lunes, agosto 31, 2009

CRÓNICA. Una historia que se rescata del olvido, a propósito de cumplirse 70 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial

José Barouh, el trujillano

que murió en el Holocausto

Periodista Hugo Coya Honores identifica a 22 peruanos que fueron víctimas del nazismo en Europa.

Catorce años antes de morir junto a su familia, el griego nacionalizado peruano Samuel Barouh caminaba por las calles céntricas de Trujillo. Corría el año de 1930 y esta ciudad norteña, que recién había celebrado su cuarto centenario de fundación, aún no se recuperaba por completo de las lluvias incesantes que rajaron los cielos y agrietaron la tierra los días 7, 8 y 9 de marzo de 1925. Fue un aluvión infernal que no sólo destruyó las iglesias, colapsó los servicios de sanidad, paralizó los ferrocarriles, congestionó los teléfonos y frenó los automóviles, sino que también revivió el fantasma de las avalanchas de las quebradas El León y San Carlos.

Samuel iba preocupado, pero feliz. Su esposa, la turca Rebeca Avayü, había alumbrado a un bebé a quien llamarían José. Era el tercero de sus hijos, pero el primer varón. Ambos salieron de su vivienda, ubicada en el jirón Gamarra, y caminaron hacia el Concejo de Trujillo, precisamente para registrar a su hijo. Cruzaron la Plaza de Armas, que lucía un flamante Monumento a La Libertad, inaugurado el 28 de julio de 1929 con motivo de los 108 años de la independencia nacional, e ingresaron a las oficinas ediles. Eran las 9 de la mañana del 5 de junio de 1930.

En el Trujillo de aquel entonces, las diferencias políticas se materializaban en pasquines de todo calibre. Por otro lado, el antichilenismo flotaba en la atmósfera mucho más fuerte desde el retorno de Tacna a Perú, mientras que el boom azucarero que vivía la ciudad sorteó con cierto éxito el aciago 24 de octubre de 1929, día que pasó a la historia como el ‘Jueves Negro’ por la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York. En las afueras del centro iban levantándose chalets y urbanizaciones residenciales, donde vivían los grandes terratenientes y algunos extranjeros, entre italianos, españoles o alemanes, que decidieron asentarse en estas tierras primaverales.

Fue precisamente el azúcar y el buen momento económico lo que atrajo a Samuel Barouh a Trujillo. Él vendía telas importadas en la ciudad y en los ingenios de Laredo, Casa Grande, Chiclín y Cartavio. Lo llamaban ‘El Turco’, como a muchos otros especialistas en vender de manera ambulatoria lo que se proponían antes de emprender un nuevo viaje hacia alguna tierra desconocida.

Se presume que Samuel y Rebeca abandonaron Trujillo porque sospechaban que iba a desatarse un conflicto armado. De haber sido así, no se equivocaron, ya que el 7 de julio de 1932 una facción aprista tomó el cuartel O´donovan y dominó la ciudad durante cuatro días. Decenas de muertes en la cárcel central, bombas que caían de los aires y disparos del régimen militar sanchezcerrista para retomar el control tiñeron con sangre el destino político y social de los trujillanos de esa época y de las siguientes décadas. Fue el “Año de la barbarie”.

Previendo esto, pero sobre todo porque el gobierno peruano prohibió el comercio ambulatorio en salvaguarda de los negocios ‘formales’, los Barouh Avayü viajaron a Lima con sus tres hijos y después partieron a Francia, donde vivían algunos familiares. Sin embargo, lo que no lograron predecir antes de enrumbarse hacia Europa, fueron los planes perturbados de un tal Adolf Hitler, líder alemán que años más tarde emprendió una cacería humana y se propuso exterminar a los judíos o a cualquiera en cuyas venas no corriera la sangre aria.

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Rebeca Avayü nació en 1897 en Esmirna, actualmente el segundo puerto más importante de Turquía, después de Estambul. No se conocen datos sobre su niñez, pero sí se sabe que muy joven, tal vez a los 23 años, se casó con el griego Samuel Barouh en la ciudad natal de éste: Salónica, la segunda más desarrollada del país mediterráneo en nuestros días. De esa manera, conformaron la familia Barouh Avayü, dos apellidos judíos que más tarde serían su condena.

Samuel le llevaba siete años de edad y se dedicaba al comercio; ella, era experta en las artes del hogar. En aquel entonces, la realidad económica, política y social europea hacía voltear la mirada hacia Sudamérica, y especialmente hacia el Perú, un lugar aún por descubrir y con evidentes oportunidades para volverse rico.

Luego de cruzar los mares Egeo, Mediterráneo, Atlántico y Pacífico, llegaron a Lima, una ciudad en crecimiento que conservaba la arquitectura colonial en un centro histórico hermoso, con haciendas en las afueras, y plagada de inmigrantes europeos y de mujeres que ya no cubrían su rostro pero sí integraban una sociedad cerrada y racista donde la gente valía por el peso de su fortuna.

De acuerdo con el itinerario de su viaje, partieron en 1920 en un barco de la Grace Line de Salónica hacia Pireo (Atenas), Nueva York, Balboa (Panamá), Talara y Salaverry en Perú y, finalmente –tras un periplo de cuatro meses– atracaron en El Callao, donde Samuel emprendió la venta casa por casa de finas telas importadas de Beziers (Francia), que la aristocracia capitalina compraba como pan caliente para la confección de las más elegantes prendas de aquella época.

El 14 de julio de 1925, luego de soportar un embarazo agobiante por el calor demoníaco y las lluvias torrenciales que ocasionó el Fenómeno El Niño, nació Victoria Barouh Avayü, la primera hija que los obligó a asentarse algunos años en Lima, exactamente en la calle Arica 540 del actual distrito de Breña. Le siguió Mathilde, quien vio la luz del mundo el 27 de enero de 1927, también en la capital peruana.

En 1930, atraídos por el olor de la melaza y el dulce sabor del dinero que producían las azucareras trujillanas, los Barouh Avayü llegaron a Trujillo. Rebeca quedó embarazada en 1929, un año crítico para la economía mundial, así que se vieron obligados a buscar nuevas alternativas financieras.

El martes 3 de junio de 1930, cuando Samuel ya era conocido por los trujillanos como ‘El Turco’ que vendía telas, y cuando ya había cumplido 40 años, nació su tercer hijo: José Barouh Avayü. Era el primer varón y también el más esperado, el niño que cuando fuera hombre heredaría las artes del comercio. Era una ‘bendición’ de Dios, citando la traducción al español de su apellido.

Samuel estaba feliz. Dos días después, el jueves 5, padre y madre se dirigieron hacia la oficina de los registros civiles del concejo. Los acompañaba el italiano Rafael Baruchi y Hockin, un importante hombre de negocios de 38 años y fundador de la Sociedad Baruchi y Farhi, hoy extinta.

En el concejo los atendió el oficial registrador Max José Renils, quien inscribió a José con partida de nacimiento número 439 y como “hijo legítimo del declarante”.

Sin embargo, las cartas del destino les depararon una nueva aventura. Tras dos años de permanencia en Trujillo, y poco antes de la revolución aprista que hizo desbordar ríos de sangre y llover bombas sobre la Plaza de Armas, los Barouh Avayü ya habían abandonado el Perú.

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Maurice Barouh Avayü, el cuarto hijo, nació en Beziers, Francia, el 3 de marzo de 1932. Se presume que Samuel y Rebeca escogieron el país galo porque allí tenían familiares. No obstante, y definitivamente, viajar a Europa fue la peor decisión que tomaron en su vida. Ese mismo año, en Alemania, Adolf Hitler ya postulaba a la presidencia, objetivo que persiguió desde 1925 y que logró el 30 de enero de 1933 al ser nombrado canciller, luego de un camino cargado de triquiñuelas, incendios y muertes.

El año 1939 comenzó sombrío con la muerte del papa Pío XI, el 10 de febrero, quien fue sucedido el 2 de marzo por Pío XII. Pero el episodio más aciago ocurrió el 1 de septiembre cuando las tropas alemanas invadieron Polonia y dos días después estalló la Segunda Guerra Mundial. La Industria tituló el día 3: ‘Inglaterra, Francia y Polonia están de nuevo en guerra contra Alemania’. En esa misma edición, el editorial advertía: ‘La guerra otra vez’.

La familia Barouh Avayü continuaba viviendo, o sobreviviendo, en el pueblo de Beziers, y precisamente en esta pequeña localidad ubicada en el departamento francés de Hérault (de conocidos antecedentes griegos), fue capturada por las tropas nazis, en 1944. Los seis fueron llevados al campo de tránsito parisino de Drancy y allí, fichados como prisioneros al ser descendientes judíos. José, el trujillano, a quien registraron como Joseph Barouh Avayü, fue internado con el número 22548.

Cuando fueron atrapados, Samuel tenía 54 años y Rebeca 47. Victoria 18, Mathilde 17, José era sólo un adolescente de 14 años y el pequeño Maurice un niño de 12. El 30 de mayo de 1944, cuando sólo faltaban 16 meses para que termine la guerra, los seis fueron obligados a abordar el convoy número 75 que los condujo al infierno, a la muerte del Holocausto, de la Shoá: al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, donde todos fueron asesinados.

