lunes, marzo 30, 2009

De 198 naciones del mundo, nada más que el 11,11% le ha abierto las puertas a los peruanos
Sólo 22 países confían en

Perú y no le exigen visa

En el mundo existen 198 países, pero sólo 22 de ellos le han abierto las puertas por completo a los peruanos, al no exigir ese ‘dolor de cabeza’ que se resume en cuatro letras: V-I-S-A.
Una regla de tres simple nos echa esta dura realidad por las narices: sólo al 11,11% de los países del mundo podemos ingresar sin visa.
Estas naciones se ubican en América del Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay y Uruguay), América Central y el Caribe (Barbados, Bahamas, República Dominicana y Trinidad y Tobago), África (Marruecos y Sudáfrica), Asia y Medio Oriente (Brunei, Corea, Hong Kong, Singapur, Malasia, Tailandia, Israel y Emiratos Árabes Unidos).
Brasil exige el certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla y, al igual que en Chile, sólo es necesaria la presentación del Documento Nacional de Identidad (DNI). Malasia pide la misma vacuna, mientras que Emiratos Árabes Unidos no exige visa pero sí una ‘Autorización de Entrada’, tramitada por el hotel o línea aérea de transporte (KLM o Lufthansa).
Ningún país de América del Norte da entrada sin visa a los peruanos y lo mismo sucede con los ubicados en Europa y Oceanía. Pretender visitar estas naciones implica la previa realización de un casi siempre engorroso trámite en la respectiva embajada del país elegido.

No es tan fácil que digamos
Pero si usted piensa que para viajar a estos 22 países no necesitará visitar una embajada, se equivoca. Movilizarse en Sudamérica es fácil. Se puede hacer tanto por tierra como por aire y, en algunos países, incluso por río o mar. El DNI o el pasaporte común son suficientes.
Sin embargo, si las vacaciones se quieren pasar en Brunei, por ejemplo, existe un ‘pequeño’ problema: no existen vuelos directos entre Lima y Bandar Seri Begawan (capital de este pequeño país ubicado en el sudeste de Asia). Para llegar allí, será necesario hacer escala en Ámsterdam (Países Bajos) y, por ello, se requerirá de una visa Shengen de tránsito.
Es decir, sólo por pisar el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam y esperar un nuevo avión que nos llevará a Bangkok (Tailandia) y luego a Brunei, los peruanos necesitamos tener una visa. Para obtenerla, tendrá que solicitarla en la embajada de Holanda en Lima, lo cual ya implica presentar documentos y perder tiempo.
En el caso de Marruecos ocurre lo mismo. Para llegar a Rabat, ciudad capital, debemos hacer escala en Madrid o Barcelona (España). Demás está decir que la ‘Madre Patria’, por pertenecer a la Unión Europea, también exige a los peruanos visa de tránsito. Y así se repite con la mayoría de países de Asia e incluso de América Central y el Caribe (casi siempre es necesario hacer escala en Panamá, país que también nos pide visa).

¿Por qué ocurre esto?
Las pruebas hablan por sí solas. Panamá, por ejemplo, no exige la visa de turismo a Paraguay, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay. Pero sí a Perú. ¿Por qué?
Otro caso es el de Nicaragua. Allí sólo tienen entrada libre los peruanos que portan pasaportes diplomáticos, oficiales, especiales y de servicio, gracias a un acuerdo de ‘supresión de visas’ suscrito entre ambos países en Lima, el 4 de junio de 2004. Sin embargo, en este acuerdo no se consideran los pasaportes ordinarios (los que tiene todo el mundo). En contraste, países como Chile o Argentina sí tienen entrada libre a Nicaragua, sin necesidad de visa. ¿Acaso fue un acuerdo sólo para los diplomáticos? ¿Para qué sirve ese convenio? Definitivamente, nuestros diplomáticos tienen una gran tarea por cumplir.

Acceso fácil a otros países
- La India puede dar la visa a los peruanos el mismo día en la embajada de Lima.
- Venezuela en realidad no pone muchos peros.
- Cuba no exige visa, pero sí una tarjeta de turismo que cuesta 20 dólares.
- Camboya expide la visa por Internet en el sitio web: http://www.mfaic.gov.kh/e-visa/vsindex.aspx?lng=Esp

jueves, marzo 26, 2009

Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez–Cerro, declaró en Madrid:

“El ingenio y la picardía del peruano despiertan ante la crisis”



MADRID, ESPAÑA. Aunque asegura que los peruanos son personas calificadas para enfrentar a la crisis económica que sufre el mundo, reconoce que Europa actualmente es un continente menos atractivo para los inmigrantes. El Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro, dedicó algunos minutos de su último cumpleaños para dialogar con el diario La Industria en su despacho de Madrid.

—Europa está siendo golpeada por una grave crisis económica, tanto así que en ciudades como Madrid o Valladolid se pueden observar obras paralizadas o negocios que han cerrado sus puertas. ¿Cómo han afrontado los peruanos esta situación?
—El peruano, por su propia naturaleza, en comparación con otras personas, tiene un ingenio y una picardía que despiertan ante la necesidad. Es cierto, Europa está afrontando una grave crisis económica y aquí en España el sector más afectado es el de la construcción, precisamente el que daba empleo a un alto porcentaje de peruanos. Sin embargo, el peruano que ha perdido su trabajo en construcción por la crisis, está migrando a otros sectores económicos. En otros casos, algunos se van a otras ciudades en busca de nuevos empleos. Es una ventaja que tienen los peruanos frente a otras comunidades: adaptarse fácilmente a desarrollar otros oficios.

—Entonces estamos hablando de que los movimientos migratorios podrían variar. Ya no sólo hablar de migración América-Europa sino Europa-Europa. El problema lo tendrían los ilegales…
—Afortunadamente, en el caso de la colonia o la comunidad peruana en España, que la integran más de 160 mil personas, casi su totalidad vive en condición de legal. De esos 160 mil, el 95% es legal y el 40% de ese 95% ya es español naturalizado. Ese 40% goza de la nacionalidad española pero mantiene la peruana; tienen doble nacionalidad.

—Entonces, a diferencia de lo que se piensa en Perú de nosotros mismos, ¿en España los peruanos son personas bien vistas?
—La colonia peruana en España no es la más numerosa, pero sí la más antigua. Además debemos precisar que España no es el primer destino para los inmigrantes peruanos; el primero son los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, España siempre ha sido un destino importante para los peruanos, primeramente por la facilidad del idioma. Los fuertes lazos históricos entre ambos países y el hecho de ser España la puerta de Europa, son otras razones por las cuales muchos peruanos han venido a vivir acá. Incluso hay muchos, sobre todo médicos y abogados, que han hecho sus carreras en España. Otra facilidad es que hasta los años 70 no se exigía visa a los peruanos para venir a España.

—Sin embargo, la crisis actual estaría cambiando las cosas. ¿No será que muchos peruanos que ahora viven en España empezarán a retornar?
—Al respecto ocurre algo curioso. Como ya dije, los peruanos saben acomodarse ante situaciones adversas. Es por eso que casi su totalidad no tiene interés en regresar al Perú. Eso se puede medir con los resultados del ‘Plan de Retorno Voluntario’, que es una política del gobierno español, aplicada a ciudadanos no comunitarios que están residiendo legalmente en España. La política consiste en dar alicientes económicos a los que decidan regresar a sus países de origen, entregando los fondos de desempleo a los cuales tienen derecho en dos partes, 40% al iniciar el trámite en España y 60% 30 días después de llegar a su país. En su contra, el inmigrante pierde sus permisos de residencia y de trabajo en España y sólo podría retornar a este país después de cinco años. Pasados tres años puede empezar a hacer las gestiones nuevamente, pero sin tener garantía de conseguir los documentos.

—¿Son muy pocos los inmigrantes que se han acogido a este plan?
—Sí, son pocos. Es una política que no ha atraído a los peruanos y a los inmigrantes en general. En la embajada sólo recibimos una llamada de una persona interesada, sólo para preguntar en qué consiste el plan. Esto demuestra que el interés de los peruanos es nulo.

—¿No será que los inmigrantes desconfían y creen que no les depositarán el dinero prometido?
—No, no es desconfianza. Lo que ocurre es que este programa no favorece mucho al inmigrante, quien debe regresar a su país sin un monto muy significativo para abrir un negocio, por ejemplo.

—¿De cuánto dinero hablamos?
—En el mejor de los casos, 24 mil euros. Podría ser mucho menos.

—¿No cree que la crisis de todas formas está haciendo cambiar la percepción sobre España y Europa?
—Las condiciones de la crisis económica o financiera hacen a Europa en general, un lugar menos atractivo para la inmigración por el alto costo de vida, o por las dificultades para conseguir trabajo o para regularizarse como inmigrantes legales. España, por ejemplo, está endureciendo su tratamiento a los inmigrantes porque hay que favorecer a los nacionales, sin desmerecer el aporte de los inmigrantes con su trabajo y sus impuestos a estos países, así como a los nuestros que es a donde envían las remesas. Pero, sí, cada vez Europa es menos atractiva para los inmigrantes latinoamericanos por estas consideraciones que podrían ser transitorias, pero que nadie sabe a ciencia cierta cuánto van a durar.


—¿Qué se sabe de Trujillo del Perú en España?
—Trujillo es una ciudad estrechamente vinculada a España porque Trujillo de Extremadura es la cuna de Francisco Pizarro, conquistador del Perú. Trujillo tiene además la significación de que es la cuna de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA, y aquí hay iniciativas de peruanos y de apristas residentes en España de ponerle un nombre a alguna calle o un busto de Haya de la Torre en Trujillo de Extremadura, por el vínculo histórico con el Perú. Además, Trujillo está unida de alguna manera a España por el arte, que la embajada ha tratado de auspiciar siempre porque probablemente es la ventana más importante que tenemos para exhibirnos como un país milenario con 5 mil años de civilización. En mi gestión hemos dado prioridad al aspecto cultural peruano, a través de la pintura o la poesía, con muy pocos o nulos recursos. El agregado cultural hace ‘malabares’ o ‘magia’ para conseguir local o lograr exposiciones que estamos haciendo casi una vez al mes.

