lunes, junio 07, 2010

Chile aspira a la reconstrucción y a vencer la pobreza... ¿podrá?

MADRID: Los últimos 12 años no han sido alentadores para el desarrollo económico y social de Chile, y el presidente de ese país sudamericano, Sebastián Piñera, lo sabe muy bien. Durante un almuerzo de trabajo con empresarios, políticos y periodistas, realizado días atrás en el centenario hotel Ritz de Madrid (donde estuvimos) el mandatario reconoció:
“Desde 1998 hasta el año 2009 hemos vivido 12 años de vacas flacas”.
Y luego agregó:
“Me ha tocado asumir la presidencia en condiciones adversas y trágicas”.
Piñera, flamante presidente chileno, no se equivoca. Durante la madrugada del 27 de febrero de 2010, Chile sufrió uno de los más terribles seísmos de la historia: el quinto terremoto de mayor intensidad en el mundo desde el año 1900, de 8,8 grados de magnitud Richter, seguido por maremotos y réplicas, que causó 521 muertos, más de 100 desaparecidos y cerca de 1.000.000 de damnificados.
Piñera, quien también estuvo presente en Madrid en la IV Cumbre de Europa, América Latina y el Caribe (UE-ALC 2010), junto con decenas de mandatarios de ambos continentes, aseguró:
“De los cinco terremotos más devastadores de la historia de la humanidad, dos han ocurrido en Chile. El más grande de todos sucedió en 1960 y golpeó a la ciudad de Valdivia, en mi país. Los otros tres ocurrieron en Sumatra, Alaska y Kamchatka (Rusia), y el quinto fue el del 27 de febrero, hecho que significó una nueva realidad que mi gobierno no podía ignorar”.
El terremoto hirió el corazón chileno. Se vieron afectadas seis regiones del país, donde vive el 75% de la población y se produce más del 80% del Producto Interior Bruto (PIB). El desastre liberó 800 veces más energía que el terremoto que asoló a Haití, por lo cual desvió el eje de la Tierra, acortó el día y aumentó la velocidad de rotación del planeta.
Además, una de cada 10 viviendas del país se vino abajo, así como 4.000 colegios y uno de cada tres hospitales. Las carreteras se destruyeron y los pueblos se vieron devastados. Más de 1.300.000 niños y niñas no pudieron ir a clases. En cifras, las pérdidas ascendieron a 30.000.000 de dólares, casi el 18% del PIB.
Ante esta realidad, Piñera, un hombre de padre asturiano y madre vasca nacido en 1949, doctorado en economía, docente y empresario de éxito, se ha planteado dos retos para cumplirlos durante sus cuatro años como presidente: reconstruir Chile y contribuir con un ambicioso proyecto: convertir a su país en la primera nación latinoamericana que venza a la pobreza e ingrese en las filas del desarrollo.

PROYECTO DE RECONSTRUCCIÓN
Piñera explicó en Madrid que el plan posterremoto incluye tres aspectos: atención de las emergencias, reconstruir el país y cumplir con su programa de gobierno.
La primera etapa de trabajo se centró en enfrentar la emergencia, lo cual –según el presidente– se consiguió el 31 de marzo al reponerse los servicios básicos y el orden público, y al atenderse a todos los heridos.
Otro punto importante se consiguió el 26 de abril, cuando los niños y jóvenes pudieron volver a sus clases, tras instalarse escuelas en módulos de madera o tiendas de campaña.
La vacunación contra la gripe AH1N1 y la hepatitis A, así como la implementación de los hospitales dañados, fue otro aspecto importante.
Por otro lado, Piñera informó que su país ya ha construido 50.000 viviendas de emergencia, destinadas a los damnificados.
“Implementamos el programa ‘Manos a la obra’, mediante el cual las más grandes cadenas de materiales de construcción del país entregaron a 25.000 familias todo lo necesario para reconstruir sus viviendas”, indicó.
Actualmente, se continúa con la reparación de las obras públicas. Puentes, carreteras, muelles de pesca artesanal e industrial, escuelas y hospitales poco a poco irán levantándose de entre los escombros, según prometió Piñera.
El presidente chileno propuso además un plan fiscal de 20.000.000 de dólares, durante cuatro años, que permitirá financiar la reconstrucción, pero también las mejoras en la educación y salud, la seguridad ciudadana, la creación de empleo, la descentralización del país y modernizar el Estado.
Para lograr esto, Piñera anunció en Madrid la creación de un fondo para la reconstrucción, así como la dotación de incentivos a las donaciones y mucha austeridad fiscal.
“Estamos planteando un aumento en los impuestos a las grandes empresas, a la minería, a los sectores de más altos ingresos y al tabaco”, dijo.
El fondo para la reconstrucción, que días atrás ya fue establecido, creó un sistema de incentivos a las donaciones de privados y particulares en caso de desgracia, con lo cual se espera recaudar 300.000.000 de dólares en dos años mediante aportes.
Además de esto, Piñera informó en Madrid que Chile contará con un mapa donde estarán especificadas las zonas más susceptibles de sufrir los embates de la naturaleza, como maremotos, terremotos o erupciones volcánicas.
Piñera hizo además un llamado a los empresarios españoles que quieran invertir en su país para contribuir con la reconstrucción.
“Tienen las puertas abiertas de Chile para invertir”, dijo.