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El trujillano José Barouh Avayü y sus familiares no fueron los únicos peruanos que murieron en el Holocausto. El periodista Hugo Coya Honores, luego de desarrollar una acuciosa investigación en un período de cuatro años, y habiendo viajado a París, Jerusalén, Estambul y Washington, entre otras ciudades, reconstruyó la vida de 22 peruanos que figuran en el ranking de las desdichadas víctimas del nazismo.

Coya Honores recuerda el día que visitó el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en octubre del 2004, y descubrió –de casualidad­– que nuestro país había perdido a 22 de sus hijos en cámaras de gas, a balazos, apaleados o asfixiados en los infernales trenes alemanes.

“Hasta ese momento, mi percepción de ese terrible episodio era que nuestro país había sido un mero actor secundario en esa oprobiosa carnicería y que las víctimas eran apenas europeas, estadounidenses o japonesas”, relata el reconocido periodista limeño que publicará el próximo año su libro Paradero Final, bajo el sello de Santillana, en el cual contará la historia de los peruanos caídos (entre ellos la de la familia Barouch Avayü).

Tras su viaje a Auschwitz y ya en Lima, Coya Honores, como buen sabueso del periodismo, inició un trabajo que en su génesis y durante su desarrollo lidió contra la completa desinformación. “A mi regreso a Lima intenté descifrar por curiosidad periodística el misterio, saber quiénes eran estas personas y por qué habían muerto en lugares tan lejanos, pero sólo encontré vagas referencias en textos de la época y una entrevista en la revista Caretas a León Trahtemberg”, señala en la presentación de su futuro libro.

Entrevistas en todo el mundo a familiares de los caídos, una obsesionada navegación a través de Google, muchos mensajes mediante Facebook o Twitter, y viajes y lecturas innumerables le permitieron identificar a los 22 peruanos hasta con fotografías históricas que hasta ese momento “eran patrimonio exclusivo de sus familias, amigos y aquellas personas que los conocieron”.

“Sin embargo, como si se tratase del monje franciscano de la novela de Thornton Wilder El Puente de San Luis Rey, me propuse descubrir quiénes y por qué estos peruanos convergieron en su inmensa mayoría en ese puente que resultó ser el campo de reclusión de Drancy, en las afueras de París, entre 1943 y 1944, para partir en los trenes rumbo a la muerte”, agrega.

Así, tras revisar la lista de los deportados de Francia entre 1942 y 1944 que publicaron los esposos franceses Beate y Serge Klarsfeld, y con el apoyo de un rabino turco y de numerosas personas e instituciones en Francia, Israel, Polonia, Turquía, Grecia, Alemania, Estados Unidos, Brasil y el Perú, Coya Honores rescató del anonimato y homenajeó póstumamente a estos 22 peruanos (21 de ascendencia o religión judía y una católica), que perecieron por el odio del hombre contra el hombre.

Entre las historias que logró estructurar Coya resalta la de la católica Magdalena Truel, quien se convirtió en una heroína de la resistencia francesa y que pereció poco antes de culminar la guerra. Del mismo modo, la de los hermanos Assa, quienes participaron activamente en el levantamiento del campo de concentración de Sobibor y, aunque murieron en el intento, contribuyeron con la fuga de 300 personas.

“No creo que el final de estas 22 personas haya sido un designio de Dios o que fueran víctimas de la casualidad o del destino. Su muerte, como las de millones de otras personas en el Holocausto, fue producto de la maldad humana y de un sistema político que permitió el ascenso de un régimen dictatorial, totalitario, racista, xenófobo y homofóbico que tuvo muchas complicidades y todavía tiene solapados adeptos entre nosotros mismos”, añade.

Finalmente, Coya Honores lanza una advertencia que demuestra la locura y la crueldad del hombre de nuestros días: “El nazismo no ha muerto, permanece soterrado aquí en nuestro país y otros lugares del mundo. Está escondido en la mente de los intransigentes, de los extremistas, de los demagogos, de los autoritarios, de aquellos que no aceptan a los diferentes, de aquellos que rechazan a quienes no profesan su mismo credo, a quienes no piensan igual a ellos”.

MÁS INFO

- El libro Paradero Final saldrá a la venta el próximo año y, según Coya Honores (recordado director del diario La Industria de Trujillo), también será presentado a inicios de año en nuestra ciudad.

- Este martes 1 de septiembre se cumplirán 70 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

- Datos oficiales registran la muerte de por lo menos 62 millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial, entre civiles y militares.

- Se estima que durante el genocidio alemán llamado Holocausto se acabó con la vida de 12 millones de personas, la mitad de religión judía.

TENGA EN CUENTA

Respecto a la investigación.

“Siempre creí que era una persona con poca suerte, que nunca recibió algo de manera fácil o simple, a quien nadie le regaló nada, que enfrentó momentos muy duros y por eso, depararme de un momento a otro con este grupo de 22 desconocidos cambió radicalmente mi manera de ver e interpretar el mundo. Se trata de personas que me hicieron descubrir cuán pequeñas y menudas, cuán egoístas, cuán limitadas pueden ser nuestras vidas frente a estos hombres y mujeres que conocieron lo peor que puede albergar un ser humano y que aún así lucharon y mantuvieron su dignidad hasta el último instante”.

Hugo Coya Honores,

Periodista peruano.

lunes, julio 27, 2009

El misterioso bosque Cachil

A sólo cuatro horas de Trujillo, en la provincia de Gran Chimú, la naturaleza nos ofrece un apacible y sorprendente atractivo. Llegar es duro, pero vale la pena.

CASCAS, GRAN CHIMÚ. Las hojas secas crujen y se rompen con cada paso, mientras que los robles añejos lucen aprisionados entre hierbas y moho. Las lianas y las raíces nos observan desconfiadas durante nuestro internamiento en el bosque y dan movimientos sutiles ayudadas por el viento. Un puentecito con no más de diez tablones desiguales y sin baranda nos acaba de introducir en un lugar donde la humedad del terreno y la tenue iluminación que se cuela entre las ramas –sumadas al canto profundo de las aves y al chirrido enloquecido de los insectos– te permiten expulsar a los demonios de la ciudad y cargarte de una paz, ¿por qué no?, divina.

El bosque Cachil se ubica a una hora y media de Cascas, entre los 2.400 y los 2.600 metros sobre el nivel del mar, en la provincia andina de Gran Chimú. Situado entre montañas y favorecido por un clima tropical, es un trocito de selva amazónica perdido entre los Andes. La flora tupida, que incluye orquídeas, y la fauna diversa, son las muestras más claras de ello.



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El ómnibus que nos lleva de Cascas hacia el desvío del bosque Cachil literalmente baila y se bambolea al ritmo de una tecnocumbia. Su destino final será la ciudad de Contumazá, en la región Cajamarca, pero nosotros descenderemos una hora antes, cerca del camino que lleva al caserío de Chapolán. Enormes eucaliptos se pierden entre el verdor tupido que circunda el camino de tierra, la vid prevalece y algunos riachuelos brillan con el sol dominical. El conductor toca el claxon antes de ingresar a las curvas y por momentos el vehículo parece ser un ferrocarril de los años 50.

Los olores son los propios de la sierra profunda y los demás viajeros, blancos como los cajamarquinos, sonríen. Todos se conocen. El cielo es como un mantel de azul perfecto con pinceladas de blanco. Un Caballo viejo dice que el pasito está apurao y sigue una cumbia: mira que parecen dos luceros, esos tus ojitos hechiceros. Alba, mi novia, dice que los alrededores tienen el mismo verdor de Asturias, en España, el país del cual proviene. Yo me pierdo en el resplandor de su mirada serena y cuando quiero volver a escribir en mi libreta, el traqueteo del bus me lo impide. “¿Bajan en Cachil?”, pregunta el ayudante del chofer.

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El bosque Cachil tiene 100 hectáreas y se encuentra ubicado dentro de un inmenso fundo de la familia Corcuera, la del ilustre poeta Marco Antonio. El bus arranca y levanta una polvareda y ahora somos tres los que caminamos hacia la entrada del bosque.

‘El Carretero’, le llaman. Es un joven de rasgos andinos que vive en Chapolán y carga un costal con algo que parece ser pan. Dice tener una bodeguita y que en su pueblo todos son familia y buena gente. “Sigan el camino y cuando lleguen a la tranca llamen a Sixto, él anda por allí”, nos recomienda y luego desciende por una ladera hacia Chapolán, que se ve en la profundidad de la montaña.

En Cascas, el poblador Humberto Guarniz, a quien contactamos gracias a la recomendación de nuestro amigo casquino residente en Trujillo Armando Plascencia León, nos dijo cómo llegar al bosque y nos sugirió llamar a gritos desde el camino a Sixto, su peón (Guarniz es propietario de un fundo colindante). Seguimos dando pasos y algunas flores amarillas y violetas, las últimas sobrevivientes del verano, nos acogen entre la maraña del verdor y el cantar de las avecillas. ¡Sixto!, ¡Sixto!, grita Alba y el sonido reverbera entre las montañas. A la distancia se observa el cerro ‘Las Anuas’, en cuyas faldas está el bosque. Cuatro panales de abejas cubiertos con cajas de madera y una colina desde donde se observa una imagen panorámica del lugar nos acompañan en nuestra espera. De pronto, se oye una respuesta ininteligible del que, suponemos, es Sixto.