—¿Y cómo se encuentran los trujillanos?
—Barcelona es la ciudad donde más trujillanos y chiclayanos hay. Entiendo que hay barrios enteros que se han trasladado a Barcelona desde el Perú. Hay una comunidad muy bien organizada de trujillanos y chiclayanos y son gente importante que se está abriendo camino en esa zona de España.

sábado, marzo 21, 2009

Reflexiones tras mi viaje a España

El centro de España en invierno, es una tierra donde los vientos gélidos y las hojas secas y crujientes de los álamos te envuelven en una atmósfera en blanco y negro, con algunas pinceladas del sepia. La sobriedad y elegancia de los tonos grises y ocres, que se repiten en edificios de Madrid, Ávila, Valladolid, Salamanca, Alcalá de Henares o Segovia, convierten a un daltónico en un individuo común y corriente: el color es lo que menos resalta en una Europa antártica.
Los árboles esqueléticos y deshojados son como hombres petrificados en este país de modernidad y limpieza, cultura y elegancia, piedras, naturaleza y crisis. Es difícil encontrar aquí barrios pintados como el Arco Iris; por ello, un peruano acostumbrado a colorear su casa de azul, amarillo o verde y vivir en un país polícromo, sufre un violento golpe visual que oprime el corazón y, por momentos, incluso, llega a asfixiar.
Aún así, al caminar en Madrid u otros lugares, no me siento en ciudades extrañas. Debo reconocer que el orden, la limpieza y sobre todo los sistemas de transporte se encuentran un millón de veces más desarrollados que en Perú. Sin embargo, la arquitectura de los edificios, las plazas, los parques, los jirones peatonales o las farolas que iluminan el caminar de los españoles, bien podrían ser los mismos de una Lima bien conservada. La Plaza San Martín de la capital peruana es tal cual o incluso más hermosa que la Plaza Mayor de Madrid. Y si de modernidad se trata, Miraflores y sus acantilados nada tienen que envidiar al barrio más moderno de Madrid, ubicado cerca de la estación Cuzco del Metro y amparado bajo las suntuosas e inclinadas Torres Kío.
La influencia española en Perú aún está tan marcada que Madrid no me sorprende, por lo cual no puedo decir que España es otro mundo. Claro, en Lima y en Perú las afueras de las ciudades grandes lucen paupérrimas y cruelmente empobrecidas, lo cual nos sitúa en un país humilde económicamente hablando. Algunos dicen que el Perú actual es la España de hace 50 años. Yo, que estuve 15 días en la llamada ‘Madre Patria’, puedo dar fe de ello.

Su gente
Más allá de la arquitectura, de sus calles o de sus vistas panorámicas, un país está hecho por su gente. Estoy en el Metro de Madrid, viajando desde la Estación de Marqués de Vadillo hacia Gran Vía. La red de trenes subterráneos de esta ciudad es tan impresionante como laberíntica; realmente es como una ciudad distinta debajo de la tierra y, como necesariamente todos llegan a ella, es el mejor lugar para conocer a los españoles.
A mi costado está parada una vieja colorada que se sujeta de un tubo con una mano y con la otra sostiene un libro abierto que está leyendo. No logro ver el título de la obra. En el Metro más de la mitad de los viajantes siempre lee, otro poco escucha música con audífonos, otros son amigos o pareja y conversan en voz baja, mientras que hay un pequeño puñado de “diferentes” que se ríen a carcajadas y hablan extraño, conocidos como “inmigrantes”. Dentro de ese grupo están los “Sudamericanos”. Ecuatorianos, peruanos, bolivianos, venezolanos, argentinos, etc. A ellos debemos sumarles todos los centroamericanos como nicaragüenses, hondureños o dominicanos, así como a los mexicanos. Ocurre que los españoles llaman “Sudamericano” a cualquier sujeto de rasgos andinos o negros que habla español, que provenga de cualquier punto de América.
Otro grupo lo conforman los africanos. Nunca he visto a alguien cuya piel sea tan negra como un tipo que viaja a mi costado. Es casi azul. Un día estuve hablando con un peruano que llegó a vivir a Madrid hace 20 años, quien me contó que cuando recién empezaron a migrar los africanos a esta ciudad, los niños españoles los señalaban extrañados como si fueran seres de otro planeta. El tipo viaja tranquilo. Lleva una gorra y un polo negro con el número cinco estampado en el pecho. El Metro se detiene en la estación Acacias y sube un español ebrio. Son las 12:30 del mediodía. Hora punta. El tipo, flaco, blanco y narizón, empieza a hablar solo. Se queja de la crisis y de que su mujer le pide más dinero. “La leche y el zumo nunca les faltan a mis hijos”, dice. El negro lo mira de reojo y el español empieza a conversarle sobre lo mismo. Que sus hijos, que la crisis, que el dinero. El joven, que al comienzo ni se inmutaba (como si estuviera zumbando una mosca a su costado), al cabo de unos minutos de soportar el mismo sonsonete lastimero se impacienta y le dice: “Bueno ya, qué espesito eres, ¡tú a lo tuyo y yo a lo mío!” El español se queda callado.
Madrid es una ciudad cosmopolita. En sus calles y en el Metro puedes encontrar chinos, africanos, americanos, europeos y ciudadanos de cualquier parte del mundo. Eso de que hay racismo, yo no lo vi. Al contrario, al ver a gente de todas las razas viviendo bajo el mismo cielo y sirviéndose de la misma infraestructura, sospecho que aquí la gente es tolerante pero a la vez más fría e individualista. Cada uno lee su libro y escucha su música y el resto, no me interesa.
Quienes sí conforman una cultura independiente son los gitanos. Ellos están en todos lados, hablando en caló (su dialecto), con ropajes propios de su cultura y haciendo mucha más bulla que los españoles. Los gitanos son considerados como timadores, sucios e indigentes.

Un contraste con la juventud peruana
Jóvenes con aretes en la cara o con pelos de colores. Otro violento golpe visual. Las apariencias engañan, claro. El fenómeno de los tatuajes, los piercings, los peinados estrambóticos y demás manifestaciones contemporáneas se observan en España sin hacer mucho esfuerzo, lo cual en Perú aún sigue poco desarrollado. Al margen de ello que, como digo, son apariencias, creo que tanto en España como en nuestro país la juventud va por el mismo camino. Si acá cada vez menos jóvenes ceden el asiento a sus mayores en un micro, allá es igual o tal vez peor. Embriagarse en las calles es también una práctica común. La pérdida de valores se siente tanto a ambos lados del mundo.
No es que acá seamos más humanos y allá más robots; todo es igual, con la excepción de que en Perú, por suerte, aún existen pueblos que no se han contaminado con la era “moderna” y el común de la gente es un poco más conservador.
Días atrás, después de mi viaje a España y estando de vuelta en Trujillo, caminé en la noche con un compañero de trabajo hacia mi casa y llegamos al óvalo Larco, donde hay una tienda que vende cervezas. En el lugar, un joven que iba en grupo con otros 10, en automóviles del año, estaba golpeando a otro. Lo insultaba, le daba patadas y puñetazos. El pobre tipo estaba ebrio y en el suelo. Llamé a la Policía, pero antes de que llegaran, esos 10, que definitivamente estaban borrachos o drogados, escaparon a toda marcha en sus autos de lujo. El sujeto golpeado quedó en la calle y siguió su camino, magullado y echando sangre.
Esa escena me hizo recordar a una pelea entre gitanos, una mañana en Madrid. Alba, mi hermosa novia, abrió la ventana y vimos cómo un tipo estaba parado sobre el techo de un automóvil, mientras que otro lo amenazaba con una piedra. Cerré la ventana. Al rato se escucharon los gritos de una mujer, el choque de dos automóviles y las sirenas de la Policía. Abrimos la ventana. El tipo estaba muerto. Una carroza funeraria llegó al cabo de unos minutos. Fue una típica escena de noticia policíaca que he visto durante mucho tiempo y que he redactado en innumerables oportunidades para este diario.
Otro día, vi en el metro de Madrid a peruanos convertidos en payasos, con los pelos parados, con zapatillas costosas, con aretes, con ropa de marca y hablando ya como españoles. Me dio pena y vergüenza. Sin embargo, no me sorprendió mucho porque en Trujillo o en Lima se vive el mismo fenómeno. Las personas que migran de la sierra cuelgan sus polleras, botan sus llanques, se visten con ropa de moda y así tratan de aparentar lo que no son. Un problema de identidad, de autoestima, de quererse, de querer sus raíces. En Perú, la identidad es tan frágil… Y aunque no tengan un quinto en el bolsillo, tal vez, en el fondo, aquellas personas esconden una alegría porque ya no son serranos sino “costeños”. Allá, ya no son peruanos sino “españoles”. O eso creen. Así de tonto es este mundo envilecido, allá y acá.
La diferencia más fuerte entre España y Perú es que aquí aún hay poblados menos “contaminados” pero a la vez donde la gente no tiene acceso a servicios modernos. Para todo el mundo ellos son pobres, pero si vemos un poco más allá, tal vez esas personas que viven así, que son tan “pobres” y que al mundo dan pena, sean las únicas ricas que quedan en el planeta.
Ayer vi un documental que trataba sobre la felicidad y me sorprendió cuando dijeron que las personas más felices del mundo viven en un pequeño pueblo de la amazonía peruana, a donde sólo se llega en barco. ¿Acaso ellos son pobres? Viven arando la tierra, criando sus animales, en chozas tal cual como sus antepasados, utilizando medicamentos tradicionales y comiendo lo que siembran o pescan. ¿Dónde está la pobreza? Pero, para el mundo, un lugar sin centros comerciales, sin un hospital ni un colegio privado, es un lugar pobre que merece ser ayudado. Yo diría que, en realidad para muchas de esas personas “solidarias”, es un lugar virgen que merece ser conquistado, contaminado y metido al mercado para acrecentar el número de posibles compradores.

La crisis económica
La crisis económica mundial, que en Perú es como un fantasma algo lejano (aunque algunos dicen que aquí la crisis no se siente porque el Perú siempre está en crisis), se percibe en España hasta cuando miras televisión y por eso la gente anda bastante preocupada. Ya son casi 4 millones de desempleados y la cifra sigue subiendo.
Ahora estoy en Valladolid. Viajé tres horas en un tren desde Madrid, pasando por la medieval Ávila, y estoy caminando por el casco histórico de esta ciudad mediana y fría. Alba ya me había advertido que en este lugar muchos negocios están cerrando sus puertas por la crisis, pero nunca imaginé que fueran tantos. Carteles como “remate por cierre”, “liquidación” o “precios increíbles” saltan a la vista en todas las calles. Incluso, una boutique de nombre “Markus” pintó en su vidrio exterior: "¡¡CRISIS, CRISIS, LAS MEJORES REBAJAS DE LA HISTORIA!!”
Regreso a mi habitación y enciendo la televisión. El spot de un banco anuncia un nuevo servicio de créditos con menos intereses “por la crisis”. Otro habla del último invento en la industria automotriz, “el 'coche anticrisis', que costará la increíble suma de 1.700 euros”. En este país, ahora, la crisis se huele, se siente, se observa, se come y se lee en las portadas de los diarios.
Esta situación inesperada tal vez cambie la percepción colectiva en Perú sobre España y el resto del mundo. Seguramente cada vez menos peruanos decidirán viajar para aventurarse en estas tierras en busca de una “mejor vida” y empezarán a mirar hacia adentro.
El sector más afectado es sin duda el de la construcción. Por eso, no es raro observar en algunas ciudades españolas (sobre todo en Madrid) obras inconclusas y paralizadas. Puentes o edificios, casas o caminos. La crisis se siente y se ve, ya lo dije. En estas condiciones, abandonar a la familia en Perú para “hacer dinero” en España, puede convertirse en una aventura con triste final. Piénselo bien antes de emprenderla.