CHILE: DESARROLLADO EN EL 2018
Piñera, desbordando ambición, planteó el reto de convertir a Chile en el primer país desarrollado de América Latina antes del 2018.
“La diferencia entre un proyecto y un sueño es la voluntad de llevarlo a cabo. Y también ponerle una fecha. Mientras que uno no le ponga fecha, el sueño seguirá siendo sueño. Cuando uno le pone fecha, el sueño se transforma en proyecto. Chile tiene un sueño que queremos transformarlo en proyecto, para lo cual nos hemos comprometido con la férrea voluntad y le hemos puesto una fecha. Queremos que nuestro país, antes que termine esta década, y lo hemos proyectado para el año 2018, sea el primer país de América Latina que logre derrotar el subdesarrollo y la pobreza, y logre crear una sociedad de oportunidades”, precisó.
Para lograr esto, el mandatario chileno valoró el concepto de libertad, como motor de desarrollo, inspiración, fuerza, creatividad y voluntad. Libertad, entendida como democracia.
“Yo sé que la democracia se parece mucho al matrimonio: tiene muchos problemas, pero no nadie ha inventado hasta ahora algo mejor. Y es la mejor manera de expresar la libertad en el plano político”, dijo.
En el aspecto económico, Piñera se orientó claramente a la economía de mercado.
“La mejor manera de expresar la libertad es la economía de mercado: libre, abierta, competitiva. El motor del desarrollo está en la iniciativa, en la creatividad, en el emprendimiento de hombres y mujeres libres. Y la mejor forma que hemos encontrado para tener libertad social es la igualdad. Y, naturalmente, a lo largo de la carrera, los que se esfuerzan más, los que se preparan más, van a poder llegar más lejos”, declaró.
El presidente expuso que en los últimos 24 años, Chile vivió dos períodos. De 1986 a 1997 se gozó de una etapa de “vacas gordas”, como él mismo la llamó.
“Durante esos 12 años, Chile creció a un ritmo de 8% al año y se ubicaba entre los cinco países de mayor crecimiento del mundo. Creaba empleo, se integró con el mundo, logró fortalecer su proceso de ahorro e inversión y además recuperamos la democracia. Chile crecía dos veces más rápido que el mundo y hacía noticia. Se habló durante ese tiempo del ‘milagro chileno’”, precisó.
Sin embargo, en 1998 la situación cambió bruscamente. Desde entonces, hasta el 2009, “llevamos 12 años de vacas flacas”, aseguró.
En ese tiempo, Chile redujo su tasa de crecimiento a menos de la mitad, la productividad fue cayendo y la creación de empleo se debilitó sustancialmente. Por lo tanto, Chile pasó de estar entre los cinco países de mayor crecimiento del mundo a estar en la medianía de la tabla.
“Estamos en una posición donde no se aspira a ser campeón, pero tampoco se corre el riesgo de descender. No es una posición apropiada para un país que aspira a derrotar al subdesarrollo y la pobreza”, señaló.
Para terminar con la época de ‘vacas flacas’ y recuperar el liderazgo, el dinamismo en el empleo y volver a hablar del ‘milagro chileno’, el gobierno de Piñera se ha propuesto lograr una tasa de crecimiento anual de 6%, además de aumentar al doble la capacidad de creación de empleo y empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y al narcotráfico.
“También debemos mejorar nuestros sistemas de educación y salud. Haremos una reforma profunda, de forma tal de no sólo aumentar la cobertura, que en Chile es muy satisfactoria, sino mejorar la calidad, que en Chile es muy deficiente. Tenemos niveles de cobertura europeos, pero niveles de calidad africanos”, ejemplificó.
Muy optimista, Piñera aseguró que con mucho trabajo, su país logrará entrar en el desarrollo.
“Estoy convencido de que con democracia, economía de mercado abierta e igualdad de oportunidades, vamos a ganar la carrera hacia el desarrollo”, puntualizó Piñera, quien está orgulloso de ser el primer presidente de derechas elegido democráticamente en Chile desde 1958, y de haber puesto fin a 20 años de gobiernos de centroizquierda en su país.

jueves, mayo 13, 2010

13 DE MAYO. Una visita cargada de sorpresas, recuerdos, peticiones y lágrimas
Mi encuentro con la Virgen de Fátima, en Portugal
Impresiones y alguna confesión en uno de los santuarios católicos más visitados del mundo.