Como la espera desespera y Sixto no llega, seguimos caminando y cruzamos la tranca. Mensaje para los senderistas: “Por fabor respeten el bosque, no arrojar vasura, grasias” [sic]. Descendemos y ascendemos. Vamos sin rumbo hasta donde el camino se divide en dos. El río suena a la derecha pero optamos por la izquierda. Maleza, árboles flacos, piedras, insectos y una pequeña cueva. Llegamos a un punto donde comprendemos que estamos perdidos y regresamos hasta la división del camino. Cansados por la incertidumbre, nos tumbamos en el pasto para comer pescado enlatado y algunas galletas de soda.

De pronto, la voz de Sixto suena cercana como un salvavidas y le respondemos. Es un lugareño de sombrero blanco, polo azul y rostro de experto en la cosmovisión andina. Le damos una bolsa con hojas de coca, algunos caramelos de limón y galletas de soda. “¿Quieren ir hasta la catarata?”, pregunta con desconfianza pero amabilidad. Accedemos.

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En el bosque Cachil, ubicado en las laderas del río Cachil, existen viejos olivos y macizos robles y naranjos. Algunos viajeros llegan y acampan; hacen fogatas y tocan guitarras, pero hoy estamos solos. “¡¿No les da miedo el bosque?!”, pregunta Sixto para romper el hielo.

–¿Miedo a qué?, le increpo.

–A los leones, bromea.

Seguimos cuesta arriba.

El embrujo se manifiesta entre las sombras y el movimiento sutil de las hojas. Las ramas apretadas de los árboles evitan el ingreso de los rayos solares y la humedad se combina con el misterio y la oscuridad. La alforja roja que carga Sixto en su hombro derecho tiene un hueco por donde se quiere escapar una linterna plateada y algunas de sus codiciadas hojas de coca. Él camina rápido y nosotros lo seguimos con el corazón en la garganta. Claro, venimos de la ciudad.

Alba sufre un mareo y su corazón quiere escapársele del pecho. Nos detenemos. Sixto voltea y nos mira con burla. El agua corre por nuestros zapatos que ya están empapados, pero tenemos que llegar a la dichosa catarata. Sorteando árboles, una valla de púas metálicas y apartando ramas, llegamos a nuestro destino. El sonido del agua calma nuestra agitación. Es sólo una pequeña y oscura cascada que logra refrescar nuestras almas. Más troncos y más piedras. Comemos unas limas y Sixto tose como un perro. Saca una bolsa plástica negra y arranca hojas. “Acá la medicina está botada”, dice con ironía.

El eucalipto, chancapiedra, maraitulma, matico, pie de perro, hierba del oso y chanacós, con todas sus propiedades curativas, van llenando la bolsa durante el retorno. Sixto demuestra una sabiduría ancestral al momento de escoger las hojas buenas de las inservibles. Es un tipo frío e introvertido que en su hablar evidencia que ha vivido mucho tiempo solo.

Apresurados llegamos a la misma curva donde nos recogerá el bus que vuelve de Contumazá, con la satisfacción de haber logrado nuestro objetivo. Con el sol quemando en mi espalda y mi sombra reflejada en la libreta, algunos moscos zumbando entre mis orejas y una tranquilidad que por momentos parece abstraerme de este Perú bullanguero, por fin puedo descansar a un costado de la carretera.

Sixto vuelve a toser y un perro le responde desde lejos. Ambos están resfriados. Esta noche, por el frío que ahora azota a la sierra, nuestro guía dormirá en Cascas. El bus serpentea entre las montañas. El río suena como el mar. El bosque quedó atrás.






lunes, junio 01, 2009


Complejo Arqueológico ubicado en la provincia de Sánchez Carrión requiere de urgente restauración

No te caigas, Markawamachuko

HUAMACHUCO. Si el complejo arqueológico de Markawamachuko fuera una maravilla, como lo asegura la mayoría de huamachuquinos, el chofer Emilio Pinillos García no tendría que detener su automóvil Station Wagon para quitar dos tremendas rocas de la desastrosa trocha que conduce al monumento.

Si Markawamachuko fuera una maravilla, sus muros no estarían apuntalados como en las viejas casonas del jirón Bolívar de Trujillo. Tampoco el único guardián del lugar, Juan Anticona Cerna, quien sólo se acompaña de un perro chusco llamado ‘Chino’, aseguraría que debe “correr” por las noches a personas que entran al complejo para destruirlo (uno de éstos es un viejo pastor que acaba de soltar a cuatro toros y cinco becerros para que se alimenten de la maleza que cubre al monumento).

Si Markawamachuko fuera una maravilla, no lo visitarían nada más que 20 personas al día, no parecería una cantera ni habría sido uno de los motivos por los cuales los ronderos de Huamachuco se levantaron contra las autoridades liberteñas, semanas atrás.

El problema, valgan verdades, es que Markawamachuko sí es una maravilla. Una deslucida y olvidada, pero impresionante maravilla.

 

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Huamachuco ya no es un pueblito de la sierra, con menú de tres soles y hotel de diez. Esta ciudad, capital de la provincia de Sánchez Carrión y situada a 3 mil 169 metros sobre el nivel del mar, ahora cuenta con siete empresas de transportes que ofrecen buses-cama con terramozas a bordo y café de cortesía. Encontrar una pizzería, cabinas de Internet, una discoteca u hoteles de tres estrellas es ahora muy fácil en esta localidad que ha vivido una explosión económica, social y cultural desde que aparecieron nuevas empresas mineras y desde que asfaltaron gran parte de la carretera a la costa. Lo malo, es que ahora todo es mucho más caro.

Sin embargo, a decir de Pinillos García, el chofer que quitó las piedras del camino, “el turismo está en pañales”. En efecto, este sector es ahora el menos desarrollado en esta provincia del ande liberteño que, paradójicamente, posee atractivos naturales y culturales impresionantes como las lagunas de Sausacocha y Cuchuro, las aguas termales de Yanasara y del Edén, o los restos arqueológicos de Wiracochapampa (donde se celebra cada agosto la fiesta del Waman Raymi o también llamada del Halcón).

Pero entre estos lugares, el centro arqueológico de Markawamachuko destaca por su valor histórico (fue calificado por Fernando Belaúnde Terri como el ‘Machu Picchu del Norte’) y porque es el lugar más amado por los huamachuquinos. Esto, desde que ocupó la sexta ubicación en un concurso organizado por un canal de televisión peruano que buscaba a las nuevas siete maravillas del país.

“Como ciudadano pido a las autoridades regionales y de la municipalidad provincial que restauren Markawamachuko y le den la verdadera categoría de maravilla, que ya tiene, pero no se respeta”, declaró Pinillos García.

 

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El cielo de Huamachuco hoy ha tendido una sábana de color añil y luce perfecto. El pueblo vive un día de paz ya que las acostumbradas manifestaciones en la plaza han dado una tregua. Son las 10 de la mañana, es viernes, y los negocios esperan a sus clientes, las mototaxis van y vienen y nosotros, dos periodistas del diario La Industria, no sabemos cómo llegar a Markawamachuko.

En Trujillo nos dijeron que algunas Combis ofrecían servicio de transporte de Huamachuco a las ruinas, pero en la Oficina de Información Turística de la municipalidad acaban de informarnos que para llegar al complejo arqueológico debemos alquilar una Station Wagon por 50 soles. “La otra forma es ir caminando. Lo que sucede es que no vienen muchos turistas y por eso todavía no hay facilidad con el transporte”, dice el jefe de esta área, Jorge Villanueva Pereda.

Folletos turísticos bajo el brazo, alquilamos la camioneta de Pinillos García y éste nos lleva por un camino “que por suerte hoy está abierto”. El conductor se refería a que un deslizamiento de piedras y lodo tuvo bloqueada esta vía en los últimos tres días.

El vehículo va en segunda por una cuesta caprichosa y Huamachuco queda a la distancia entre tejas serranas y montañas verdes pero salpicadas por la minería informal. El Cerro El Toro y las Pampas de Purrumpampa, donde se lidió la última batalla contra los chilenos, lucen afectados por la contaminación y el desarrollo urbano.

Markawamachuko (que en quechua significa ‘Pueblo de hombres con gorro de halcón’), se ubica en una montaña que se observa desde lejos, a 10 kilómetros de Huamachuco. Tiene una extensión de cinco kilómetros de largo por 600 metros de ancho y sus muros fueron levantados por la cultura Wamachuko entre los años 400 y 1.000 después de Cristo.

La carretera que conduce a los visitantes es una trocha en muy mal estado. Al salir de la ciudad, al costado del camino, existen minas que extraen materiales de construcción y donde trabajan niños. Ellos utilizan palanas y picos para llenar las tolvas de los camiones con ‘ripio’, que es una mezcla de piedras con arena.

Más adelante, en un profundo acantilado que llega hasta un riachuelo, existe un inmenso basural que no sólo afea la imagen sino que también pone en peligro de enfermarse a viajeros y pobladores.

“Nosotros hemos pedido que mejoren el monumento, que efectivamente está muy deteriorado. Markawamachuko es una maravilla y tiene mucho potencial, pero como está, no se puede hacer mucho”, declaró a La Industria el estudiante huamachuquino de Computación e Informática Pol Flores Paredes.

Similar pedido expresó el también estudiante Marlon Torres Benites: “El mejoramiento de la carretera estaba aprobado, pero el dinero lo han utilizado para otras cosas. Los ronderos y todo Huamachuco vienen expresando su protesta y ya están hablando de un nuevo paro en los próximos días”.