martes, febrero 17, 2009






















Imágenes de una ciudad que lo tiene todo
Buenos Aires en blanco y negro






BUENOS AIRES, ARGENTINA (ENVIADO ESPECIAL). El bus demora más de dos horas desde el aeropuerto internacional Ministro Pistarini hasta el centro de Buenos Aires. Diferentes barrios van quedando atrás, pero el verdor del césped y de los álamos distraen la mirada y convierten el largo trayecto en una oportunidad para contactar, aunque detrás de una ventana, con la naturaleza. Es cierto, Buenos Aires es la ciudad más europea de Sudamérica. Aquí se respira a modernidad, a orden, a limpieza, a tango, pero también a pobreza. Ojo, no olvidar, Buenos Aires está en Sudamérica.
Zapatillas y agua fría bastan para conocer la capital argentina, que por estos días registra una temperatura superior a los 38 grados centígrados. El paseo puede comenzar en el corazón mismo de la ciudad: la Casa Rosada, sede del despacho presidencial, que data de 1594 pero que las refacciones posteriores la convirtieron en un palacio de estilo neoclásico.
Este histórico edificio, donde la estadounidense Madonna cantó en 1996 Don't Cry For Me Argentina para la filmación de Evita, se ubica en la Plaza de Mayo que, si la comparamos con Lima, equivaldría a la Plaza de Armas. El lugar impresiona por su belleza arquitectónica, pero también por ser sede de las manifestaciones políticas, sociales y culturales más sórdidas y sorprendentes, pintadas con spray o avivadas con banderolas y palos. Por ello, no es raro encontrar, frente de la misma Casa Rosada, inscripciones como: “Sin justicia jamás habrá paz, libertad a la calle” o “Estudiantes en lucha”.
Hay dos opciones para continuar la marcha. La primera es ingresar a la Avenida de Mayo y recorrer las calles más céntricas de Buenos Aires. El lugar ofrece diferentes cafés, desde los más modernos como el inglés Harmony hasta el legendario Tortoni, con más de 150 años de funcionamiento. Allí también existen hoteles de tres estrellas como el Tandil, donde la habitación matrimonial no supera los 100 pesos argentinos (95 soles), convirtiéndose en buena alternativa para hospedarse.
La segunda opción es caminar hacia la plaza trasera de la Casa Rosada, desde donde se puede ir a la avenida 9 de Julio, la del famoso obelisco (que en realidad no tiene mucho de atractivo) o seguir directo hasta Puerto Madero, totalmente remodelado, con un puente giratorio que representa a una pareja danzante de tango. Restaurantes y más cafés funcionan alrededor del río de la Plata, desde donde también parten los barcos hacia Uruguay, con atracaderos en el pueblo de Colonia, Montevideo o la exclusiva playa de Punta del Este (el viaje puede durar entre una y tres horas).
La caminata continúa. Ya hemos dejado atrás el impresionante Edificio del Ejército y el Teatro Colón (clausurado por refacción). Cruzamos un barrio moderno, con construcciones que sobrepasan los 30 pisos y llegamos a la Reserva Natural. El lugar conserva cientos de especies de fauna silvestre y vegetación. Repelente y bloqueador solar son muy útiles. Para paliar el hambre nada mejor que un sándwich de bife o chuleta de cerdo que venden numerosos carritos en la calle. Son exquisitos y combinan muy bien con una gaseosa llamada Paso de los Toros, con sabor a toronja.
El camino de vuelta nos lleva a las calles céntricas. Desde cualquier estación se puede abordar el subterráneo, que nos lleva a los barrios de San Telmo (tradicional y bohemio), La Boca (histórico y pintoresco, resalta por la calle Caminito), Palermo o La Recoleta. Precisamente en este último se ubica el cementerio de La Recoleta, donde se encuentra el mausoleo de María Eva Duarte de Perón o simplemente “Evita”. Al lugar se accede de forma gratuita.
A las playas del río de la Plata como Malvín y La Pantalla se accede en buses que circulan por el centro. Allí se puede degustar una buena parrilla o tomar algunas cervezas Quilmes. Para terminar el recorrido debemos acudir, obligatoriamente, al delta del río de la Plata en la localidad de Tigre. Allí se llega en tren. El viaje demora casi dos horas y luego se abordan embarcaciones que se internan entre las aguas y la vegetación.
Si le añadimos sus museos, casonas, centros comerciales, milongas, bares y sobre todo el calor y picardía de los porteños, nuestro viaje a Buenos Aires se convierte en una aventura inolvidable. Sí, es cierto, es una ciudad que lo tiene todo.

lunes, enero 12, 2009

Conversación vía Messenger con una abogada palestina que radica en Israel
“Israel está violando el
derecho internacional”


Mientras que los peruanos prestamos atención a las ocurrencias de la recién excarcelada Magaly Medina y del chuponeo que involucra a la Marina de Guerra, en Franja de Gaza sólo hay tiempo para sobrevivir. Allí no se puede respirar tranquilo ni salir a comprar el diario. Ni siquiera se puede abrir una llave para beber agua, ni ver televisión ni encender un miserable foco. Franja de Gaza se desangra, muchos protestan en el mundo, sí, pero Israel se tapa los oídos y no cesa sus ataques.
A través del Messenger, aquella herramienta moderna que permite comunicarnos vía Internet con algún amigo que vive en nuestra misma ciudad o con un desconocido al otro lado del planeta, entablé un diálogo con la palestina Luna Barakat, jurista de familia musulmana que radica en la ciudad israelí de Haifa y que, a sus 29 años, trabaja en materia de derechos humanos y derecho internacional.
Debo confesar que tres meses atrás Luna me contactó a través de mi blog y desde entonces entablamos algunas conversaciones vía Messenger. Llevar el mismo apellido es sólo una casualidad, pues Barakat –según me dijo– es equivalente al Sánchez o al Rodríguez en Perú.
Me encontraba yo en el aeropuerto de Santiago de Chile, esperando mi vuelo hacia Lima, el último viernes 9 de enero. La entrevista la realicé en inglés (mi inglés es básico y por ello luego recurrí también vía messenger a la licenciada en idiomas trujillana Tania Benavides Calderón). Aquí el diálogo traducido:

–Tú vives en el importante puerto israelí de Haifa, en las costas del Mediterráneo. Sin embargo eres descendiente de palestinos. ¿Cómo están en tu ciudad los palestinos por los ataques de Israel contra Franja de Gaza?
–Estamos realmente mal, mi amigo. Tú eres un periodista que sabes cómo es esto. Mi ciudad está relativamente lejos de la Franja de Gaza y por ello todos los días nos sentamos ver Aljazeera (canal de TV) donde salen las imagenes de los bebés muertos y los civiles que no tienen nada que ver con los problemas entre Hamás e Israel.

–Es terrible, lo sé. ¿Cómo te sientes tú como palestina?
–A veces quiero llorar, pero no. No sé cómo sentirme. Cada noche deseo que alguien los detenga. Deseo que la paz llegue por fin a estas tierras. Tú eres mitad palestino, por ello sabes lo que está pasando con tu gente.

–Sí, lo sé y me duele. Mi padre está muy preocupado y triste. Yo estuve hace poco en Buenos Aires, Argentina, y las protestas fueron muy fuertes en las calles. Todo el mundo está en contra de los ataques de Israel…
–Sí, pero Israel no escucha. Ellos tienen el poder y además están mejor organizados. Ellos tienen armas y ejército. Yo deseo que todos los palestinos fueran más organizados, como el pueblo judío.

–Dime, ¿Cómo observar tú este conflicto como jurista y defensora de los derechos humanos?
–Al margen de mis sentimientos y como experta en derecho internacional, considero que Israel está violando el derecho internacional. Un país no puede bajo cualquier circunstancias matar a civiles, incluso cuando hay personas que están luchando en una población civil. Israel debe acabar los ataques, no debe atacar de nuevo.

–¿Cuántos son los niños palestinos y las personas que han sido asesinadas por los ataques israelíes?
–En la zona de Gaza, hay 800 personas muertas, 230 niños, 100 mujeres y 60 ancianos, además de 6 integrantes de cuerpos médicos. El número va en aumento cada hora. (Vale aclarar que hasta ayer el número de muertos en Gaza llegaba a 901 y el de heridos a 3 mil 695).

–Palestina está dividida. ¿Qué opinas tú de Hammas y de sus ataques con bombas caseras a Israel? Al fin y al cabo, ellos rompieron el cese al fuego y lanzaron las primeras bombas…
–Los de hammas fueron elegidos de manera democrática para formar un gobierno hasta que los palestinos eligieran a alguien más. Hammas es una autoridad legítima. A Hammas los palestinos los eligieron a través de elecciones democráticas, pero eso a Israel no le gustó porque es un partido político islámico. Israel se negó a hablar con Hammas y trató de derrocarlo sin permitir que la gente tenga electricidad, alimentos y agua en Gaza.

–Derrocarlo con el sufrimiento de la gente…
–Sí, algo así. Entonces, como no había electricidad, alimentos ni agua, Hammas comenzó a disparar pequeños cohetes porque querían alimentos. Ahora Israel quiere asesinar a Hammas.

–¿Y qué opinión te merece la posición de Estados Unidos de Norteamérica?
–Yo creo que, en general, los países occidentales deberían tener más clara la situación y obligar a Israel a aplicar el derecho internacional. Todos los países deberían aplicar el mismo derecho internacional, de lo contrario, viviríamos en un estado de guerra. ¿Cuál es el punto de tener el derecho internacional cuando cada país hace lo que quiere y no escucha al mundo? Todo el mundo quiere detener a Israel pero no está escuchando, porque los EE.UU. lo están apoyando. Es hora de terminar con esta situación.

–Las protestas en el mundo también apuntan contra EE.UU.
–Sí, pero los países tienen que tener claro que hablar no es suficiente. Tienen que hacer más, como lo hizo Chávez que pidió a los israelíes abandonar la embajada en su país.

–En el Perú hay muchos descendientes palestinos que están muy preocupados y piden poner fin a todo esto.
–Eso es bueno, en realidad todos deseamos que termine pronto esta locura.

