuendo del Incanato y cargando la imagen de la Virgen María con el bebé Jesús entre brazos. Valga mencionar que, según la historia, Tito Yupanqui elaboró la escultura de la Virgen en el año 1583.
Si seguimos avanzando y llegamos a la puerta del templo, observamos otro detalle interesante. Grabado en la madera, se observa a Tito Yupanqui, en el año 1580, soñando con una Virgen que carga entre brazos a un bebé, dando la impresión de que el descendiente Inca recibió una señal divina que lo motivó a esculpir la imagen.
Por último, para completar esta fusión perfecta entre lo Católico y lo Aymara, justo frente del santuario, en medio de la Plaza de Armas, se observa una pequeña ‘Puerta del Sol’, elaborada con tres bloques de piedra, muy similar a la existente en el templo de Kalasasaya, situado a escasos minutos del pueblo de Tiwanaku (a 40 minutos de la frontera peruana).Todo este ambiente, que no deja de ser festivo, genera en el turista la sensación de estar perdido entre dos mundos, el mágico, oriundo y misterioso Aymara, y el Católico venido desde Europa tras la conquista española. Tal vez, por ello Copacabana es una de las ciudades bolivianas con mayor índice de turismo. Ése es su secreto. Un fascinante y armonioso misterio.

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