FÁTIMA, PORTUGAL. Durante mi vida he tenido numerosos encuentros con la Virgen de Fátima. Alguna vez, cuando apenas era un niño y estudiaba la primaria en el colegio Claretiano, cargué al hombro una pequeña anda con su imagen, ataviada de flores blancas y amarillas, en una de las habituales procesiones de mayo dedicadas a la madre de Jesús que –como nos lo había contado el profesor de religión Wilfredo Olaya Viera– apareció ante tres niños pastores en Portugal, un país que para mí en aquel entonces se encontraba al otro lado de la luna, más allá del horizonte, tal vez cerca de la China, de Estados Unidos, de Ecuador o de Lima. Todo estaba lejos para mí en aquellos tiempos.
Aunque mi memoria es pésima, recuerdo como si fuera ayer, y me sorprende que ya hayan transcurrido más de 20 años, cómo los niños de cada clase debíamos peregrinar y cantar todos los días de mayo durante las formaciones, en el patio del colegio. Tal vez porque siempre me ha gustado cantar, tengo metida en la cabeza la letra de uno de los temas religiosos dedicados a esas breves ceremonias. ‘Salve, salve cantaban, María, que más pura que tú sólo Dios, y en el cielo una voz repetía, más que tú, sólo Dios, sólo Dios’. El ambiente era contrito y solemne, tal vez envuelto en el miedo por la presencia de curas de sotana, pero también de alegría por nuestros familiares que aplaudían y saludaban desde lejos agitando las manos.
Dos décadas después, a mis 29 años, he llegado con Alba, mi novia, al mismo lugar donde la Virgen se apareció en 1917, en numerosas oportunidades, ante tres niños pastores: Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco. Volamos de Madrid a la ciudad de Oporto (Portugal), dimos un paseo romántico a orillas del río Tajo y bebimos una copa de vino tinto en una noche fresca, de garúas y adornada con farolas amarillas. Al amanecer, tomamos un tren con rumbo a la ciudad de Coimbra y luego abordamos un autobús que cruzó los parajes más verdes de la Península Ibérica y nos condujo hasta Fátima, un pequeño y bendito poblado con no más de 10 mil habitantes donde se encuentra el famoso Santuario de la Virgen, un lugar que cada año es visitado por casi 5 millones de creyentes de todo el mundo.
Los católicos creemos que la Virgen apareció en seis oportunidades, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, ante tres niños pastores y primos, en el sector conocido como Cova da Iria, situado en las proximidades de la ciudad portuguesa de Fátima. Allí había una encina que, según narraron los niños en aquel entonces, empezó a irradiar una luz enceguecedora para luego hacer su aparición una hermosa mujer vestida de blanco.
Lucía tenía diez años, Francisco nueve y Jacinta sólo seis. Ellos cumplieron con el mandato de la Virgen y regresaron durante los seis meses siguientes al lugar indicado para recibir los mensajes y los mandatos de la madre de Dios, entre los cuales figuraba rezar el Rosario con fervor y construir un templo en el mismo lugar de las apariciones. Otra canción resume bien este episodio: ‘El 13 de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova da Iria. Avé, Avé, Ave María, Avé, Avé, Ave María…’.
El autobús nos dejó en la terminal del pueblo y desde allí caminamos hasta el Santuario. Eran poco más de las tres de la tarde. Cruzamos unos jardines y entramos en la Plaza Pío XII, una explanada tan grande como la Plaza de San Pedro del Vaticano. Algunos peregrinos iban de rodillas y con las manos juntas hacia la Capilla de las Apariciones (Capelinha das Aparições), construida en el lugar exacto donde se encontraba la encina de la cual surgió la Virgen. Algunas personas rezaban, otros fotografiaban el lugar. Nosotros nos sentamos algunos minutos en una de las bancas para elevar una plegaria y también contemplar la imagen de Nuestra Señora de Fátima.
Salimos. Al centro mismo de la explanada veíamos la gran Basílica del Santuario, de estilo neobarroco, adornada con imágenes de santos y ángeles y con una torre rematada con una inmensa corona dorada. El reloj marcaba las 3.55 de la tarde y yo en aquel momento saqué cuentas y pensé que en Perú eran recién las 9.55 de la mañana. Además, viéndola bien, recordé que alguna vez alguien me dijo que la pequeña capilla construida en la cima del cerro Santa Apolonia de Cajamarca es una réplica en miniatura de esta basílica portuguesa. Y sí que lo es.
La Iglesia Católica explica que, durante sus apariciones, la Virgen María realizó varias profecías y entregó a Lucía, por ser la mayor, los tres secretos de Fátima, sobre los cuales se ha especulado muchísimo y hasta se han tejido historias relacionadas con el fin del mundo y con catástrofes venideras redactadas en alguna supuesta carta apocalíptica entregada por la Virgen a los niños. Una carta inexistente, según la Iglesia.