lunes, diciembre 01, 2008

Y se me ocurrió pensar

Hoy cuando salí de casa en dirección a mi trabajo y caminaba por el parque de mi barrio, no sé por qué me detuve. Nunca lo hago, porque siempre voy tarde y pensando en lo que debo hacer. Pero esta vez miré el rededor tan verde y escuché el canto de algunas aves, mientras que un Winston Light seguía consumiéndose entre mis dedos. Una señora caminaba meditabunda en la acera, mientras que un taxista esperaba algún pasajero en el interior de su viejo auto. Eran las 4:50 de la tarde y el sol ya soplaba sus últimos minutos de calor. Tampoco sé el porqué en aquel momento pensé en un esquimal. Sí, quería imaginar qué estaba haciendo una persona, en ese mismo instante, en los hielos del norte. Traté de imaginar su mirada, profunda, retrechera, sigilosa, desconfiada. Como en las películas, tenía la barba crecida y un perro-lobo sólo esperaba su orden para atacarme por inmiscuirme en sus hielos. De pronto me dio frío y viajé a África. ¿Qué estarán haciendo en este mismo instante aquellos niños-calaveras-cadáveres de los cuales sólo he visto fotografías o imágenes funestas a través de la TV? ¿Habrán comido algo o sus tripas estarán retorciéndose como ofidios? Quiero pensar lo primero, aunque sé que sólo trato de engañarme para no sentir el dolor de aquellos pequeños. Cobarde recurso el mío, pues en África viven 800 millones de personas y sólo el 15% de ellas llegan a envejecer. ¿El resto? El resto muere de hambre, asesinado o deshidratado en alguna barca con destino a España. Mejor me voy de allí. Soy cobarde. Y lloro.
Seguí caminando. Di una nueva pitada a mi Winston Light y bebí un sorbo de Sporade. El Trident lo guardé para luego. No pude borrar de mi mente la inhumana escena del niño africano y, otra vez decidí huir. Esta vez partí a la China, un país con una economía que crece a galope pero donde buena parte de sus 1600 millones de habitantes aún no conoce lo que es el vivir en condiciones. Recordé una foto que vi hace buen tiempo de unos chinos flacos que, como yo, fumaban cigarrillos y vivían en jaulas. ¡Sí! jaulas... Eran pequeños espacios alquilados al dueño de un gran edificio que fue subdividido con rejas para crear compartimentos con una cama y una silla. No recuerdo la cifra que pagaban cada noche por lograr descansar en esas pocilgas, pero sí rememoro la mirada vacía y apagada de aquellos pobres diablos.
Subí al taxi del paciente conductor y seguí con la idea de imaginar qué está ocurriendo ahora en el mundo. Es decir, mientras que yo ahora veo el bello mural de la universidad y me dirijo a mi trabajo, ¿estará muriendo alguien?, ¿alguna mujer estará siendo violada?, ¿cuántos cientos de hombres y mujeres estarán llorando?, ¿tal vez un desastre natural..? Qué trágico me puse, sí... Pero es que... ya que mi vida en los últimos meses se ha convertido en un barco que recorre las mismas aguas todos los días, sólo trato de echar a volar la imaginación para sentir algo distinto. Un ejercicio terrible, la verdad, que en el fondo me echa ante las neuronas el más puro existencialismo y las más duras tragedias. ¿Pero qué puedo hacer si sólo quiero sentir? ¿Qué culpa tengo yo de que el mundo muera cada vez más? Podría pensar en los árabes de la Franja de Gaza, de Jerusalem (que es de donde huyó mi padre para no morir de un balazo judío o inglés. Da lo mismo). Podría pensar en los peruanos que emigraron de la sierra a la costa en busca de una mejor vida y ahora deben contentarse con dormir sobre una estera y bajo cartones. En ese camino se encuentra el loco, la puta, el paria, el que fue echado, el que huyó, el secuestrado. México y Colombia, el País Vasco con sus etarras, Europa en general y sus neonazis... Estados Unidos y los negros newyorquinos (excluidos y tal vez por ello violentos), Centro América y sus maras salvatruchas (que asesinan a sus madres antes de tatuarse), Sierra Leona y sus diamantes teñidos de sangre, Irak, Estados Unidos...
El odio se ha apoderado de todo el mundo por el dinero. El dinero mueve el mundo. Las bolsas de valores caen y el sistema tiembla. ¿Cómo es posible que dependamos de la especulación de unos cuantos que venden acciones que, a la larga, no son nada... Valores... ¿esa es la esencia de nuestro mundo? Un papel que representa la nada. Porque es la nada material la que nos llevaremos a la tumba.
¿Entonces qué hacer? Creo que, al menos pensar en esto ya es algo. No cambio nada con mis pensamientos, claro... pero es muy probable que muy pocas personas frenen su vida algunos minutos para pensar en lo que ocurre dentro y fuera de los demás. En el corazón de su vecino o en la ciudad más lejana del planeta. Aunque, a la larga, son sólo ideas...

Adiós.

sábado, setiembre 27, 2008

Un puerto malherido, pero con futuro
Cómo quisiera verte bien, Malabrigo…
RÁZURI, MALABRIGO. Cómo quisiera dar un viaje al pasado en una de esas locomotoras que la brisa, el olvido y el tiempo han carcomido y que están arrinconadas como cachivaches. Le echaría petróleo, la haría silbar y enrumbaría hacia el muelle o el viejo almacén de azúcar del cual sólo quedan muros derrumbados y desolaciones. Pero no puedo, Malabrigo ha sufrido un cataclismo desde que me fui y no me queda más que andar por sus calles polvorientas y sucias, sus casonas taciturnas y destruidas, sus arenas infectadas y sus vientos de congoja.
Cómo quisiera recuperarte, Malabrigo mío, de mi adolescencia, de cuando jugaba con mi pelota y corría descalzo con mi perro en el mar y nos bañábamos en las aguas diáfanas que hoy están oscuras. Pero no puedo y me duele. Mi casa de Pino de Oregon fue comprada por alguien que sólo necesitó su cotizada madera, la desmanteló y sólo me dejó la nostalgia de los recuerdos atrapados tras lágrimas y barrotes. Mi perro ya no ladra, mi vecino ha muerto y, lo peor de todo, la playa agoniza. Daría todo por cruzar la puerta de mi casa-cadáver y encontrar a mi madre en la cocina friendo un suco y a mi padre, descansando en la hamaca de las armellas crujientes mientras escucha una canción de Roberto Carlos en un disco de vinilo. Daría todo por oler la madera abrigada de mi habitación perdida. Daría todo porque se apague la technocumbia de una pollada que hoy me perturba, y me deje escuchar el mar.
Cómo quisiera que un ventarrón se lleve por los cielos a la miseria y volver a la placita en mi bicicleta. No a la plaza moderna de las estatuas monstruosas, sino la de las bancas y los jardines. Cómo quisiera que el viento retroceda las agujas del reloj y que los perros vagabundos del puerto ya no miren con tristeza, como los mendigos que siempre anhelaron y nunca tuvieron, y que sus huesos se cubran de músculos y que la sarna no los ataque y que la historia de este milenario pueblo liberteño no se pierda entre la desidia, la división y los intereses de unos pocos.
Cómo quisiera que las aspas de la hélice giren en el sentido correcto y, como por arte de magia, Malabrigo no se siga perdiendo entre la contaminación y el atraso. No quiero celulares, ni asfalto, ni concreto, ni metal… quiero orden, limpieza, paz y que el tañer de las campanas haga un llamado a la reflexión del alcalde y los vecinos. Quiero que los pastos reverdezcan, que las palmeras sean podadas y que fortalezcan sus raíces, que al muelle no lo desmantelen más y que las casas de madera que algún día edificaron los alemanes y que podrían convertirse en museos, no se cubran de concreto. ¡Si esas paredes pudieran hablar! Reclamarían por el descuido y el abandono.
Los tiempos cambian, es cierto, pero todo cambio siempre debe ser para mejorar y no para estancarse en un socavón de miserias y abandonos. Hay tanto por hacer en Malabrigo y es tan poco lo que se hace. La playa está herida por la contaminación de algunas fábricas de harina de pescado que clavaron tuberías en las arenas para arrojar sus desechos al mar sin ningún control. ¿Dónde están las autoridades? Para colmo, la basura que el pueblo arroja a las calles llega hasta las orillas donde corretean las pardelas y las gaviotas. Y esos ranchos de esteras, mal llamados restaurantes, lanzan a las aguas todas las porquerías que acumulan durante las cuatro estaciones. ¿Por qué no los desalojan..? Claro, ahora entiendo el porqué las aves vuelan y gritan ¡¡agg, agg!! Sí, es por la basura de la orilla y por los ranchos miserables y asquerosos que invadieron el litoral y se convirtieron en centros de acopio de harina de pescado robada de los almacenes.
Ay, Malabrigo, cómo quisiera que el mar vuelva a dar robalos, lenguados, tollos y chitas y no sólo sucos o bonitos. Cuánto quisiera que los viejos de piel curtida sigan trenzando sus sogas en los postes (cabalgando la traya, como ellos dicen) y que los niños sigan correteando bajo el sol y mariscando en las peñas. Cómo quisiera que las olas nunca se acaben para los surfistas y que las mujeres sigan llevando el almuerzo a sus esposos que trabajan en el embarque o la estiba. Cómo quisiera que el progreso no se mueva dentro de los bolsillos empresariales o se cocine en los calderos de las fábricas, sino que se refleje en el rostro feliz de los niños, en las calles, en los corazones y en las almas de los malabriguenses.
Cómo quisiera que el pescado se siga friendo en las sartenes del puerto y que no se congele en las cámaras frigoríficas y viajeras. Ya no quiero aguas movidas ni malos olores, quiero que se siembre un árbol y que el pueblo lo cuide y lo vea brotar y florecer. Bajo su sombra, y como canta Facundo Cabral en una de sus coplas: “no se sientan por vencidos ni aún vencidos. Está la puerta abierta, la vida está esperando… Está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños, para espantar al miedo que nos empobreció”.
Y que no se acabe este cebiche…

lunes, setiembre 01, 2008

Chaska: teatro de lujo en Perú


CUSCO. Chaska sabe que debe morir para salvar a su pueblo, pero ahora se maquilla. Falta poco más de 90 minutos para su sacrificio en la montaña más alta de su tierra. Chaska sabe que debe morir para salvar a su pueblo y ahora está sentada frente de un espejo, en el camerino principal del Teatro Garcilaso Kusikay del Cusco. Se mira con detenimiento, orgullosa de ser la elegida. Su peinado es perfecto, así como el color que maquilla sus ojos, ni tan encendido como para una fiesta ni tan oscuro como para un velorio. Chaska sabe que debe morir y lo ha aceptado con valentía, tal como lo hizo ‘Juanita’ en el Ampato arequipeño. En la época de nuestros antepasados las jovencitas más lindas del imperio eran seleccionadas para tareas de este tipo y ellas, llegado el momento, escalaban hasta la cima del Apu con orgullo -–aunque también con cierto temor– para ofrendar su vida a los dioses y ahuyentar plagas, desgracias y maldiciones.
Chaska ahora luce ataviada con un traje colorido y adornado con motivos andinos. Está algo nerviosa, como siempre ocurre durante los minutos previos a la función, pero sabe que al salir al escenario se olvidará de todo. El público, que ya espera en las butacas, no puede notarlo. La mayoría la integra turistas de Europa y Estados Unidos. Son las 7.30 de la noche y todos están listos. El viejo guía que la llevará a la montaña, el escurridizo e impertinente Ukuku, los dioses, los guerreros y los pobladores. La función debe empezar.

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Chaska, una historia andina. Así fue bautizado este espectáculo montado en Cusco que cada vez atrae a más turistas y pobladores locales. La puesta en escena, que dura una hora y 10 minutos, fusiona de manera perfecta la danza contemporánea, la acrobacia, la interpretación, el canto, la lucha escénica y los efectos audiovisuales. Sin lugar a dudas, se trata de un montaje de lujo inspirado en las costumbres y tradiciones del Perú antiguo, de nuestros Mochicas, de los Incas, de los indios, de aquellos hombres que cimentaron este país con el sudor de su frente y la sangre de sus manos. Un espectáculo que nada que tiene que envidiarle al Circo del Sol o a los montajes más costosos de Broadway. Sí, y como suena, hecho en el Perú.
Chaska es el nombre de una bella joven que vive en el pueblo de Kusillaqta, el cual cae en desgracia desde que el Pájaro Chihuaco no desciende a su nido y, en vez de la luz del progreso, origina una tormenta oscura y devastadora. En entonces cuando la muchacha es elegida para ser sacrificada en la montaña y así apaciguar la furia de los dioses.
Chaska es guiada por el viejo sabio del pueblo hacia la cima del Apu, durante un tiempo suficiente para que ella entienda el transitar cronológico de la historia peruana, desde la creación del mundo por el Dios Kon, pasando por los guerreros Moche y Chancas hasta los valerosos Incas que extendieron el mundo más allá del horizonte. Claro, hasta que fueron conquistados por los españoles.
Son nueve las escenas que el público observa con asombro por la calidad de los actores y por el juego de imágenes, luces, vestimenta y sonidos. No es extraño que aparezca un personaje volando sobre las butacas o un guerrero corriendo por los pasillos. Tampoco, que el viejo ascienda a una montaña de cuerdas o maderos con Chaska, o que aparezca en el escenario una huaca Moche con la Dama de Cao o el Señor de Sipán, dirigiendo una ofrenda de sangre humana a la tierra. No es extraño que los Incas luchen contra los Chancas o que el pueblo baile y cante exhibiendo una parafernalia andina de luces y colores. Una gran historia, una gran obra, un gran espectáculo.