De acuerdo con los registros ediles, un promedio de 20 personas visita Markawamachuko cada día. La mayoría proviene de Trujillo, pero también hay reportes de franceses, chinos y norteamericanos. “Siempre dicen que van a mejorarlo, pero hasta ahora nada. Este monumento tiene mucho potencial y es tiempo de rescatarlo del olvido”, expresó la comerciante huamachuquina María Siccha Vilca.


No lo restauran hace más de un año

A pesar de los anuncios de que están restaurando o que pronto restaurarán el complejo arqueológico de Markawamachuko, La Industria confirmó en el lugar que los últimos trabajos de restauración y limpieza se realizaron hace más de un año. Por ello, todos los sectores del monumento se encuentran deteriorados y, en muchos puntos, cubiertos por maleza.

En el primer sector, denominado Las Huacas, sólo algunas paredes se han salvado del montón de piedras que permanecen desperdigadas. Luego vienen los baños, que no tienen agua, el pintoresco local de la boletería que está cerrado y la inexistencia de guías de turismo.

Sólo el guardián del monumento, Juan Anticona Cerna, recibe amablemente a los visitantes y los inscribe en un libro que después entrega a la municipalidad. Luego vende un volante con información del lugar (a un nuevo sol) y el resto queda por cuenta propia del turista, que debe guiarse por carteles de madera (uno de ellos dice: “Doble Murralla” ¿?)

El sector El Castillo, donde los Wamachuco realizaban rituales religiosos, no sólo impresiona por la arquitectura de sus muros, nichos y hornacinas, sino también por lo descuidado que está.

Lo mismo ocurre con el sector Las Monjas, destinado a las viviendas de los gobernantes wamachukos. Aquí ingresan pastores con toros y ovejas, que no sólo ensucian el lugar sino que también debilitan sus muros. “Sí me han dicho que está prohibido, ¿pero a dónde voy a llevar a mis vaquitas pues, señor?”, dijo la pastora María Sánchez Vargas, madre de cinco mujeres y cinco hombres que viven en la costa y sólo la visitan en agosto.

Si a esto le sumamos que muchos visitantes arrojan basura en el complejo (a pesar de que sí existen tachos) y que incluso algunas personas logran ingresar con automóviles hasta las zonas intangibles (el último viernes entró hasta El Castillo la camioneta Station Wagon SL 2188), Markawamachuko está atravesando un momento difícil.

“La gente es complicada y no entiende. Ya les hemos dicho que no entren con sus animales, pero igualito es”, comentó el guardián del monumento.

 

EL COMPLEMENTO

Muchos proyectos.

Tanto la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, el Instituto Nacional de Cultura (INC) como el Gobierno Central vienen elaborando proyectos para restaurar Markawamachuko. Incluso existe un Plan de Manejo del complejo arqueológico que lo viene trabajando el ex director del INC Guillermo Lumbreras Salcedo. Los pobladores de Huamachuco exigen que los trabajos y la puesta en valor del monumento empiecen cuanto antes.

¿Cómo llegar?

Para llegar a Markawamachuko se debe viajar de Trujillo a Huamachuco en bus. El boleto cuesta 25 soles y el trayecto demora 5 horas. Luego, se debe alquilar un automóvil que cobra entre 50 y 80 soles ida y vuelta. La oficina de Información Turística de la municipalidad, ubicada en la Plaza de Armas de Huamachuco, ofrece importante información sobre el monumento y contacta a los conductores. La otra alternativa es caminar 2 horas y media hasta la entrada del monumento.

 

ELLOS LO DICEN:

Marina Esquivel Sánchez (comerciante)

“Tengo el orgullo de vivir a pocos metros de la casa de Sánchez Carrión y quiero mucho a Huamachuco. Yo le pido a las autoridades que arreglen a Markawamachuko y así atraigan más turistas para seguir mejorando la economía de nuestra ciudad”.

Lorenza Negreiros Esteban (comerciante)

“Markawamachuko está muy descuidado y por eso los turistas se llevan una mala imagen del lugar. Ahora este monumento es considerado como una maravilla del Perú pero las autoridades no hacen nada por darle realce”.

Marlon Torres Benites (estudiante)

“Yo sé que hay presupuesto, pero las autoridades son irresponsables. El dinero de la carretera se perdió porque lo utilizaron para otras cosas. Por eso los ronderos y los vecinos se enfurecen y hacen huelga”.

domingo, mayo 24, 2009

De gripes y neumonías…

¿Cuál debería ser la prioridad ‘A’?

 

De enero a la fecha, 133 niños, menores de cinco años, han muerto por infecciones respiratorias en la sierra peruana. Esto, por el intenso frío, el ineficiente sistema médico y el casi-abandono-total que sufren los pobladores andinos.

En esta coyuntura de pánico por la gripe ‘A’ me pregunto: ¿Cuál debería ser la verdadera prioridad del Ministerio de Salud en este país?

Vemos cómo el gobierno se ha movilizado ante la primero llamada ‘gripe porcina’. Y no es que esté mal. En el Perú hasta el momento se ha confirmado 25 casos de infectados con el virus AH1N1. Todos ellos son personas que viajaron al extranjero, de vacaciones o por negocios, o que tuvieron contacto con éstas.

Si nos remitimos al mundo, hasta ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado unos 11.168 casos en unos 50 países. ¿Muertos? Van unos 86 fallecimientos por este virus que según la misma OMS, ha ido mutando en Norteamérica en los últimos 10 años.

Volviendo a la sierra peruana, el ministro de Salud Óscar Ugarte informó que Puno es la región con mayor número de niños muertos por el frío: 27. Cabe precisar que allí la temperatura puede caer a -20 grados centígrados, debido a su cercanía con el Lago Titicaca.

Estamos hablando de que en los 145 días que han transcurrido desde el 1 de enero de 2009, han fallecido 133 niños. Esto arroja la cifra de casi un niño muerto por día en el ande peruano. Si la gripe ‘A’ no ha matado a nadie en el Perú, hasta ahora, ¿qué hacemos tan pendientes de este virus importado, cuando en nuestras montañas los niños se están muriendo de neumonía?

La agencia española EFE también lo ha dicho: “La alta cifra de muertes por neumonía en lo que va del año [en la sierra peruana] ha provocado la indignación de diversos sectores debido a la aparente indiferencia del ministerio, comparada con la atención que está dando a los casos de gripe AH1N1”.

Considerando esto, es momento que el gobierno peruano no sólo enfoque su atención en la gripe ‘A’ (por la cual particularmente tengo bastantes dudas con respecto a su “efecto mortal”) sino que –principalmente– atienda a las poblaciones del ande que sufren por el friaje y logre frenar la muerte de esos pequeños que tienen derecho a crecer y ser felices.

Perú no debe considerar las

provocaciones de los chilenos


La demanda peruana ante La Haya definitivamente tiene alborotado al gobierno chileno y a sus huestes políticas. Luego de involucrar a Bolivia con el añejo tema de su salida al mar, al plantear la posible construcción de un túnel bajo los antiguos territorios peruanos que Chile ganó tras la Guerra del Pacífico, se sumó el comunicado de ex cancilleres chilenos en el cual rechazan el pedido de Lima ante el tribunal internacional.

El diario chileno La Tercera publicó que tres arquitectos de ese país elaboraron un proyecto para la construcción de un túnel de 150 kilómetros para dar una salida al mar a Bolivia, y con ello suspender la demanda marítima peruana en la Corte de La Haya, convirtiendo en trinacional la zona en controversia.

Al respecto, el internacionalista peruano Ernesto Velit, entrevistado por la agencia Andina, opinó que si el gobierno de Chile decide apoyar la propuesta de los arquitectos de su país, sería una estrategia para incorporar a Bolivia al diferendo marítimo con el Perú.

“Chile quiere de todas maneras que Bolivia sea un tercer actor en este conflicto fronterizo y el Perú debe sostener que éste es un problema exclusivamente bilateral entre el Perú y Chile. El afán de Chile es hacerle creer a Bolivia que si no se produce su salida al mar es porque no lo quiere el Perú”, subrayó.

Mientras tanto, se conoció un pronunciamiento de nueve ex cancilleres chilenos en el cual rechazan la demanda peruana ante La Haya y además desconocen el Punto Concordia como el referente del límite terrestre entre el Perú y Chile (aduciendo que el límite es el hito número 1).

Aunque el pronunciamiento de los ex cancilleres chilenos desconoce el Tratado de 1929 y la documentación de la Comisión Mixta demarcadora de 1930, tal como lo precisó el ministro de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde, el gobierno peruano no debe perder la cordura ante esta evidente campaña iniciada por La Moneda para desprestigiar a Lima y minimizar el justo pedido nacional.

Los peruanos no debemos caer en estas provocaciones y tenemos que esperar el fallo del tribunal de La Haya, que obviamente se basará en el derecho internacional y en su justa jurisprudencia.

Como antecedente, el Perú tiene a su favor los últimos fallos emitidos por la Corte Internacional de La Haya, donde la jurisprudencia favorece a la tesis peruana. “La causa peruana está bien encaminada y no creo que sea necesario un pronunciamiento de ex cancilleres peruanos”, dijo el embajador peruano en Chile Hugo de Zela.