Además, hay algunos hechos históricos que se asocian con los mensajes dados por la Virgen, entre los cuales resaltan la desintegración de la Unión Soviética como Estado Socialista y su reconversión al Cristianismo, el fin de la Primera Guerra Mundial, el atentado cometido contra el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 y la muerte prematura de Francisco y Jacinta (Francisco murió el 4 de abril de 1919 y Jacinta el 20 de febrero de 1920 y en el año 2000 fueron beatificados).
Subimos de la mano algunos escalones y entramos en la Basílica. Hace frío. El cura está oficiando la misa en portugués. Suena raro, pero melódico. Me gusta. En el arco del crucero del templo hay un mosaico donde se lee: ‘Regina Sacratissimi Rosarii Fatimae ora pro nobis’ (Reina Sagrada del Rosario de Fátima, ruega por nosotros). Damos un paseo y encontramos efigies de muchos santos, pero me llaman la atención la de San Antonio María Claret, fundador de la Congregación de Misioneros del Corazón de María (a la cual pertenece el colegio donde estudié) y la de Santa Teresa de Ávila, ya que precisamente Ávila es la medieval ciudad española donde Alba nació. Tomamos fotos. Caminamos. Siempre en silencio. La misa continúa.
Debo aclarar que actualmente no participo de rituales como la misa dominical y mucho menos de la confesión, pero al margen de ello cada vez que ingreso en una iglesia siento que allí está Dios. Y le pido. Y le agradezco. Esta vez, en Fátima, puedo sentir presente a la Virgen. La siento en las rodillas lastimadas del hombre que ha recorrido a gatas el Santuario, de la mano de una mujer que presumo que es su esposa. ¿Qué le pedirá?, ¿qué problema tendrá?, pienso. ‘Seguro está agradeciendo por algo’, me dice Alba con sabiduría. Sí, seguro está dando las gracias. La Virgen está aquí. No sólo en las imágenes y en el impresionante templo. No en las estampillas ni en los recuerdos tallados en piedra. Ni siquiera en los rezos, sino en los corazones de toda esta gente que no viene a hacer turismo sino a encontrarse con ella. Cuestión de fe.
Iniciamos la retirada. Recuerdo entonces que mi gran amigo el ‘Chino’ Yarita se casó en la iglesia de Fátima de Trujillo y que allí también se realizó el velorio de mi recordada abuelita, con los santos cubiertos por mantas oscuras porque era Viernes Santo. Caminamos cerca de una cruz de madera que luego averiguamos que tiene una altura de 27 metros y vemos también un módulo de hormigón del Muro de Berlín, cubierto por cristales, que fue colocado allí para recordarle al mundo la caída del comunismo. Alba, que aún no tiene muy claro sus creencias religiosas, se acerca al preciso lugar donde se encienden cirios y se conversa con la Virgen. Hay unas diez personas. Se queda quieta, entre ellas, mirando fijamente el fuego parpadeante de las velas y sintiendo un calor tal vez divino. Yo me pierdo en las ideas y recuerdo que Fátima es un nombre de origen árabe que significa Espléndida. Se llamaba así la hija de Mahoma, el profeta del Islam, y fueron precisamente los árabes quienes –durante la ocupación de la Península Ibérica– habrían bautizado así a la ciudad portuguesa donde siglos más tarde apareció la Virgen María. Casualidades.
¿Vámonos ya?, le digo a Alba. Ella voltea, me mira y me abraza. No sé qué sintió en ese lugar, ni qué le pidió a Dios o a la Virgen, lo único que sé es que estuvo llorando.
Mi hermana nació el 13 de mayo y aunque todos le decimos Malú, ése es sólo un apelativo derivado de las primeras sílabas de sus nombres: María Lucía. Le pusieron María por la Virgen de Fátima y Lucía por la pastorcita. El parto fue complicado. Trujillo, 1985. Toque de queda. Pañuelos blancos en medio de la noche para evitar las balas. Mi hermana se había tomado el líquido amniótico y nació, por cesárea, casi asfixiada. Aunque la llevaron a la incubadora, había dudas de que sobreviviera. La leyenda familiar cuenta que mi padre le prometió a la Virgen que si ella vivía, él dejaría de fumar. Y evidentemente lo hizo. Tras 30 años de haber fumado hasta tres cajetillas diarias ya lleva 25 años sin probar un solo pucho. Hace dos años viajé con él a Lima para que se sometiera a un chequeo médico en la clínica Javier Prado. El médico, con una radiografía de sus pulmones colocada en esa lámpara blanca y rectangular de los consultorios, le dijo: “si usted no hubiera dejado de fumar cuando lo hizo, ya se habría muerto”. Ahora, que lo pienso, lo analizo y lo interpreto, puedo decir con plena convicción que la Virgen de Fátima no sólo me dio a mi hermana, sino también a mi padre. Gracias por ello.