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La obra es tan espectacular que, para montarla, tuvieron que construir un teatro nuevo. La trujillana Malli Aguilar, productora de Chaska, relata que los inversionistas de esta empresa compraron el viejo cine Garcilaso de la calle Unión del Cusco (ubicado muy cerca del Mercado Central) y prácticamente lo volvieron a construir. Fue necesario ampliar la sala e instalar 574 butacas, así como acondicionar los trapecios, construir los camerinos, las oficinas, la recepción. “Es un teatro de lujo, que ahora lo estamos ampliando para recibir a mil personas”, advierte Aguilar con mucho acierto.
Luego de tener el recinto listo, y cuando corría el mes de junio del año 2007, se realizó un casting en Cusco para encontrar a los casi 50 actores que participan de esta obra, dirigida por Eduardo San Román. Se presentaron 200 aspirantes, de los cuales quedaron 40.
“El 90 por ciento de los actores son cusqueños, el resto de Lima y Trujillo. Ellos tienen entre 10 y 57 años”, añade la productora.
Los seleccionados ensayaron mañana, tarde y noche durante medio año, hasta que llegó diciembre y se ofreció la primera función, con expectativa y nervios de por medio. “Aquel día no hubo mucha gente, pero con el correr de los meses la obra se ha hecho más conocida y ahora tenemos unos 100 asistentes por día. La mayoría, turistas”, señala.
Una de las barreras que debió sortear la organización de Chaska fue la apatía de los cusqueños, quienes antes de apreciar la obra pensaban que se trataba de ‘más de lo mismo’, es decir, danzas folclóricas o música andina. Fue difícil que los cusqueños se convenzan de que el dinero que pagaban en la entrada los iba a conducir a un mundo distinto.
“Nuestro público principal es extranjero. Escogimos esta ciudad por su historia y porque aquí viene gente de todo el mundo. Sin embargo, los días viernes los dedicamos a los cusqueños y les ofrecemos un precio especial, mucho más cómodo. Eso ha ido modificando la percepción de la gente con respecto a la calidad de nuestro espectáculo”, indica José Luis Cassinelli, directivo de Kusikay, la empresa teatral responsable.
El éxito llega dando pasos lentos y seguros, y con paciencia. Así lo han entendido en Kusikay. Es por ello que el espectáculo de Chaska aparece ahora en la revista de la aerolínea Lan y ha sido difundido en una feria desarrollada en Alemania. Además, todos los operadores turísticos con sede en Cusco lo recomiendan como un punto imperdible. La idea a posicionar es bastante clara: ‘No asistir a Chaska es como venir a Cusco y no conocer Machu Picchu’.
“Tenemos la propuesta de presentar parte de nuestro espectáculo en Lima, durante el Foro Apec y lo estamos coordinando. Esta obra debe seguir creciendo, por nuestro bien y sobre todo del teatro peruano”, puntualiza Cassinelli.

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Chaska se llama Claudia Mori Coronado y tiene 25 años; es cusqueña pero estudió Arte Dramático en Lima, ciudad que –según sus planes– iba a ser el puente para su futuro como actriz en Perú o el extranjero. Pero un día la llamaron de Cusco para un casting y, sin pensarlo, se convirtió en la antípoda del aquel adagio que reza que ‘nadie es profeta en su tierra’.
“Vine por un par de semanas y ya estoy más de un año en mi Cusco. Me siento muy orgullosa de participar en un espectáculo de alto nivel que el mundo ya está conociendo y valorando”, expresa la guapa actriz y protagonista de este montaje que –así como ella– demuestra que en Perú sí se puede desarrollar proyectos artísticos ambiciosos. Profetas en nuestra tierra. Hay que serlo.


MÁS INFO:

El equipo.

Rocío Tovar (dirección de actores), Eduardo San Román (director general), Vania Masías (responsable de coreografía y danzas), Alfonso Casabonne (responsable de multimedia y vídeo), y Luis Quequezana (responsable de música).
Contacto.
La obra se presenta de martes a sábado a las 7.30 de la noche en el Teatro Garcilaso de Cusco, ubicado en la calle Unión 117. La página web de la obra es: www.kusikay.com
Entradas.
El costo promedio por entrada asciende a 20 dólares (unos 57 soles). Los Viernes Cusqueños se ofrece un descuento considerable a los ciudadanos locales.
Dura un año.
Chaska se presentará hasta diciembre en Cusco. Luego se parará unas semanas para afinar el segundo montaje anual, que aún es una sorpresa.

martes, febrero 19, 2008

¿Por qué nos temen los argentinos?

CASO UNO, EL GENERAL DESNUDO
Un gendarme argentino revisaba las pertenencias de una vieja boliviana de polleras detrás de un pupitre de madera carcomida por las polillas. Junto a éste, otro uniformado interrogaba a Laura, mi compañera de viajes. Atrás había quedado el pueblo fronterizo de La Quiaca, en el norte del país gaucho y nos dirigíamos hacia la ciudad de Salta. El bus permanecía estacionado en las afueras del control aduanero y dos filas de viajeros, divididas por sexo, esperaban su turno ante los ‘guardianes’ de esta patria sureña. Desde mi posición no alcanzaba a escuchar lo que el militar le preguntaba a mi compañera de viajes, pero ella pasó sin problemas la revisión minuciosa de su equipaje. “El siguiente”, dijo el militar que ya había terminado con la anciana del Altiplano y yo di algunos pasos hacia él. Confieso que este tipo de controles en las fronteras siempre me han parecido denigrantes. Además, usualmente los tipos que los efectúan, son unos energúmenos que se creen investidos por el poder superior de su uniforme. Esta vez, no fue la excepción.
Considerando mi prejuiciado malestar, lancé mi enorme mochila de viajero en la enclenque mesa del gaucho, como una sana expresión de rebeldía. “¿Y éste?”, dijo el gendarme en voz baja. “Es peruano”, le comentó el otro, justo el que había interrogado a Laura.
–¿Hacía dónde vas?, me preguntó.
–A Río, respondí, obviamente refiriéndome a la ex capital brasileña, mi destino final. Argentina, en realidad, era sólo un lugar de paso obligado para llegar a las playas cariocas.
–¿A cuál río... al de acá atrás o al que está más adelante?, ironizó el gendarme. Qué bruto es éste, pensé yo. Para ser sincero, por primera vez visito Argentina y no imaginaba que en la propia puerta de este país iba a ser testigo y parte de esa antipatía injustificada, irracional y propia de sujetos de mente reducida contra los peruanos.
El militar sonreía con su compañero. ¡Qué osado! Mientras tanto yo pensaba en las palabras del (precisamente argentino) Facundo Cabral: “habría que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera; ¿qué es un general desnudo?”. Me reía para adentro.
–A Rio de Janeiro.
Los ojos del gendarme no transmitían autoridad. Por el contrario, irradiaban miedo. Al menos eso sentí yo. Claro, es un peruano. Seguro se quedará de ilegal, seguro forma parte de una banda de narcotraficantes, seguro que es una plaga, seguro, seguro, seguro... Yo, me reía para adentro.
Debemos confesar que en las afueras los incultos nos prejuzgan. Y ese gendarme (que tal vez algún día será general), llevaba en su mente bien grabadas las instrucciones de revisar muy bien a los peruanos y si es posible, atraparlos antes de que cometan alguna fechoría. ¿Acaso este tipo no sabe que esta tierra fue parte del Virreinato del Perú hasta 1776?, pensaba yo. ¿Acaso no sabe que vengo de un país grandioso culturalmente? Pero bueno, ¿qué es un general desnudo?
En realidad el militar, al ver mis documentos (confieso que presenté mi carné de periodista), ni siquiera abrió mi mochila. Me miró con desconfianza y movió las manos hacia el bus. “Vaya, nomás”, me dijo. Yo, por primera vez, me reí para afuera. Debo confesar que me burlé.

EN LA CASA DE CAMBIOS
Salta es una ciudad pujante, hermosa y en incesante desarrollo, ubicada a poco más de 1.110 metros de altitud en el norte argentino. Desde su teleférico se puede apreciar sus modernos barrios, su centro histórico cuidadosamente resguardado, sus urbanizaciones laterales y toda la vegetación de las afueras. Es un lugar pacífico, ordenado y moderno.
Eran las 11 de la mañana cuando me topé en una casa de cambios de dólares con otro argentino. Era un señor de barba, de mi estatura (1,71 m.), blanco y de traje. El negocio de intercambio monetario era de lujo, en plena plaza principal de Salta, pero los responsables de la atención demoraban demasiado.
El hombre, que esperaba en la fila delante de mí, me comentó algo sobre la demora y entablamos una breve conversación sobre el clima, la hermosura de Salta y las ansias que ambos sentíamos por pasear en el teleférico.
–Yo soy de Buenos Aires, ¿y tú?, me preguntó.
–Soy de Trujillo, del Perú, le respondí con todo el amor que puedo sentir por mi patria, por la tierra que me vio nacer, por el terruño de mis ancestros.
–Ahhh... ¡¡peruanoooo!!, dijo el barbudo bonaerense con la misma expresión del general desnudo. “Tengo muchos amigos en Cusco”, dijo. Y también fue lo último que dijo. Yo, nuevamente, sentí que ese señor me tenía miedo. Pero, ¿por qué algunos argentinos le temen a los peruanos? Es cierto que muchos compatriotas sólo han viajado al país gaucho a hacer problemas y por ello han motivado en los argentinos un rechazo y un temor por nosotros. Pero bueno, gente mala y gente buena hay en todos lados. Y, para ser francos, hay más peruanos buenos que malos en el mundo.

EN EL HOTEL
Por fin quedaron atrás el general desnudo y el barbón capitalino. Me he hospedado en un hostal de viajeros que más parece una casa de cartón y madera. Muy acogedor. La cocina está disponible para prepararnos lo que queramos en cualquier momento y todos, gringos, chinos, europeos, americanos y cholos –aunque no hablemos el mismo idioma– allí somos como hermanos.
Una tarde se me antojó un café y fui con Laura a la cocina. Además, queríamos guardar en la refrigeradora un helado que habíamos comprado para luego. Allí había una mujer con delantal preparando una sopa, con quien entablamos una amena conversación sobre la comida de este país, los lugares turísticos de Salta y otros temas.
–¿De dónde venís vosotros?, nos preguntó la mujer.
–Del norte de Perú, de Trujillo, respondió Laura y por tercera vez (¿ya no es casualidad di?) vi unos ojos que se abrían sorprendidos, temerosos, inseguros. Ohhhh no, ¡¡peruanos!! Acostumbrado ya a esto, le pregunté a la mujer el porqué de su asombro. La metí en un aprieto. Pues es que hay mucho peruano por aquí, dijo tratando de ser cortés. Yo le dije que, en vista de que muchos peruanos han migrado a Argentina para dedicarse a actividades poco lícitas, era comprensible su temor. Ella sonrió y asintió. Pero también le dije que no todos somos malos, que los peruanos vivimos en una tierra gloriosa, que en las afueras son víctimas de prejuicios, y que sólo cuando nos conocen se dan cuenta de que no somos unos monstruos. Allí está el Joseph, el músico irlandés amante del cebiche y de la marinera norteña que conocimos en Bolivia luego de que le hayan robado su trompeta y sus documentos. Se quedó sin dinero. Lo ayudamos a cruzar la frontera argentina y le invitamos el desayuno (luego siguió su viaje ‘tirando dedo’). Allí está el taxista boliviano que nos ayudó a encontrar un hotel en La Paz y que amaba al Perú, allí está...
Todos consideraban al Perú como una gran nación, como un país hermoso y con gente amigable. Y pues, esa es la misión de los peruanos que vamos al extranjero. Llevar en nuestras manos la representación de nuestra patria, difundirla, hacerla cada vez más grande. Es una tarea de hormigas, pero si cada uno de nosotros convencemos a sólo un extranjero de que el Perú es mejor de lo que piensan, con el tiempo nuestro país será mejor. Yo espero haber convencido a la mujer de la cocina. Aunque, por seguridad y para ser francos, mejor regreso ahora a la cocina a llevarme mi helado. ¿No le habrá puesto veneno..? Es broma.

domingo, enero 13, 2008

Perú, desde las afueras
¿Qué hay de peruano en Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay? Una rápida visión de lo nuestro en el extranjero.