Ni la compra de armas por parte de Chile, ni los exabruptos de Evo Morales, ni las campañas venidas del sur. Tampoco los comunicados no oficiales que difunden los medios chilenos. Nada, absolutamente nada, debe detener a Perú en este justo pedido que, de lograrse, se convertirá en un verdadero hito para nuestra historia. Y aunque la carrera recién empieza, cada paso debe ser firme y bien medido.

domingo, mayo 17, 2009

Diálogo vía Messenger con poblador de Sepahua revela preocupante realidad en este pueblo de Ucayali
Narcoterroristas detrás
de paralización en la selva


La conversación de hoy vía Messenger con mi buen amigo Alberto (el nombre es ficticio por razones de seguridad) tuvo un tenor distinto a las acostumbradas y casi diarias charlas cargadas de bromas, nostalgia y anécdotas intrascendentes. El terrorismo se filtró en nuestros teclados y me obligó a denunciar en este medio que la pequeña localidad de Sepahua, ubicada en la región de Ucayali, cuya capital es Pucallpa, está siendo amenazada por los narcoterroristas.
Alberto contó que en Sepahua, donde él vive, grupos terroristas están obligando al pueblo a sumarse a la paralización y a las protestas contra el gobierno peruano, convocadas por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).
Este paro se acata en casi toda la selva. En pueblos donde la presencia de Estado es casi nula, la situación ha llegado a la anarquía. Incluso, Alberto Pizango, presidente de la Aidesep, había hecho un llamado a la insurgencia a los pueblos nativos de la selva, pero luego reconoció que “fue algo muy excesivo para muchos sectores”.
Sepahua es una de las escasas localidades que aún no apoyan la medida de lucha. Por ello, los narcoterroristas, rifle en ristre, amenazan con que “correrá sangre” si no se pliegan a los manifestantes.
“Aquí no está bien la cosa hermano. Estoy asustado. El otro día cortaron la luz por presión de los ‘terrucos’. Y al día siguiente fue igual”, contó Alberto vía Messenger.
Añadió que los terroristas “han bajado al pueblo” para “meter candela por el paro de las comunidades indígenas”.
Cabe precisar que el gobierno viene dialogando con los nativos y los dirigentes para encontrar una salida. No obstante, es preciso mencionar las palabras del congresista Aurelio Pastor, de la bancada aprista: “Pizango ha conformado un grupo, con gente que no tiene nada que ver con las comunidades nativas, para administrar el dinero proveniente de la contribución extranjera”.
Pastor no descartó que la dirigencia de Aidesep utilice las movilizaciones y protestas de un sector de las comunidades nativas para justificar el dinero que recibe proveniente de instituciones nacionales y de organismos del exterior.
Según indicó, Pizango ha reconocido que recibe más de un millón 600 mil dólares para la Aidesep. “Ellos tienen un interés en mantener la situación (de protesta y bloqueos), porque mientras eso se mantenga ellos van a seguir recibiendo dinero”, refirió.

La cosa es terrible
“Dicen que correrá sangre por aquí. La gente está con los pelos de punta… de noche es peor que el desierto. Todos se ‘guardan’ en sus ‘jatos’ temprano nomás”, precisó Alberto.
Pero eso no es todo. Los bloqueos en las carreteras y los ríos están dejando a Sepahua sin alimentos. “No como una verdura hace 15 días, todo es arroz, yuca y carne. Ya ni pan hay en la panadería porque por el paro no dejan pasar las embarcaciones por los ríos”.
En Sepahua existe una base de la Marina de Guerra del Perú. Sus agentes, bien armados, están alertas ante un posible ataque terrorista. A pesar de ello, el pueblo vive en zozobra. “Los indígenas están protestando porque el gobierno está vendiendo terrenos y ellos dicen que son dueños de esos terrenos. En realidad ni ellos saben por qué paran, sólo joden porque hay un grupo que está movilizando a esa gente. Los marinos están alertas”, dijo Alberto.
Considerando que hace un par de décadas los crímenes llamados ‘ajusticiamientos’ eran cometidos a diario en la selva (también en Sepahua), la gente está muy asustada. “Como hay una base de los marinos, los terrucos obligan a apagar las luces. Es oscuridad total, no ves ni tus manos”, precisó Alberto, al tiempo de pedir al gobierno que esta situación termine cuanto antes.
Ojalá el gobierno sí vea con claridad y actúe con prudencia.

miércoles, abril 22, 2009

Movilidades trujillanas abusan de escolares a vista y paciencia de todos

¿Más barato por docena?

Llevar a los niños al colegio apiñados en automóviles como sardinas o reses es una costumbre bastante peligrosa, que se sigue practicando con el cómplice aval y la increíble inacción de los padres de familia, de la Policía Nacional, de la Municipalidad Provincial de Trujillo y hasta de la Defensoría del Pueblo.

Los niños son metidos en las maleteras de las camionetas y hasta de los taxis. Ellos van, aunque incómodos, siempre sonrientes. Es que no saben del riesgo al cual son expuestos por los irresponsables conductores de las populares movilidades. ¿Qué están esperando todos para castigar a estas personas que, por lucrar, ponen en riesgo la vida de los escolares?

Ayer mi amigo Fabián Córdova captó algunas imágenes en las afueras del colegio Lord Kelvin, ubicado en la urbanización Primavera de Trujillo. Los niños eran recogidos como vacas y metidos en la camioneta de la foto superior. Padres de familia y hasta un efectivo policial no hicieron nada al respecto. Cuando ocurra una desgracia llorarán. ¿Esperaremos con los brazos cruzados a que esto suceda? Ojalá que no.

lunes, marzo 30, 2009

De 198 naciones del mundo, nada más que el 11,11% le ha abierto las puertas a los peruanos
Sólo 22 países confían en

Perú y no le exigen visa

En el mundo existen 198 países, pero sólo 22 de ellos le han abierto las puertas por completo a los peruanos, al no exigir ese ‘dolor de cabeza’ que se resume en cuatro letras: V-I-S-A.
Una regla de tres simple nos echa esta dura realidad por las narices: sólo al 11,11% de los países del mundo podemos ingresar sin visa.
Estas naciones se ubican en América del Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay y Uruguay), América Central y el Caribe (Barbados, Bahamas, República Dominicana y Trinidad y Tobago), África (Marruecos y Sudáfrica), Asia y Medio Oriente (Brunei, Corea, Hong Kong, Singapur, Malasia, Tailandia, Israel y Emiratos Árabes Unidos).
Brasil exige el certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla y, al igual que en Chile, sólo es necesaria la presentación del Documento Nacional de Identidad (DNI). Malasia pide la misma vacuna, mientras que Emiratos Árabes Unidos no exige visa pero sí una ‘Autorización de Entrada’, tramitada por el hotel o línea aérea de transporte (KLM o Lufthansa).
Ningún país de América del Norte da entrada sin visa a los peruanos y lo mismo sucede con los ubicados en Europa y Oceanía. Pretender visitar estas naciones implica la previa realización de un casi siempre engorroso trámite en la respectiva embajada del país elegido.

No es tan fácil que digamos
Pero si usted piensa que para viajar a estos 22 países no necesitará visitar una embajada, se equivoca. Movilizarse en Sudamérica es fácil. Se puede hacer tanto por tierra como por aire y, en algunos países, incluso por río o mar. El DNI o el pasaporte común son suficientes.
Sin embargo, si las vacaciones se quieren pasar en Brunei, por ejemplo, existe un ‘pequeño’ problema: no existen vuelos directos entre Lima y Bandar Seri Begawan (capital de este pequeño país ubicado en el sudeste de Asia). Para llegar allí, será necesario hacer escala en Ámsterdam (Países Bajos) y, por ello, se requerirá de una visa Shengen de tránsito.
Es decir, sólo por pisar el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam y esperar un nuevo avión que nos llevará a Bangkok (Tailandia) y luego a Brunei, los peruanos necesitamos tener una visa. Para obtenerla, tendrá que solicitarla en la embajada de Holanda en Lima, lo cual ya implica presentar documentos y perder tiempo.
En el caso de Marruecos ocurre lo mismo. Para llegar a Rabat, ciudad capital, debemos hacer escala en Madrid o Barcelona (España). Demás está decir que la ‘Madre Patria’, por pertenecer a la Unión Europea, también exige a los peruanos visa de tránsito. Y así se repite con la mayoría de países de Asia e incluso de América Central y el Caribe (casi siempre es necesario hacer escala en Panamá, país que también nos pide visa).

¿Por qué ocurre esto?
Las pruebas hablan por sí solas. Panamá, por ejemplo, no exige la visa de turismo a Paraguay, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay. Pero sí a Perú. ¿Por qué?
Otro caso es el de Nicaragua. Allí sólo tienen entrada libre los peruanos que portan pasaportes diplomáticos, oficiales, especiales y de servicio, gracias a un acuerdo de ‘supresión de visas’ suscrito entre ambos países en Lima, el 4 de junio de 2004. Sin embargo, en este acuerdo no se consideran los pasaportes ordinarios (los que tiene todo el mundo). En contraste, países como Chile o Argentina sí tienen entrada libre a Nicaragua, sin necesidad de visa. ¿Acaso fue un acuerdo sólo para los diplomáticos? ¿Para qué sirve ese convenio? Definitivamente, nuestros diplomáticos tienen una gran tarea por cumplir.