martes, mayo 04, 2010

¿Cuál es la génesis y la realidad de la piratería en el país más pobre del mundo?

Somalia y el tesoro del pirata

Se dice que los piratas aparecieron en el mundo poco después de que el primer hombre decidiera hacerse a la mar. Episodios de la Grecia Clásica como el de Jasón, que guió a los Argonautas para conseguir el Vellocino de Oro, o el de Odiseo en su regreso a Ítaca, tan cargado de muertes y saqueos, son considerados como claros actos de piratería.

Aunque el término piratería nos remonte a épocas ancestrales como la del Imperio Romano, la Edad Media o el descubrimiento de América, así como a banderas negras y calaveras, esta práctica vinculada al robo y al secuestro en altamar (aunque casi siempre los piratas han sido considerados héroes en sus naciones), continúa siendo motivo de titulares en los medios de comunicación.

Uno de los sitios más asociados con la piratería en nuestros días es Somalia, una nación ubicada en la zona conocida como ‘Cuerno de África’ (al noreste del continente) y que, al carecer de un Estado con estructura formal (el territorio está dividido en zonas de influencia dirigidas por clanes, señores de la guerra y líderes religiosos), ni siquiera se puede considerar como un país propiamente dicho.



Un país fallido

Además de ser considerado el lugar más pobre, corrupto y peligroso del mundo, lo que se conoce con el nombre de Somalia es un territorio donde habitan unas 12 millones de personas con una media de ingreso mensual de sólo 30 euros.

Según algunas estimaciones, de cada 100 habitantes, 60 son pastores nómadas o seminómadas de vacas, camellos, ovejas o cabras; 25 se dedican a la agricultura de consumo en las regiones fértiles del sur (entre los ríos Juba y Shebelle); y las 15 restantes viven en las escasas áreas urbanas.

Su capital simbólica es Mogadiscio. Se escogió como tal el 1 de julio de 1960, fecha en que Somalia se independizó de Italia y Reino Unido y se proclamó como país. Esta ciudad se ubica en la costa del Océano Índico y cuenta con una población de 1.700.000 habitantes.

Somalia ostenta tristemente las peores condiciones de vida del mundo según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La esperanza de vida de los somalíes llega sólo a los 49,7 años (en Noruega, el país con más alto Índice de Desarrollo Humano (IDH) del mundo, la cifra llega a 80,5 por ciento). Esto significa que en Somalia una persona es anciana a los 35 años.

Caos, hiperinflación, sequía, hambre, desplazados, muerte y guerra son términos que encajan a la perfección para describir a este lugar que, aunque está ubicado muy cerca del Ecuador Terrestre, tiene la mayor parte de su territorio en estados árido y semiárido, con lluvias casi nulas. En otras palabras, Somalia es algo así como el infierno.

Este seudopaís africano importa el triple de lo que exporta y la vida de sus habitantes depende de las ayudas de otras naciones. Sólo hay un médico por cada 25 mil habitantes (sólo 100 en Mogadiscio) y la malnutrición afecta a 26 de cada 100 niños menores de cinco años. Además, existe más de un millón de refugiados somalíes fuera del continente africano y otros cientos de miles de desplazados en países vecinos o en el interior de su propio territorio.

Aunque su tasa de mortalidad infantil es de 114,89 muertes por cada 1.000 nacimientos, se estima que Somalia tiene el más alto índice de crecimiento poblacional de África. Por ello, registra la increíble tasa media de siete hijos por cada mujer. A esto se debe añadir que casi el 90% de la población es analfabeta.

Con respecto a la religión, el 98,4% de los somalíes son musulmanes y el restante 1,3% profesa el cristianismo u otras creencias. Como la mayoría es suní, casi la totalidad de la nación no toma alcohol ni practica juegos de azar, pero sobre todo no come cerdo. Por ello, y porque en su país la agricultura es casi imposible, su alimento preferido y casi el único al cual podrían tener acceso es el pescado.



Los verdaderos piratas

El pescado. Este producto ha sido ancestralmente el alimento de los pueblos tribales asentados en el ‘Cuerno de África’, que con el transcurrir de los siglos se convirtieron en Somalia.

El periodista español Bruno Cardeñosa, a través del programa radial ‘La Rosa de los Vientos’, presentó en noviembre del 2009 un informe muy completo sobre las causas de la piratería en Somalia, que se puede encontrar en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=xtybedDCLIA). Allí se empieza a contar la historia de este país desde su fundación como tal en 1960.

“Después de haber estado sometido al colonialismo y pillaje de Europa, Somalia se independizó en 1960 de Italia e Inglaterra. Sin embargo, las nada claras fronteras desataron guerras con países vecinos como Etiopía y Kenia. Contra Etiopía la guerra duró 11 años”, narra el informe.