La combi se adentraba en la oscuridad boliviana y los giros de sus neumáticos me alejaban cada vez más de mi patria. Puno, Los Uros y Desaguadero iban quedando atrás y aquella noche nublada exhibía en el horizonte las luces lejanas de algún pueblo del Altiplano. Laura, mi compañera de viajes, compartía el asiento con una mujer que escondía su cuerpo tras polleras y un gorro aymara. La aventura por cuatro países sudamericanos recién comenzaba y mi alma no podía contener las múltiples sensaciones por lo que iba a vivir en aquellas naciones (Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay), pero también por estar dejando atrás a la mía. Era una mixtura de incertidumbre, ansiedad, emoción pero también nostalgia por salir de mi país y dejarlo abandonado durante cuatro semanas.
Fue la radio de la combi la que me hizo comprender que no estaba yendo muy lejos y que era posible –de cierta forma– sentirme dentro del Perú en el extranjero. El conjunto boliviano La Caribeña, a través de la estación 94.9 FM, interpretaba el tema Motor y Motivo del Grupo 5 de Monsefú. Te regalo mi vida, mi cariño sincero, mi alma, mis sueños y todo lo que quiero. La cumbia peruana no es mi música preferida, pero en aquel instante ese tema sonó tan bien que me hizo sentir orgulloso. Fue la primera manifestación peruana en las afueras.

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La zona occidental de Bolivia se asemeja demasiado a la sierra peruana. Al fin y al cabo, esta nación algún día formó parte de la nuestra. Tal vez por ello, no es raro encontrar allí las mismas chatarras motorizadas (también llamadas micros) que circulan en nuestro país, incluyendo Trujillo. Góndolas destartaladas y combis asesinas esquivan a las personas en las calles céntricas de La Paz y todo ese desorden, de alguna manera, te hace sentir en el Perú. Sin motivo de orgullo de por medio, claro.
Lo que sí te llena de orgullo en este país es encontrar tantas oficinas del Banco de Crédito del Perú (BCP). Sin lugar a dudas, éste debe ser el banco con la mayor cantidad de agencias en Bolivia. Al BCP lo encuentras hasta en la sopa. Pero no sólo esta empresa peruana triunfa en el país del Altiplano. La cadena de zapaterías Bata es otra. Hay Bata en La Paz, en Cochabamba, en Santa Cruz de la Sierra, en Potosí… ¡en todo lado! Y precisamente en Potosí, una ciudad que conserva un centro histórico hermoso y que algún día fue uno de los más importantes polos urbanos de América (gracias a sus minas de plata), encontré sin querer otra manifestación del Perú: un chifa, o algo que se hacía llamar así.
La comida boliviana no es reconocida por su sabor, pero aquel chifa –ubicado muy cerca de la plaza de Simón Bolívar– era realmente una mala imitación de lo nuestro. ¡No se puede comer chifa con mayonesa y ketchup! En fin, el viaje debe continuar.
Ahora estamos en Cochabamba, también en Bolivia, una ciudad más moderna y ordenada que, a más de 2.500 metros de altitud, crece amparada bajo los brazos de un Cristo seis metros más grande que el de Rio de Janeiro. Impresionante pero desconocido. Esta ciudad posee edificios modernos y uno de sus centros comerciales más conocido se encuentra dentro de las llamadas Torres Soffer. Allí hay librerías, tiendas de ropa y zapatos (también está Bata), patios de comida y todo lo que posee un centro moderno. En el principal escaparate de la librería de este lugar resaltaban dos novelas: Travesuras de la niña mala, publicada por Mario Vargas Llosa el 2006; y En el reino del espanto, de su hijo, Álvaro Vargas Llosa. Ambos peruanos (aunque también españoles), orgullo de nuestro país.
Antes de partir de Cochabamba y también de Bolivia decidimos ver una película en el Cine Center, el más grande del país. Escogimos una estadounidense, pero en la cartelera figuraba la chilena El rey de los huevones, donde actúa la peruana Angie Jibaja. Para otra vez será.

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Ahora estamos en Salta, Argentina, linda ciudad enclavada en una zona tropical y boscosa. El hostal donde nos alojamos, llamado Backpackers y situado en la calle Junín (el Perú, otra vez), es una acogedora casa donde descansan viajeros del mundo entero. La habitación es confortable, tiene agua caliente, TV con cable y fríobar. Pero para mí, que ando buscando manifestaciones peruanas, lo que más resalta son dos cuadros con motivos Paracas. ¡Son las Líneas de Nazca! Algo similar ocurrió en una agencia de viajes céntrica de esta ciudad. Allí encontré un afiche inmenso con la fotografía de Machu Picchu. “Escogé tu destino”, decía. Por lo visto, en estas tierras del norte argentino, el Perú y el mundo inca son destinos muy apreciados.
Pero fue en el teleférico de Salta donde me sentí más peruano que nunca. Antes de que una voz grabada dé la bienvenida, la melodía nacional El Cóndor Pasa, del huanuqueño Daniel Alomía Robles (†) envolvió a la furgoneta en un ambiente muy andino, muy nuestro.
En realidad no encontré muchas otras manifestaciones peruanas durante mi breve recorrido por Argentina, que sólo fue un paso hacia Brasil, el destino principal de la aventura.

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Atrás quedaron las impresionantes Cataratas del Iguazú. El bus acaba de cruzar la frontera y ya circulamos en territorio brasileño. Minutos previos vimos en el control migratorio argentino a un señor de unos 50 años con un pasaporte peruano, pero lo perdimos en medio del alboroto. ¡Se nos escapó! Ya es casi hora de almuerzo y el bus se ha detenido en un restaurante ubicado a un costado del camino, entre interminables sembríos de caña de azúcar.
Confieso que soy casi nulo en portugués. Los primeros días en Brasil tuve que comunicarme con señas, porque cuando los cariocas hablan rápido, no se les entiende ni papas. Y precisamente fueron papas embolsadas las que me causaron una divertida confusión. En la bolsa, decía que las papas estaban fabricadas con “Peito de Peru”. ¡Perú!, exclamé, y de inmediato compré un paquete. Estaban sabrosas. Claro, pensaba yo, es que están fabricadas con algún ingrediente peruano. Lo mismo pensé cuando subimos al Corcovado para conocer el Cristo Redentor. En el cafetín de este lugar, lo más caro de todo era una porción de “Peito de Peru”. Y la diferencia era abismal: 20,50 reales por una de esas cosas ‘peruanas’ contra 3,50 que costaba un pan con hot dog.
En aquel momento yo llevaba puesta una camiseta con la inscripción “Te amo Perú”. Y al vendedor del restaurante le pregunté si ese “Peito de Peru” tenía algo que ver con mi país. Señalé el cartel de la comida y luego mi polo. Él me vio sorprendido, extrañado, contrariado, y me dijo “¡Se!” (¡sí!). Yo me sentí muy feliz, pero no compré aquel “Peito de Peru” porque estaba muy caro. En realidad pensaba que se trataba de alguna carne de pollo importada de nuestro país. Sabía que el pollo peruano era famoso, ¿pero no tanto, no?
Bueno, al día siguiente cuando ya había salido de mi hotel (llamado El Misti, en recuerdo del volcán arequipeño) y caminaba por calles céntricas de Rio, encontré en un quiosco un folleto titulado “Peito de Peru”. Al verlo me extrañé y no me contuve. Le pregunté al vendedor, ¿qué es Peito de Perú?, ¿es como Bolivia, Chile, Perú..? El sujeto sonrió y dijo que no. “Peru é um ave, um ave média”, me dijo. Se refería a que Peru en Brasil es un ave de regular tamaño. Yo me caía para atrás. “Peito de Peru”, en portugués, significa nada más y nada menos que “pecho de pavo”. ¡Qué pavo! Me reí y continué mi camino.

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Atrás quedó el colegio Santa Rosa de Lima, ubicado en el barrio de Copacabana de Rio de Janeiro. También las calles llamadas Callao y Perú de la ciudad argentina de Jujuy. Atrás quedó la inscripción ¡Viva el Perú! en la puerta del baño de hombres de la terminal de buses de Corrientes. Atrás quedó un spot promocional del Perú que Promperú difunde en el canal internacional de cable Much Music. Atrás quedó el joven argentino que en las Cataratas del Iguazú nos preguntó por la avenida trujillana Prolongación Santa. Lo miramos extrañado y él dijo que su amigo César Cueva vive allí. Qué pequeño es el mundo. Atrás quedaron Diego Bertie y Christian Meier en telenovelas que ve toda América. Atrás quedó Gian Marco cantando en HTV Al otro lado de la luna, así como un gringo en Ciudad del Este (Paraguay) con un polo que promocionaba al Río Amazonas y a la selva peruana.
También es parte de nuestra memoria la Farmacia Perú de Ciudad del Este y el humillante comentario de un periodista paraguayo por la Selección Peruana de Fútbol. “Sin lugar a dudas, su participación en las eliminatorias ha decepcionado a todos…”, dijo en un canal televisivo de ese país.
Atrás han quedado cientos y miles de peruanos que viven en el extranjero y que no llegué a conocer, así como igual cantidad de manifestaciones de nuestro país en el extranjero que tampoco logré percibir. Ahora estoy en la capital paraguaya, La Asunción, cerca de la caótica avenida Perú. Camino con dirección al centro de la ciudad y encuentro una tienda de alquiler de películas. Me parece que era algo como Televideo. Observo bien el lugar, buscando algo peruano, y me sorprendo al ver en la puerta un tremendo afiche del filme animado nacional Dragones, destino de fuego. En aquel momento, comprendo que nuestro país es como el nombre de esa película. Sin dudas, ¡un destino de fuego!