Acceso fácil a otros países
- La India puede dar la visa a los peruanos el mismo día en la embajada de Lima.
- Venezuela en realidad no pone muchos peros.
- Cuba no exige visa, pero sí una tarjeta de turismo que cuesta 20 dólares.
- Camboya expide la visa por Internet en el sitio web: http://www.mfaic.gov.kh/e-visa/vsindex.aspx?lng=Esp

jueves, marzo 26, 2009

Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez–Cerro, declaró en Madrid:

“El ingenio y la picardía del peruano despiertan ante la crisis”



MADRID, ESPAÑA. Aunque asegura que los peruanos son personas calificadas para enfrentar a la crisis económica que sufre el mundo, reconoce que Europa actualmente es un continente menos atractivo para los inmigrantes. El Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro, dedicó algunos minutos de su último cumpleaños para dialogar con el diario La Industria en su despacho de Madrid.

—Europa está siendo golpeada por una grave crisis económica, tanto así que en ciudades como Madrid o Valladolid se pueden observar obras paralizadas o negocios que han cerrado sus puertas. ¿Cómo han afrontado los peruanos esta situación?
—El peruano, por su propia naturaleza, en comparación con otras personas, tiene un ingenio y una picardía que despiertan ante la necesidad. Es cierto, Europa está afrontando una grave crisis económica y aquí en España el sector más afectado es el de la construcción, precisamente el que daba empleo a un alto porcentaje de peruanos. Sin embargo, el peruano que ha perdido su trabajo en construcción por la crisis, está migrando a otros sectores económicos. En otros casos, algunos se van a otras ciudades en busca de nuevos empleos. Es una ventaja que tienen los peruanos frente a otras comunidades: adaptarse fácilmente a desarrollar otros oficios.

—Entonces estamos hablando de que los movimientos migratorios podrían variar. Ya no sólo hablar de migración América-Europa sino Europa-Europa. El problema lo tendrían los ilegales…
—Afortunadamente, en el caso de la colonia o la comunidad peruana en España, que la integran más de 160 mil personas, casi su totalidad vive en condición de legal. De esos 160 mil, el 95% es legal y el 40% de ese 95% ya es español naturalizado. Ese 40% goza de la nacionalidad española pero mantiene la peruana; tienen doble nacionalidad.

—Entonces, a diferencia de lo que se piensa en Perú de nosotros mismos, ¿en España los peruanos son personas bien vistas?
—La colonia peruana en España no es la más numerosa, pero sí la más antigua. Además debemos precisar que España no es el primer destino para los inmigrantes peruanos; el primero son los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, España siempre ha sido un destino importante para los peruanos, primeramente por la facilidad del idioma. Los fuertes lazos históricos entre ambos países y el hecho de ser España la puerta de Europa, son otras razones por las cuales muchos peruanos han venido a vivir acá. Incluso hay muchos, sobre todo médicos y abogados, que han hecho sus carreras en España. Otra facilidad es que hasta los años 70 no se exigía visa a los peruanos para venir a España.

—Sin embargo, la crisis actual estaría cambiando las cosas. ¿No será que muchos peruanos que ahora viven en España empezarán a retornar?
—Al respecto ocurre algo curioso. Como ya dije, los peruanos saben acomodarse ante situaciones adversas. Es por eso que casi su totalidad no tiene interés en regresar al Perú. Eso se puede medir con los resultados del ‘Plan de Retorno Voluntario’, que es una política del gobierno español, aplicada a ciudadanos no comunitarios que están residiendo legalmente en España. La política consiste en dar alicientes económicos a los que decidan regresar a sus países de origen, entregando los fondos de desempleo a los cuales tienen derecho en dos partes, 40% al iniciar el trámite en España y 60% 30 días después de llegar a su país. En su contra, el inmigrante pierde sus permisos de residencia y de trabajo en España y sólo podría retornar a este país después de cinco años. Pasados tres años puede empezar a hacer las gestiones nuevamente, pero sin tener garantía de conseguir los documentos.

—¿Son muy pocos los inmigrantes que se han acogido a este plan?
—Sí, son pocos. Es una política que no ha atraído a los peruanos y a los inmigrantes en general. En la embajada sólo recibimos una llamada de una persona interesada, sólo para preguntar en qué consiste el plan. Esto demuestra que el interés de los peruanos es nulo.

—¿No será que los inmigrantes desconfían y creen que no les depositarán el dinero prometido?
—No, no es desconfianza. Lo que ocurre es que este programa no favorece mucho al inmigrante, quien debe regresar a su país sin un monto muy significativo para abrir un negocio, por ejemplo.

—¿De cuánto dinero hablamos?
—En el mejor de los casos, 24 mil euros. Podría ser mucho menos.

—¿No cree que la crisis de todas formas está haciendo cambiar la percepción sobre España y Europa?
—Las condiciones de la crisis económica o financiera hacen a Europa en general, un lugar menos atractivo para la inmigración por el alto costo de vida, o por las dificultades para conseguir trabajo o para regularizarse como inmigrantes legales. España, por ejemplo, está endureciendo su tratamiento a los inmigrantes porque hay que favorecer a los nacionales, sin desmerecer el aporte de los inmigrantes con su trabajo y sus impuestos a estos países, así como a los nuestros que es a donde envían las remesas. Pero, sí, cada vez Europa es menos atractiva para los inmigrantes latinoamericanos por estas consideraciones que podrían ser transitorias, pero que nadie sabe a ciencia cierta cuánto van a durar.


—¿Qué se sabe de Trujillo del Perú en España?
—Trujillo es una ciudad estrechamente vinculada a España porque Trujillo de Extremadura es la cuna de Francisco Pizarro, conquistador del Perú. Trujillo tiene además la significación de que es la cuna de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA, y aquí hay iniciativas de peruanos y de apristas residentes en España de ponerle un nombre a alguna calle o un busto de Haya de la Torre en Trujillo de Extremadura, por el vínculo histórico con el Perú. Además, Trujillo está unida de alguna manera a España por el arte, que la embajada ha tratado de auspiciar siempre porque probablemente es la ventana más importante que tenemos para exhibirnos como un país milenario con 5 mil años de civilización. En mi gestión hemos dado prioridad al aspecto cultural peruano, a través de la pintura o la poesía, con muy pocos o nulos recursos. El agregado cultural hace ‘malabares’ o ‘magia’ para conseguir local o lograr exposiciones que estamos haciendo casi una vez al mes.

—¿Y cómo se encuentran los trujillanos?
—Barcelona es la ciudad donde más trujillanos y chiclayanos hay. Entiendo que hay barrios enteros que se han trasladado a Barcelona desde el Perú. Hay una comunidad muy bien organizada de trujillanos y chiclayanos y son gente importante que se está abriendo camino en esa zona de España.

sábado, marzo 21, 2009

Reflexiones tras mi viaje a España

El centro de España en invierno, es una tierra donde los vientos gélidos y las hojas secas y crujientes de los álamos te envuelven en una atmósfera en blanco y negro, con algunas pinceladas del sepia. La sobriedad y elegancia de los tonos grises y ocres, que se repiten en edificios de Madrid, Ávila, Valladolid, Salamanca, Alcalá de Henares o Segovia, convierten a un daltónico en un individuo común y corriente: el color es lo que menos resalta en una Europa antártica.
Los árboles esqueléticos y deshojados son como hombres petrificados en este país de modernidad y limpieza, cultura y elegancia, piedras, naturaleza y crisis. Es difícil encontrar aquí barrios pintados como el Arco Iris; por ello, un peruano acostumbrado a colorear su casa de azul, amarillo o verde y vivir en un país polícromo, sufre un violento golpe visual que oprime el corazón y, por momentos, incluso, llega a asfixiar.
Aún así, al caminar en Madrid u otros lugares, no me siento en ciudades extrañas. Debo reconocer que el orden, la limpieza y sobre todo los sistemas de transporte se encuentran un millón de veces más desarrollados que en Perú. Sin embargo, la arquitectura de los edificios, las plazas, los parques, los jirones peatonales o las farolas que iluminan el caminar de los españoles, bien podrían ser los mismos de una Lima bien conservada. La Plaza San Martín de la capital peruana es tal cual o incluso más hermosa que la Plaza Mayor de Madrid. Y si de modernidad se trata, Miraflores y sus acantilados nada tienen que envidiar al barrio más moderno de Madrid, ubicado cerca de la estación Cuzco del Metro y amparado bajo las suntuosas e inclinadas Torres Kío.
La influencia española en Perú aún está tan marcada que Madrid no me sorprende, por lo cual no puedo decir que España es otro mundo. Claro, en Lima y en Perú las afueras de las ciudades grandes lucen paupérrimas y cruelmente empobrecidas, lo cual nos sitúa en un país humilde económicamente hablando. Algunos dicen que el Perú actual es la España de hace 50 años. Yo, que estuve 15 días en la llamada ‘Madre Patria’, puedo dar fe de ello.