Uno de los episodios que marcó más a Somalia ocurrió en 1991, cuando el dictador Mohamed Siad Barre fue derrocado por la oposición y tuvo que huir del país. Entonces, Somalia se desmembró y Mogadiscio quedó en manos del general Mohamed Farah Aidid. Esto desató una guerra civil que causó más de 300 mil muertos, que en poco tiempo cumplirá 20 años y que aún no muestra visos de solución.

“Desde entonces, el país está descuartizado, dividido en regiones lideradas por clanes. La pobreza se ha convertido en un anhelo, porque la miseria que se vive allí es inimaginable”, apunta el informe radial.

En el presente, se desconoce el número exacto de muertos y desplazados somalíes por las guerras y los intereses foráneos que, confabulados con la corrupción, han desangrado a este pueblo. “Sólo se mira a Somalia para hablar de piratería o del Islam, pero la piratería no es el principal problema… es el hambre”, precisa el informe.

Con el desmembramiento político del país, en 1991, también ocurrió un hecho que se podría considerar como la génesis de la piratería actual en Somalia. Al fracturarse el Estado, y convertirse en un lugar sin gobierno ni leyes, también desapareció la Guardia Costera, que patrullaba las aguas del Índico para evitar la pesca ilegal en aguas somalíes.

Al desactivarse la vigilancia, los mares de Somalia se fueron llenando de buques internacionales, sobre todo pertenecientes a empresas europeas, chinas y norteamericanas, que depredaron ilegalmente el mar somalí de una forma tan increíble que las ya empobrecidas personas prácticamente perdieron su único alimento: el pescado. Atún, camarones, langostas, barracudas y rayas. Estos animales eran capturados por los barcos, mientras que los peces más pequeños eran separados y devueltos sin vida al mar. La imagen de toneladas de pescados muertos y varados en las orillas indignaba al pueblo somalí.

Eso no fue todo. Muchos busques no sólo se llevaron los peces, sino que arrojaron basura radiactiva en las aguas de Somalia. Uranio, cadmio y mercurio fueron algunos de los elementos que se lanzaron en barricas hasta el fondo del mar. No obstante, el tsunami del año 2005 sacó a flote estos depósitos que envenenaron las aguas, mataron a los peces y se presume que causaron la muerte de al menos 300 personas en las costas (hasta ahora hay niños que nacen con malformaciones).

Se presume que muchos de estos metales provienen de fábricas y hospitales europeos y que la mafia italiana habría sido una de las encargadas de arrojar –a bajo precio– estos desechos en el mar.



Surgen los piratas

En esta coyuntura apareció la piratería. Fueron los mismos pescadores artesanales somalíes quienes se agruparon y, bajo el nombre de Guardacostas Voluntarios, empezaron a patrullar las aguas de su país para evitar la pesca ilegal y capturar a quienes ingresen en sus aguas.

Utilizando barcos medianos y lanchas, así como garfios, cuerdas, armas de fuego y hasta cohetes conseguidos mediante el tráfico ilícito de armas, los piratas empezaron a interceptar a los barcos y a tomar como rehenes a sus tripulantes, para luego pedir millonarios rescates. La figura consiste en que, tras las negociaciones, un helicóptero se acerca al barco capturado y arroja bolsas con el dinero pactado. Después, los piratas liberan a sus víctimas y se marchan.

El objetivo fue siempre pedir dinero y luego huir. Algo así como cobrar impuestos. Cuando apareció la piratería, uno de los líderes de estos grupos, Sugule Ali, dijo: “Nuestro objetivo es detener la pesca ilegal y la descarga en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos del mar. Consideramos bandidos del mar a quienes pescan ilegalmente y descargan en nuestros mares, botan basura en nuestras aguas y portan armas en nuestros mares”.

Considerando que el Golfo de Adén, ubicado al norte de Somalia, es el lugar de paso para el 30% del petróleo del mundo, la presencia de los piratas empezó a preocupar a países como Estados Unidos, China y a la Unión Europea, sobre todo, pues sus barcos eran atacados y secuestrados. No obstante, la piratería, como una respuesta ante los abusos y la pobreza, fue degenerando y se convirtió en una forma de vida. En un buen negocio.



No son Robin Hood

Lejos de la imagen del varón inglés que asaltaba a los nobles para distribuir la riqueza entre los pobres, los piratas somalíes se han convertido en delincuentes. La doctora egipcia Soha Abboud Haggar, especialista en estudios árabes e islámicos y docente de la Universidad Complutense de Madrid, considera que la piratería surgió motivada por la pobreza de Somalia, pero reconoce que ahora mismo los piratas han conformado mafias que tienen el único propósito de lucrar.

“Los piratas viven rodeados de un mundo muy rico y el atracar barcos es una forma de ganar dinero y vivir mejor. Se lucran ellos y son unos piratas, como su nombre lo dice”, asegura.