martes, enero 08, 2008

Que Evo no hunda más a Bolivia

Días atrás tuve la suerte de visitar por lo menos cinco ciudades bolivianas, incluyendo La Paz. En mi plan de ruta primigenio estaba incluida Santa Cruz de la Sierra, pero un bloqueo en la carretera obligó a desviarme hacia Potosí y luego entrar al norte argentino. A pesar de esto, durante la semana que permanecí en este país del Altiplano tuve contacto con aquel mundo andino, descendiente Aymará e Inca que el cocalero y presidente boliviano, Evo Morales, pretende ‘reivindicar’ con un controvertido proyecto de refundación nacional.
Entre los planes del mandatario figura la promulgación de una nueva Constitución Política, que elimine a los terratenientes (o, como él dice, el latifundio) para distribuir las riquezas de los actuales adinerados entre los pobres (los económicamente menos favorecidos, como dicen los especialistas). Y en Bolivia estas personas son aquellos hombres de poncho y llanques y esas mujeres de polleras que ven a Evo como su salvador, como el hombre que les arrancará del alma las penas acumuladas durante siglos de opresión y derrotas.
Yo creo que lo único que Evo Morales está logrando es hundir más al país más pobre de Sudamérica, a ese país que no sabe aprovechar sus envidiables recursos naturales, a ese país donde el crecimiento del PIB no llega al 4 por ciento anual y, por último, a ese país donde aún se respiran aires belicistas que planean recuperar algún día los mares perdidos (los marinos bolivianos llevan en el hombro la bandera del mar cautivo –ojo, no perdido– ése que pertenece a Chile).
Evo Morales, para empezar, ha fracturado a Bolivia. Si antes de su mandato las provincias orientales de Santa Cruz de la Sierra, Tarija, Beni y Pando se consideraban un mundo aparte (tal vez integrantes de otra nación ajena a los ‘indios’ de La Paz), en la actualidad estas poblaciones se han rebelado al gobierno central con la redacción de estatutos de autonomía. Es decir, estas localidades (cuatro de las nueve regiones del país) ya no quieren saber nada de Evo Morales, de indígenas o de refundaciones nacionales.
Claro que, de por medio, figuran multimillonarios intereses. Basta mencionar que entre Santa Cruz de la Sierra, Tarija, Beni y Pando se genera casi la mitad del PBI nacional y que estas cuatro regiones son las mayores productoras de gas y derivados agrícolas y ganaderos del país (añadiéndole el potencial turístico que poseen).
Evo Morales, dentro de su concepción demagógica y populista, pretende ‘atacar’ a las localidades bolivianas que más han crecido en los últimos años para entregarle parte de sus riquezas a los pobres de la zona andina. ¿Acaso Evo no ha leído la historia del Perú posvelasquista? Los resultados son conocidos. Los campesinos no estuvieron preparados para gerenciar sus flamantes fábricas o fundos y, al final, el cooperativismo se transformó en una olla de grillos ladrones e individualistas que sólo pensaban en qué más sacarle a viejas haciendas o a los ingenios en vez de cómo contribuir para mejorar. La muestra del fracaso es que ahora ya casi todo ha regresado a manos privadas.
En estas condiciones, ¿qué empresa boliviana o extranjera se arriesgará a invertir en este país? Si el gobierno de un país no crea las condiciones de estabilidad política y económica, simplemente nadie invertirá allí. Y en una ciudad o un país donde no hay inversión, no hay trabajo. El mundo se paraliza, el atraso se enraíza y, para colmo de males, problemas sociales como la delincuencia, la drogadicción o el pandillaje pernicioso se multiplican.
Veamos al Trujillo de hace cinco años, sin los actuales malls, fábricas y construcciones. ¿Acaso los jóvenes tenían tantas oportunidades de trabajo como ahora? Nuestra ciudad, en su mayoría gracias a la inversión privada, es la que más crece del Perú y va camino a la modernización.
Pero con una Bolivia fracturada no sólo se avecina más pobreza y atraso, sino también un enfrentamiento entre regiones que, posiblemente, podría desencadenarse en violentas y lamentables luchas entre razas y clases sociales.
Lo que el mundo indígena necesita en Bolivia para ser reivindicado –si cabe el término de Evo– es, en primer lugar, mejorar su educación. Una educación orientada hacia la producción de cada región, que genere trabajadores preparados para el mundo moderno. Pero la educación en Bolivia va más allá. Es lamentable visitar la zona occidental de este país y toparse con una verdadera incultura generalizada. Desde una extraña y temerosa forma de hablar y mirar de los descendientes indígenas (que escasas veces dan razón acertada ante alguna pregunta de un foráneo), pasando por una precaria forma de convivencia basada en la informalidad extrema (ambulantes venden de todo a escasos metros de la Catedral de La Paz y del propio Palacio de Morales), hasta llegar a la suciedad, el desorden y el pésimo servicio que ofrecen al turismo (buses pestilentes y con insectos no son difíciles de encontrar).
La reivindicación del mundo indígena boliviano (clase racial que el propio Evo ha resucitado) no va por la fractura o divisionismo del país. Esto sólo se logrará cuando el gobierno promueva la educación, el trabajo, la salud y la mejora en las condiciones de vida. Pero, como van las cosas, don Evo Morales y sus ideas narco-cocaleras –escudado tras las pretensiones de un Hugo Chávez enemigo de la democracia– están descalabrando a este país milenario, con enorme potencial social y económico, que ahora duerme en la ignorancia y los intereses de sus mandatarios. Y en Perú, que reflexionen los humalistas.
Viaje a la isla de Malabrigo
Lobos marinos, aves guaneras y hasta pingüinos se pueden apreciar en la Isla Macabí, situada a poco más de una hora de navegación, frente de las costas de Malabrigo. El potencial se ‘desborda’ por sus acantilados, pero no se aprovecha.

El motor ruge fuera de borda y el bote navega en aguas fantasmales, perdiéndose entre la bruma de un frío amanecer dominical. Puerto Malabrigo va quedando a la distancia, prisionero de sueños inconclusos y de un letargo masivo, con sus acantilados lastimeros, su centenario muelle erguido a duras penas y su hélice oxidada y detenida. Los peñascos de La Punta, rompeolas naturales, desvían la furia marina y nuestro bote se adentra sin complicaciones en los mares malabriguenses que esconden en sus fondos mil y un historias perdidas en el tiempo. Un sol avergonzado cedió su lugar al frío de alta mar.
Abordar el bote que nos conduciría a la Isla de Macabí fue una verdadera proeza para los seis miembros de la expedición. Prácticamente, nos lanzamos desde el muelle hasta el casco de una embarcación sujetada con amarras y no del todo detenida. Atrás quedó la hora y media de viaje por tierra desde Trujillo, atrás quedó el desierto y el Valle Chicama, con sus pueblos milenarios y embrujados, sus sembríos de caña de azúcar, su gente de piel curtida por un sol inclemente y parajes solitarios en el horizonte. Atrás quedó Malabrigo con su entrada paupérrima, invadida por almacenes de harina de pescado, sus calles nostálgicas, sus casonas de Pino de Oregon construidas por alemanes y derruidas por peruanos. Atrás quedaron fábricas harineras que contaminan las aguas y sus fétidas emanaciones. Atrás quedaron locomotoras carcomidas por el óxido, la desidia y la tristeza. Atrás quedó un Malabrigo detenido y atrasado, pero –no obstante– con un potencial turístico envidiable que se desaprovecha. Cuatro pelícanos vuelan en fila hacia la isla.

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Adolfo Asmat Chirinos-Zavala es un pintor nacido en Malabrigo pero radicado hace más de 15 años en Madrid. Su obra, exhibida en reconocidas salas europeas, transmite la nostalgia y las soledades de una infancia en su puerto querido, hoy sumido en el atraso. El artista, de chaqueta negra y mirada analítica, cruza sus manos con violencia entre su cabellera, como despertando de algún sueño, y luego mira a su esposa, María del Socorro Morac, guadalupana, artista, madre. Cerca de ellos está Tito Cumplido, alcalde de Malabrigo, con zapatillas blancas de lona, jeans, casaca azul y su inclemente bigotito entrecano que mueve al hablar. El alcalde conversa con Enrique Salcedo, representante de Aprochicama –asociación que vela por los intereses de las fábricas harineras– pero el ruido del motor es más fuerte que sus palabras.
El patrón de lancha, atento desde la popa, dirige con señas a un motorista aburrido que sostiene el timón firme hacia la isla que aún no se deja ver. La neblina sigue densa y bandadas de guanays y pelícanos vuelan en hileras mar adentro. Las aguas lucen cristalinas, o tal vez aceitosas. Dulces de limón se convierten en panacea contra los mareos.

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Cuenta la historia (los viejos malabriguenses aún la conocen) que allá por 1830 una embarcación –que había zarpado de Colombia– encalló en la Isla de Macabí, luego de entrar en el callejón natural que divide en dos a este accidente geográfico. Los tripulantes, en medio de una tormenta y faltando escasos minutos para la medianoche, nadaron hacia la costa pero les ganó el cansancio. Seis horas transcurrieron hasta que el cielo empezó a irradiar las primeras luces, cuando pescadores del actual Malabrigo, lugar que en aquel entonces era conocido como Caleta Mamape, rescataron en sus caballitos de totora a los náufragos que flotaban y los condujeron hasta la Playa La Punta.
Entre ellos se encontraba un capitán español de apellido Malabrigo, quien no sólo se enamoró de las playas y del pueblo, sino también de una mujer que vendía chicha de jora en un humilde rancho que luego se transformó en el Restaurante Malabrigo. El negocio fue un éxito. Llegaban comensales a caballo o burro desde pueblos lejanos del valle para beber la exquisita chicha y saborear los potajes elaborados tanto con recetas del antiquísimo Mamape como de Barcelona, tierra natal del marino Malabrigo. Tan conocido se hizo el lugar que los forasteros ya no decían: “vamos a Mamape”, sino “vamos a Malabrigo”.
Pues entonces, prácticamente Malabrigo le debe hasta su nombre a la isla de Macabí (que en realidad son dos, pero se encuentran muy juntas). Y, aunque en el tiempo de los Gildeméister pretendieron llamar al pueblo como Puerto Chicama, los lugareños se encargaron de conservar en sus corazones la tradición traída por aquel marino barcelonés que encalló en las legendarias Islas de Macabí.