Su gente
Más allá de la arquitectura, de sus calles o de sus vistas panorámicas, un país está hecho por su gente. Estoy en el Metro de Madrid, viajando desde la Estación de Marqués de Vadillo hacia Gran Vía. La red de trenes subterráneos de esta ciudad es tan impresionante como laberíntica; realmente es como una ciudad distinta debajo de la tierra y, como necesariamente todos llegan a ella, es el mejor lugar para conocer a los españoles.
A mi costado está parada una vieja colorada que se sujeta de un tubo con una mano y con la otra sostiene un libro abierto que está leyendo. No logro ver el título de la obra. En el Metro más de la mitad de los viajantes siempre lee, otro poco escucha música con audífonos, otros son amigos o pareja y conversan en voz baja, mientras que hay un pequeño puñado de “diferentes” que se ríen a carcajadas y hablan extraño, conocidos como “inmigrantes”. Dentro de ese grupo están los “Sudamericanos”. Ecuatorianos, peruanos, bolivianos, venezolanos, argentinos, etc. A ellos debemos sumarles todos los centroamericanos como nicaragüenses, hondureños o dominicanos, así como a los mexicanos. Ocurre que los españoles llaman “Sudamericano” a cualquier sujeto de rasgos andinos o negros que habla español, que provenga de cualquier punto de América.
Otro grupo lo conforman los africanos. Nunca he visto a alguien cuya piel sea tan negra como un tipo que viaja a mi costado. Es casi azul. Un día estuve hablando con un peruano que llegó a vivir a Madrid hace 20 años, quien me contó que cuando recién empezaron a migrar los africanos a esta ciudad, los niños españoles los señalaban extrañados como si fueran seres de otro planeta. El tipo viaja tranquilo. Lleva una gorra y un polo negro con el número cinco estampado en el pecho. El Metro se detiene en la estación Acacias y sube un español ebrio. Son las 12:30 del mediodía. Hora punta. El tipo, flaco, blanco y narizón, empieza a hablar solo. Se queja de la crisis y de que su mujer le pide más dinero. “La leche y el zumo nunca les faltan a mis hijos”, dice. El negro lo mira de reojo y el español empieza a conversarle sobre lo mismo. Que sus hijos, que la crisis, que el dinero. El joven, que al comienzo ni se inmutaba (como si estuviera zumbando una mosca a su costado), al cabo de unos minutos de soportar el mismo sonsonete lastimero se impacienta y le dice: “Bueno ya, qué espesito eres, ¡tú a lo tuyo y yo a lo mío!” El español se queda callado.
Madrid es una ciudad cosmopolita. En sus calles y en el Metro puedes encontrar chinos, africanos, americanos, europeos y ciudadanos de cualquier parte del mundo. Eso de que hay racismo, yo no lo vi. Al contrario, al ver a gente de todas las razas viviendo bajo el mismo cielo y sirviéndose de la misma infraestructura, sospecho que aquí la gente es tolerante pero a la vez más fría e individualista. Cada uno lee su libro y escucha su música y el resto, no me interesa.
Quienes sí conforman una cultura independiente son los gitanos. Ellos están en todos lados, hablando en caló (su dialecto), con ropajes propios de su cultura y haciendo mucha más bulla que los españoles. Los gitanos son considerados como timadores, sucios e indigentes.

Un contraste con la juventud peruana
Jóvenes con aretes en la cara o con pelos de colores. Otro violento golpe visual. Las apariencias engañan, claro. El fenómeno de los tatuajes, los piercings, los peinados estrambóticos y demás manifestaciones contemporáneas se observan en España sin hacer mucho esfuerzo, lo cual en Perú aún sigue poco desarrollado. Al margen de ello que, como digo, son apariencias, creo que tanto en España como en nuestro país la juventud va por el mismo camino. Si acá cada vez menos jóvenes ceden el asiento a sus mayores en un micro, allá es igual o tal vez peor. Embriagarse en las calles es también una práctica común. La pérdida de valores se siente tanto a ambos lados del mundo.
No es que acá seamos más humanos y allá más robots; todo es igual, con la excepción de que en Perú, por suerte, aún existen pueblos que no se han contaminado con la era “moderna” y el común de la gente es un poco más conservador.
Días atrás, después de mi viaje a España y estando de vuelta en Trujillo, caminé en la noche con un compañero de trabajo hacia mi casa y llegamos al óvalo Larco, donde hay una tienda que vende cervezas. En el lugar, un joven que iba en grupo con otros 10, en automóviles del año, estaba golpeando a otro. Lo insultaba, le daba patadas y puñetazos. El pobre tipo estaba ebrio y en el suelo. Llamé a la Policía, pero antes de que llegaran, esos 10, que definitivamente estaban borrachos o drogados, escaparon a toda marcha en sus autos de lujo. El sujeto golpeado quedó en la calle y siguió su camino, magullado y echando sangre.
Esa escena me hizo recordar a una pelea entre gitanos, una mañana en Madrid. Alba, mi hermosa novia, abrió la ventana y vimos cómo un tipo estaba parado sobre el techo de un automóvil, mientras que otro lo amenazaba con una piedra. Cerré la ventana. Al rato se escucharon los gritos de una mujer, el choque de dos automóviles y las sirenas de la Policía. Abrimos la ventana. El tipo estaba muerto. Una carroza funeraria llegó al cabo de unos minutos. Fue una típica escena de noticia policíaca que he visto durante mucho tiempo y que he redactado en innumerables oportunidades para este diario.
Otro día, vi en el metro de Madrid a peruanos convertidos en payasos, con los pelos parados, con zapatillas costosas, con aretes, con ropa de marca y hablando ya como españoles. Me dio pena y vergüenza. Sin embargo, no me sorprendió mucho porque en Trujillo o en Lima se vive el mismo fenómeno. Las personas que migran de la sierra cuelgan sus polleras, botan sus llanques, se visten con ropa de moda y así tratan de aparentar lo que no son. Un problema de identidad, de autoestima, de quererse, de querer sus raíces. En Perú, la identidad es tan frágil… Y aunque no tengan un quinto en el bolsillo, tal vez, en el fondo, aquellas personas esconden una alegría porque ya no son serranos sino “costeños”. Allá, ya no son peruanos sino “españoles”. O eso creen. Así de tonto es este mundo envilecido, allá y acá.
La diferencia más fuerte entre España y Perú es que aquí aún hay poblados menos “contaminados” pero a la vez donde la gente no tiene acceso a servicios modernos. Para todo el mundo ellos son pobres, pero si vemos un poco más allá, tal vez esas personas que viven así, que son tan “pobres” y que al mundo dan pena, sean las únicas ricas que quedan en el planeta.
Ayer vi un documental que trataba sobre la felicidad y me sorprendió cuando dijeron que las personas más felices del mundo viven en un pequeño pueblo de la amazonía peruana, a donde sólo se llega en barco. ¿Acaso ellos son pobres? Viven arando la tierra, criando sus animales, en chozas tal cual como sus antepasados, utilizando medicamentos tradicionales y comiendo lo que siembran o pescan. ¿Dónde está la pobreza? Pero, para el mundo, un lugar sin centros comerciales, sin un hospital ni un colegio privado, es un lugar pobre que merece ser ayudado. Yo diría que, en realidad para muchas de esas personas “solidarias”, es un lugar virgen que merece ser conquistado, contaminado y metido al mercado para acrecentar el número de posibles compradores.

La crisis económica
La crisis económica mundial, que en Perú es como un fantasma algo lejano (aunque algunos dicen que aquí la crisis no se siente porque el Perú siempre está en crisis), se percibe en España hasta cuando miras televisión y por eso la gente anda bastante preocupada. Ya son casi 4 millones de desempleados y la cifra sigue subiendo.
Ahora estoy en Valladolid. Viajé tres horas en un tren desde Madrid, pasando por la medieval Ávila, y estoy caminando por el casco histórico de esta ciudad mediana y fría. Alba ya me había advertido que en este lugar muchos negocios están cerrando sus puertas por la crisis, pero nunca imaginé que fueran tantos. Carteles como “remate por cierre”, “liquidación” o “precios increíbles” saltan a la vista en todas las calles. Incluso, una boutique de nombre “Markus” pintó en su vidrio exterior: "¡¡CRISIS, CRISIS, LAS MEJORES REBAJAS DE LA HISTORIA!!”
Regreso a mi habitación y enciendo la televisión. El spot de un banco anuncia un nuevo servicio de créditos con menos intereses “por la crisis”. Otro habla del último invento en la industria automotriz, “el 'coche anticrisis', que costará la increíble suma de 1.700 euros”. En este país, ahora, la crisis se huele, se siente, se observa, se come y se lee en las portadas de los diarios.
Esta situación inesperada tal vez cambie la percepción colectiva en Perú sobre España y el resto del mundo. Seguramente cada vez menos peruanos decidirán viajar para aventurarse en estas tierras en busca de una “mejor vida” y empezarán a mirar hacia adentro.
El sector más afectado es sin duda el de la construcción. Por eso, no es raro observar en algunas ciudades españolas (sobre todo en Madrid) obras inconclusas y paralizadas. Puentes o edificios, casas o caminos. La crisis se siente y se ve, ya lo dije. En estas condiciones, abandonar a la familia en Perú para “hacer dinero” en España, puede convertirse en una aventura con triste final. Piénselo bien antes de emprenderla.