Tras aclarar que no se debe relacionar a la piratería somalí con el Islam y recordar que la pobreza fue el desencadenante de los atracos a los barcos, Abboud Haggar explica que en Somalia se han conformado núcleos liderados por los piratas que se han enriquecido. “Ahora en Somalia hay núcleos que se enriquecen y que compran armas. Los piratas han visto en esto una fuente de dinero impresionante”, precisa.

Y no se equivoca. Aunque los piratas aseguran distribuir los rescates “con justicia”, se conoce que el dinero recaudado por cada barco, que puede ir entre 250.000 y 2 millones de euros, no llega al pueblo que muere de hambre.

El pueblo norteño de Eyl, ubicado en la región de Puntland, ha encontrado en la piratería una forma indirecta de desarrollo. Desde restaurantes y hoteles muy bien acomodados (sobre todo para la estancia y la alimentación de los secuestrados), hasta la construcción de casas de lujo y la circulación de coches del año, esta localidad se ha enriquecido de forma desmedida gracias a los rescates conseguidos por los piratas. Esta situación ha encarecido el lugar y ha introducido la prostitución y la venta de drogas y alcohol. Además, ha permitido que muchos de los asaltantes, al tener los recursos económicos suficientes, puedan contraer matrimonio con varias mujeres.

Los más favorecidos con el dinero de los rescates son, sin duda alguna, los jefes de las milicias que dominan parte del país y los líderes de las agrupaciones piratas. Se presume que los piratas que abordan los barcos obtienen un 30% del botín. Otro 30% se destina a sobornar a oficiales locales, un 20% más para los cabecillas y el 20% restante se destina a la compra de municiones y víveres.

Incluso, se cree que los piratas habrían creado una especie de bolsa de valores en la localidad de Haradheere (con unos 6 mil habitantes), donde puede invertir (de forma directa o aportando armas o dinero) todo aquel que quiera obtener alguna ganancia de los atracos a los barcos.

Se estima que ahora existen unos 1.500 piratas y que cada día se suman más jóvenes a sus filas, atraídos por el dinero. Ser pirata se ha convertido, para la juventud, en una aspiración. Es decir, la población somalí ahora ya no anhela convertirse en pescador, sino en pirata.



Un problema profundo

Aunque los países más ricos del mundo se preocuparon por la presencia de los piratas, cuando éstos aparecieron, el pueblo del vecino Kenia se alegró. Esto, porque los piratas ahuyentaron a los grandes barcos y después de muchos años los pescadores keniatas volvieron a ver sus redes llenas. Los peces se pudieron reproducir.

Sin embargo, el gobierno de Kenia suscribió un convenio con Estados Unidos, China y la Unión Europea para juzgar en su territorio a los piratas somalíes capturados por las fragatas de guerra que ahora abundan en el Índico (hay algunos piratas condenados a siete años de prisión que se encuentran encarcelados en Kenia).

Alberto Herrero de la Fuente, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Valladolid, explica que esta figura jurídica es legal y que incluso se puede abrir fuego contra las embarcaciones de los piratas (cosa que ya se ha hecho muchas veces).

“El que captura a los piratas puede juzgarlos en el propio país del buque, o en un tercer país, pero siempre que en ese tercer país no haya pena de muerte o torturas. Además, en la lucha contra los piratas está permitido utilizar todos los medios necesarios, lo que incluye la fuerza armada”, declaró.

Se presume que desde 1991 hasta la fecha, los piratas somalíes han cometido más de 3 mil ataques contra buques de pesca o cargueros. Ante esto, las fuerzas de la OTAN, la Unión Europea y fuerzas combinadas internacionales han enviado a la zona cientos de buques de la Task Force 150 para luchar contra ellos. El Golfo de Adén, el golfo de Omán, el Mar Arábigo, el Mar Rojo y el Océano Índico se han convertido desde entonces en las aguas más patrulladas del mundo.

En algunos rescates de rehenes ya han muerto, por lo menos, cinco piratas, mientras que éstos casi siempre no han maltratado a sus prisioneros.

En diciembre del 2006, con el aval de Estados Unidos, Etiopía invadió Somalia y la guerra dejó por lo menos 1.000 muertos. Se pretendía “restaurar” el orden político y la gobernabilidad en Somalia.

A esto se debe sumar que en el 2007, Estados Unidos, bajo la presidencia de George Bush, bombardeó Somalia en tres oportunidades para exterminar a supuestos integrantes de Al Qaeda escondidos en ese país como parte de su “lucha contra el terror”.

Cabe precisar que actualmente existen tres centros de poder que se mantienen a duras penas en Somalia: la República Democrática de Somalia, en el sur, que comprende a la capital Mogadiscio; Puntland, en el noreste; y Somalilandia en el noroeste.