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La isla aparece en el horizonte, como un hongo gigantesco, pero el vaivén de las aguas ocultan el bote e interrumpen la visión. El patrón de la lancha informa que nadie podrá descender porque las aguas están movidas y, además, porque el antiguo atracadero se destruyó años atrás con una marejada. Cada vez se observan más aves volando hacia el horizonte y el olor del guano prospera entre la brisa.
Por fin llegamos a Macabí. Efectivamente se trata de dos islas (Norte y Sur), unidas por un puente de madera y sogas. Ha transcurrido una hora y cuarto desde que partimos del muelle. Lobos marinos rugen ante los invasores. Demarcan su territorio. Son ellos los amos y señores de esta verdadera reserva de fauna marina. Miles de guanays, pelícanos y zarcillos observan con elegancia desde los peñascos, mientras que el bote circunda la isla. “Huele a cojinoba”, comenta el patrón de la lancha, experto en la pesca. Luego se lamenta por no haber llevado consigo equipos para ‘cordelear’.
Casi desapercibidos y confundidos entre los guanays, los pingüinos de Humboldt no esperaban nuestra llegada. Con su traje natural se esconden en una cueva. No son tan amistosos como los lobos marinos, que se zambullen en las aguas y se acercan a nuestro bote, sólo mostrando su hocico y lanzando rugidos.
En la isla hay una casa. Es de madera y está pintada de blanca y azul. Allí vive el guardián. El hombre que resguarda el guano de los barcos piratas. Sus compañeros son los animales. Con ellos habla, con ellos sueña, con ellos se alimenta. “Pobre ese ‘pata’, estará lleno de piojos, porque los guanays tienen unos piojos malditos”, comenta el capitán de nuestro barco, lanzando una mirada de congoja hacia el guardián que saluda con las manos desde la baranda de su morada. ¿Será el mismo sujeto que Proabonos abandonó cuatro meses en esta misma isla sin agua ni alimentos?
Al margen de ello, la majestuosidad de este paraje, comparable con las archipromocionadas Islas Ballestas de Paracas –aunque a menor escala– evidencia el potencial de Malabrigo para el ecoturismo, actividad que con el tiempo podría ser su punta de lanza para llegar al desarrollo. Adolfo está convencido de ello y siempre que puede lo expresa. “Hay 11 fábricas de harina de pescado, pero el pueblo está peor que cuando sólo había una. El desarrollo no va por el tema industrial, sino por el turismo”, comenta. Tito Cumplido acepta la propuesta y añade que alguna empresa privada debería invertir en Malabrigo, ofreciendo tours en yates o botes mejor equipados hacia las islas.
Hay mucho por hacer, en definitiva. Pero urge que este puerto histórico se enrumbe hacia el progreso, con la unión del gobierno, el pueblo y las empresas privadas. Sólo así, cuando el turismo rescate a Malabrigo de su parálisis, ya no habrá más invasiones ni chancherías en la entrada, ya no habrá más estudiantes que desertan en el colegio ni pescadores que se embriagan apenas pisan tierra. Ya no habrá fábricas que contaminen las aguas y exterminen las especies marinas. Pero, sobre todo, ya no habrá esa pobreza que salta a la vista apenas uno ingresa a este fantástico pero contradictorio puerto liberteño.

jueves, agosto 16, 2007

Aventuras en Bolivia, Chile y el sur peruano
Pier Barakat en Ruta Inka

ACLARACIÓN! Ésta es la nota que apareció en el diario La Industria de Trujillo, el mismo día que enrumbé hacia el punto de partida de la Ruta Inka 2007. Las 32 siguientes notas (que aparecen una tras otra, cada una con su respectiva imagen), fueron escritas durante la expedición. Espero que les gusten. (PIER).

Nuestro intrépido periodista Pier Barakat Chávez inició ayer el viaje hacia el punto de partida de la Ruta Inka 2007, “Tras las huellas de Manco Cápac”, expedición que recorrerá durante 41 días las principales ciudades de Bolivia, el norte chileno y el sur del Perú, siempre siguiendo el Camino Inca o Qhapaq Ñan.
Junto con más de 100 universitarios y periodistas de diferentes partes del mundo, Barakat atravesará ríos, lagos, valles, montañas y desiertos en busca de las huellas del fundador del Imperio Inca. Pero no sólo eso. Nuestro periodista tiene como misión enviar una crónica diaria y fotografías de los lugares que irá recorriendo con los demás expedicionarios, que serán publicadas en una página diaria a full color desde el próximo lunes 25 de junio en nuestra edición diaria.
La Ruta Inka, que este año emprende su cuarta edición, es una gira cultural ideada por el ex diplomático peruano Rubén La Torre, quien invirtió todos sus ahorros para hacer realidad este proyecto, que emula a la Ruta Quetzal que une América y Europa.
Aunque en ediciones pasadas se recorrió parte de Ecuador, ésta es la primera vez que los expedicionarios pisarán tierras en tres países hermanos: Bolivia, Chile y Perú, que se encuentran unidos por lazos históricos, sociales y culturales.
La Ruta Inka parte el 21 de junio de la ciudad boliviana de Tiwanaku, donde se participará de la fiesta del Willakakuti o retorno del Sol, que se celebra en el templo preinca de Kalasasaya. Se escogió este día por ser el más corto y frío del año.
Luego se recorrerá ciudades como Copacabana, La Paz, la comunidad aymará de Coroico, el Parque Nacional Sajama (Oruro) y el gran salar de Uyuni, considerado como el desierto de sal más grande del mundo.
Posteriormente, se ingresará por vía férrea a Chile, donde se visitará las ciudades de Calama, San Pedro de Atacama, Pozo al Monte, Putre y Arica. El 10 de julio, la expedición retornará al Perú para visitar las ciudades de Tacna, Ilo, Arequipa, Puno y Cusco, culminando en el santuario de Machu Picchu, al cual se llegará tras una larga travesía por el Camino Inca.
Barakat, como todo peruano orgulloso de su tierra, se mostró entusiasmado con la aventura e intentó olvidar la comprensible congoja que siente por apartarse tantas semanas de sus seres queridos. “Tendré la suerte de recorrer tres países que un día se enfrentaron, pero que a la vez guardan afinidades históricas y sociales, que trataré de plasmar en mis escritos”, declaró ayer nuestro reportero poco antes de partir a la capital.Cabe mencionar que ésta es la primera vez que el diario La Industria de Trujillo, Vicedecano de la Prensa Nacional, envía a uno de sus reporteros a una expedición de este tipo. Siempre, pensando en nuestros lectores.
Viaje al punto de partida de Ruta Inka 2007 y algunas extrañas señales
A escasas horas del comienzo
¿La suerte está de mi lado o se trata de una artimaña del mágico mundo andino?

La noche en Puno es menos gélida de lo que esperaba. Los reportes climatológicos que anunciaban temperaturas menores a cero grados en el sur del país me mantuvieron intimidado en Trujillo, desde antes de alistar mi mochila. Sin embargo, la suerte hoy corre de mi lado pues -sin exagerar- más frío sentí el día de mi partida en la ‘Capital de la Primavera’, que en este instante en que escribo estas líneas en una habitación solitaria de un hostal ubicado a escasos metros de la pintoresca Plaza de Armas de Puno. Y no es que el friaje sea mentira, sino que este fenómeno se siente con crudeza en las zonas más alejadas de esta provincia, las mismas que pronto visitaré.
Puno, según logré apreciar en mis primeras horas de estancia, posee una atmósfera tan mística como la cusqueña. Algunas de sus calles, empedradas y angostas, sumadas a una iluminación ambarina que resalta sus edificios más bellos (como la Catedral, por citar un ejemplo), le dan un toque casi mágico y misterioso que se camufla entre mujeres de polleras, hombres en llanques de miradas desconfiadas y también numerosos turistas de cabellos dorados.
Antes de llegar a Puno pisé Juliaca. El avión partió desde Lima a las 2:30 de la tarde y demoró dos horas y media en aterrizar en el aeropuerto ‘Inca Manco Cápac’, terminal aéreo donde precisamente se observa una gran efigie del fundador del Imperio de Los Incas, con el índice izquierdo apuntando al horizonte y la mano derecha empuñando una barreta de oro. Ésa fue la primera señal que se me presentó en lo que va del viaje, pues la Ruta Inka 2007 se denomina ‘Tras las Huellas de Manco Cápac’. ¿Acaso habré encontrado la primera huella? Quién sabe.
Del aeropuerto de Juliaca me dirigí a Puno en una combi, atravesando una sabana de ichu amarillento. El ocaso cargó los cielos de una tonalidad sanguinolenta, mientras que el conductor del vehículo esquivaba con pericia y suerte los rezagos de una protesta matutina (vidrios, piedras y maderas ‘adornaban’ el camino). Puno y Arequipa, precisamente hoy, bloquearon sus caminos para exigirle al gobierno la disminución en el precio de los combustibles y una nueva licitación de la carretera Interoceánica. “Tenemos suerte de poder pasar, porque temprano estaban rompiendo los vidrios de los carros”, comentó el chofer de la combi que me dejó en la ciudad de la Diablada, ‘Capital del Folclor Peruano’. ¿Una segunda señal?
Lo primero que haré mañana será abordar un bus hacia la ciudad boliviana de Tiwanaku, punto de partida de la Ruta Inka. Según pude averiguar, esta localidad se encuentra a unas tres horas de Puno, cruzando Desaguadero, a más de 3.800 metros de altitud. Será allí donde me reuniré con los demás aventureros que en este momento están viajando por tierra desde Lima, directamente hacia allá. El programa indica que en el templo preinca de Kalasasaya, ubicado en Tiwanaku, se realizará la fiesta del retorno del Sol, con ofrendas a la Pachamama. Dicen que mañana se vivirá el día más corto y frío del año en Bolivia, por ello, recapacito y pienso realmente que el abrigo de esta noche es sólo una tregua para los próximos 41 días de heladas que nos tocará vivir a los aventureros. ¿Acaso el Dios Inti se apiadará de nosotros y nos enviará su calor? ¿O tal vez se enfurecerá por pretender desentrañar los caminos de nuestros antepasados, siguiendo la huella de su hijo mayor?
Evo Morales ha prometido estar presente en la fiesta de Kalasasaya, y espero llegar a tiempo para arrancarle algunas palabras. Si no lo consigo, ya veré de qué escribo mañana. En este tipo de viajes, en los cuales uno se aventura en tierras inhóspitas, sólo queda rogar a Dios que nos proteja. En mi caso, que deberé enviar una crónica diaria, debo pedirle además al altísimo que me permita encontrar conexión a Internet todos los días. Es un reto. Pero no deja de ser un riesgo. Así es el periodismo, un oficio impredecible pero satisfactorio. Al menos así lo siento yo en esta noche de soledad, a incontables kilómetros de mi hogar, en esta sierra de congojas acumuladas durante muchos siglos.
Pues la sierra es triste y misteriosa. Lo plasmó Ventura García Calderón en sus cuentos, relatando historias de nexos ocultos entre el hombre andino y la naturaleza, de pactos con aves monstruosas que castigaban a los forasteros de malas intenciones y ríos que arrastraban con almas despiadadas. Si lo que García Calderón contaba es cierto, yo, desde este ordenador, le prometo a la naturaleza andina caminar con sigilo y buenos deseos, sólo buscando ese dato curioso que, a la distancia, espero satisfaga a los lectores. Una doble promesa es la mía… con el Ande y con Trujillo.

Por último, los 41 días, ¿o acaso 40?, de viaje
Si le descuento el último día a la Ruta Inka (31 de julio), fecha en que los expedicionarios sólo se despedirán y no habrá actividad alguna que cumplir, realmente esta aventura dura 40 días. Y 40 es un número con historia, lo cual nuevamente me hace sospechar de una señal. En la Biblia, el número 40 significa tiempo de preparación. Los ejemplos son numerosos: los 40 días del diluvio y los 40 días que estuvo Moisés en el Monte Sinaí son sólo dos. ¿Quieren más? Pues los hay. Los 40 años que pasó el pueblo de Israel en el desierto y los 40 días que Cristo permaneció apartado del mundo.
En términos religiosos, del número 40 se derivó la ‘Cuaresma’, tiempo que guarda relación con el calendario agrícola y la renovación de la tierra. Tiempo de sencillez y austeridad que permite compartir. Pensándolo bien, esta ruta sí tiene algo de divino. Somos más de 100 los jóvenes que decidimos enrumbarnos en ella y definitivamente la abstinencia, el ahorro y el compañerismo serán nuestras mejores armas para cumplirla con éxito. ¿Qué pasará cuando el alimento sea escaso y el frío cale nuestros huesos? Pensar en salvar el pellejo, como se dice, no es la respuesta correcta. En este viaje, estoy seguro que se estrecharán lazos de hermandad y ayuda mutua entre todos los participantes, sin importar procedencia, raza o edad. Que así sea.