martes, febrero 17, 2009






















Imágenes de una ciudad que lo tiene todo
Buenos Aires en blanco y negro






BUENOS AIRES, ARGENTINA (ENVIADO ESPECIAL). El bus demora más de dos horas desde el aeropuerto internacional Ministro Pistarini hasta el centro de Buenos Aires. Diferentes barrios van quedando atrás, pero el verdor del césped y de los álamos distraen la mirada y convierten el largo trayecto en una oportunidad para contactar, aunque detrás de una ventana, con la naturaleza. Es cierto, Buenos Aires es la ciudad más europea de Sudamérica. Aquí se respira a modernidad, a orden, a limpieza, a tango, pero también a pobreza. Ojo, no olvidar, Buenos Aires está en Sudamérica.
Zapatillas y agua fría bastan para conocer la capital argentina, que por estos días registra una temperatura superior a los 38 grados centígrados. El paseo puede comenzar en el corazón mismo de la ciudad: la Casa Rosada, sede del despacho presidencial, que data de 1594 pero que las refacciones posteriores la convirtieron en un palacio de estilo neoclásico.
Este histórico edificio, donde la estadounidense Madonna cantó en 1996 Don't Cry For Me Argentina para la filmación de Evita, se ubica en la Plaza de Mayo que, si la comparamos con Lima, equivaldría a la Plaza de Armas. El lugar impresiona por su belleza arquitectónica, pero también por ser sede de las manifestaciones políticas, sociales y culturales más sórdidas y sorprendentes, pintadas con spray o avivadas con banderolas y palos. Por ello, no es raro encontrar, frente de la misma Casa Rosada, inscripciones como: “Sin justicia jamás habrá paz, libertad a la calle” o “Estudiantes en lucha”.
Hay dos opciones para continuar la marcha. La primera es ingresar a la Avenida de Mayo y recorrer las calles más céntricas de Buenos Aires. El lugar ofrece diferentes cafés, desde los más modernos como el inglés Harmony hasta el legendario Tortoni, con más de 150 años de funcionamiento. Allí también existen hoteles de tres estrellas como el Tandil, donde la habitación matrimonial no supera los 100 pesos argentinos (95 soles), convirtiéndose en buena alternativa para hospedarse.
La segunda opción es caminar hacia la plaza trasera de la Casa Rosada, desde donde se puede ir a la avenida 9 de Julio, la del famoso obelisco (que en realidad no tiene mucho de atractivo) o seguir directo hasta Puerto Madero, totalmente remodelado, con un puente giratorio que representa a una pareja danzante de tango. Restaurantes y más cafés funcionan alrededor del río de la Plata, desde donde también parten los barcos hacia Uruguay, con atracaderos en el pueblo de Colonia, Montevideo o la exclusiva playa de Punta del Este (el viaje puede durar entre una y tres horas).
La caminata continúa. Ya hemos dejado atrás el impresionante Edificio del Ejército y el Teatro Colón (clausurado por refacción). Cruzamos un barrio moderno, con construcciones que sobrepasan los 30 pisos y llegamos a la Reserva Natural. El lugar conserva cientos de especies de fauna silvestre y vegetación. Repelente y bloqueador solar son muy útiles. Para paliar el hambre nada mejor que un sándwich de bife o chuleta de cerdo que venden numerosos carritos en la calle. Son exquisitos y combinan muy bien con una gaseosa llamada Paso de los Toros, con sabor a toronja.
El camino de vuelta nos lleva a las calles céntricas. Desde cualquier estación se puede abordar el subterráneo, que nos lleva a los barrios de San Telmo (tradicional y bohemio), La Boca (histórico y pintoresco, resalta por la calle Caminito), Palermo o La Recoleta. Precisamente en este último se ubica el cementerio de La Recoleta, donde se encuentra el mausoleo de María Eva Duarte de Perón o simplemente “Evita”. Al lugar se accede de forma gratuita.
A las playas del río de la Plata como Malvín y La Pantalla se accede en buses que circulan por el centro. Allí se puede degustar una buena parrilla o tomar algunas cervezas Quilmes. Para terminar el recorrido debemos acudir, obligatoriamente, al delta del río de la Plata en la localidad de Tigre. Allí se llega en tren. El viaje demora casi dos horas y luego se abordan embarcaciones que se internan entre las aguas y la vegetación.
Si le añadimos sus museos, casonas, centros comerciales, milongas, bares y sobre todo el calor y picardía de los porteños, nuestro viaje a Buenos Aires se convierte en una aventura inolvidable. Sí, es cierto, es una ciudad que lo tiene todo.

lunes, enero 12, 2009

Conversación vía Messenger con una abogada palestina que radica en Israel
“Israel está violando el
derecho internacional”


Mientras que los peruanos prestamos atención a las ocurrencias de la recién excarcelada Magaly Medina y del chuponeo que involucra a la Marina de Guerra, en Franja de Gaza sólo hay tiempo para sobrevivir. Allí no se puede respirar tranquilo ni salir a comprar el diario. Ni siquiera se puede abrir una llave para beber agua, ni ver televisión ni encender un miserable foco. Franja de Gaza se desangra, muchos protestan en el mundo, sí, pero Israel se tapa los oídos y no cesa sus ataques.
A través del Messenger, aquella herramienta moderna que permite comunicarnos vía Internet con algún amigo que vive en nuestra misma ciudad o con un desconocido al otro lado del planeta, entablé un diálogo con la palestina Luna Barakat, jurista de familia musulmana que radica en la ciudad israelí de Haifa y que, a sus 29 años, trabaja en materia de derechos humanos y derecho internacional.
Debo confesar que tres meses atrás Luna me contactó a través de mi blog y desde entonces entablamos algunas conversaciones vía Messenger. Llevar el mismo apellido es sólo una casualidad, pues Barakat –según me dijo– es equivalente al Sánchez o al Rodríguez en Perú.
Me encontraba yo en el aeropuerto de Santiago de Chile, esperando mi vuelo hacia Lima, el último viernes 9 de enero. La entrevista la realicé en inglés (mi inglés es básico y por ello luego recurrí también vía messenger a la licenciada en idiomas trujillana Tania Benavides Calderón). Aquí el diálogo traducido:

–Tú vives en el importante puerto israelí de Haifa, en las costas del Mediterráneo. Sin embargo eres descendiente de palestinos. ¿Cómo están en tu ciudad los palestinos por los ataques de Israel contra Franja de Gaza?
–Estamos realmente mal, mi amigo. Tú eres un periodista que sabes cómo es esto. Mi ciudad está relativamente lejos de la Franja de Gaza y por ello todos los días nos sentamos ver Aljazeera (canal de TV) donde salen las imagenes de los bebés muertos y los civiles que no tienen nada que ver con los problemas entre Hamás e Israel.

–Es terrible, lo sé. ¿Cómo te sientes tú como palestina?
–A veces quiero llorar, pero no. No sé cómo sentirme. Cada noche deseo que alguien los detenga. Deseo que la paz llegue por fin a estas tierras. Tú eres mitad palestino, por ello sabes lo que está pasando con tu gente.

–Sí, lo sé y me duele. Mi padre está muy preocupado y triste. Yo estuve hace poco en Buenos Aires, Argentina, y las protestas fueron muy fuertes en las calles. Todo el mundo está en contra de los ataques de Israel…
–Sí, pero Israel no escucha. Ellos tienen el poder y además están mejor organizados. Ellos tienen armas y ejército. Yo deseo que todos los palestinos fueran más organizados, como el pueblo judío.

–Dime, ¿Cómo observar tú este conflicto como jurista y defensora de los derechos humanos?
–Al margen de mis sentimientos y como experta en derecho internacional, considero que Israel está violando el derecho internacional. Un país no puede bajo cualquier circunstancias matar a civiles, incluso cuando hay personas que están luchando en una población civil. Israel debe acabar los ataques, no debe atacar de nuevo.

–¿Cuántos son los niños palestinos y las personas que han sido asesinadas por los ataques israelíes?
–En la zona de Gaza, hay 800 personas muertas, 230 niños, 100 mujeres y 60 ancianos, además de 6 integrantes de cuerpos médicos. El número va en aumento cada hora. (Vale aclarar que hasta ayer el número de muertos en Gaza llegaba a 901 y el de heridos a 3 mil 695).

–Palestina está dividida. ¿Qué opinas tú de Hammas y de sus ataques con bombas caseras a Israel? Al fin y al cabo, ellos rompieron el cese al fuego y lanzaron las primeras bombas…
–Los de hammas fueron elegidos de manera democrática para formar un gobierno hasta que los palestinos eligieran a alguien más. Hammas es una autoridad legítima. A Hammas los palestinos los eligieron a través de elecciones democráticas, pero eso a Israel no le gustó porque es un partido político islámico. Israel se negó a hablar con Hammas y trató de derrocarlo sin permitir que la gente tenga electricidad, alimentos y agua en Gaza.

–Derrocarlo con el sufrimiento de la gente…
–Sí, algo así. Entonces, como no había electricidad, alimentos ni agua, Hammas comenzó a disparar pequeños cohetes porque querían alimentos. Ahora Israel quiere asesinar a Hammas.

–¿Y qué opinión te merece la posición de Estados Unidos de Norteamérica?
–Yo creo que, en general, los países occidentales deberían tener más clara la situación y obligar a Israel a aplicar el derecho internacional. Todos los países deberían aplicar el mismo derecho internacional, de lo contrario, viviríamos en un estado de guerra. ¿Cuál es el punto de tener el derecho internacional cuando cada país hace lo que quiere y no escucha al mundo? Todo el mundo quiere detener a Israel pero no está escuchando, porque los EE.UU. lo están apoyando. Es hora de terminar con esta situación.

–Las protestas en el mundo también apuntan contra EE.UU.
–Sí, pero los países tienen que tener claro que hablar no es suficiente. Tienen que hacer más, como lo hizo Chávez que pidió a los israelíes abandonar la embajada en su país.

–En el Perú hay muchos descendientes palestinos que están muy preocupados y piden poner fin a todo esto.
–Eso es bueno, en realidad todos deseamos que termine pronto esta locura.