Al terminar el 2009, el primer ministro somalí, Omar Abrirashid Ali Sharmarke, prometió eliminar la piratería en el 2010. Sin embargo, reconoció que la ingobernabilidad que se sufre desde 1991, “entre otros factores”, hacen muy difícil cumplir esta meta.

Una de las peores consecuencias de la presencia de los piratas, como fruto de los abusos del mundo moderno, es que la ayuda humanitaria que se envía a Somalia para auxiliar a los desplazados internos está en peligro. La ayuda parte del puerto de Mombasa, en Kenia, y decenas de barcos ya han sido asaltados en altamar.

El periodista Hernán Zin describe bien esta situación. “El Programa Mundial de Alimentos lleva desde 2005 pidiendo ayuda para que se protejan los envíos de ayuda. Aunque la Task Force 150, fuerza naval creada en 2003 para luchar con el terrorismo –en la que participaba España y que tiene base en la vecina Yibuti– se encuentra en la región, y ha protagonizado más enfrentamientos con piratas que con islamistas, su presencia no ha sido suficiente para evitar que la delincuencia siga aumentando en las aguas territoriales somalíes y en sus aledaños”.



Ataques contra España y otros grandes secuestros

España sufrió, entre el 20 y el 26 de abril del 2008, el secuestro del atunero vasco Playa de Bakio, con 26 tripulantes a bordo, y el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero negoció con los secuestradores y supuestamente pagó una fuerte suma de dinero por el rescate. Desde entonces, el país ha apoyado la lucha contra la piratería en Somalia. Incluso, hace algunas semanas se anunció la puesta en marcha del satélite Deimos-I, que será controlado desde el Parque Tecnológico de Boecillo (Valladolid), para detectar barcos piratas en Somalia y pateras o cayucos en el Mediterráneo.

El 26 de noviembre de 2008, cuando elaboraba un reportaje sobre la piratería en Somalia con un compañero británico, el fotoperiodista español José Cendón fue secuestrado en Bosasso (Puntland). Él y su compañero fueron liberados el 4 de enero del 2009, luego de negociaciones en Londres y Kenia.

Otro de los buques atuneros vascos secuestrados por piratas, y tal vez el más sonado, fue el Alakrana, que fue secuestrado el 3 de octubre del 2009 al sur de Somalia. La captura duró 47 días y para su liberación se pagó unos 4 millones de dólares. Desde entonces, los vigilantes de buques con bandera española pueden emplear armamento de hasta 12,70 milímetros.

A fines de marzo del 2010 una agencia de noticias lanzó un teletipo con la alerta de que otro buque español había sido secuestrado en Somalia, pero el Gobierno desmintió esa información. Fue una falsa alarma.

Dos casos muy sonados de ataques piratas corresponden a los cometidos en el buque petrolero MV Sirius Star y en el carguero Maersk Alabama. El MV Sirius Star, un petrolero de gran tamaño, fue capturado el 15 de noviembre de 2008, cuando navegaba de Arabia Saudí hacia Estados Unidos, con 25 hombres a bordo y cargado con diesel. Tras el pago de unos 3 millones de dólares, el barco fue liberado el 9 de enero de 2009.

El carguero danés de bandera estadounidense Maersk Alabama fue atacado en abril del 2009 y los piratas lograron secuestrar a sus 20 tripulantes, entre ellos a su capitán, Richard Phillips, en un asalto que fue llevado a la televisión mediante el reportaje de National Geographic llamado ‘Secuestro Pirata’.

Phillips se ofreció a cambio de los otros 19 tripulantes y los piratas aceptaron. El FBI intervino en las negociaciones de rescate y el oficial fue liberado al cabo de cinco días, luego de un enfrentamiento armado con los captores que terminó con la vida de tres piratas y permitió la captura de uno. Desde entonces, los piratas somalíes amenazaron con asesinar a cualquier estadounidense que se atreviera a navegar en sus aguas.



Hay quienes justifican a los piratas

Aunque los secuestros de cargueros y barcos de pesca continúan, por parte de los piratas, y éstos son considerados como ladrones y criminales, existen millones de comentarios y artículos periodísticos que condenan los abusos de occidente contra Somalia y exigen más ayuda para este pueblo.

El periodista Ernesto Carmona, en un artículo titulado ‘Mienten sobre los piratas en Somalia’, que difundió el sitio web www.kaosenlared.net, explica la naturaleza de esta situación y dibuja la realidad del pueblo somalí.

“En Somalia, sólo la lucha diaria por una ración de comida le da sentido a la palabra mañana. No se ven patas de palo ni loros en el entorno de los “piratas”. La etapa siguiente de esta guerra hollywoodense podría ser un desembarco masivo para perseguirlos en tierra firme, en un ‘remake’ de Irak y Afganistán, pero sin ningún héroe tipo Rambo. Esta vez no se trata sólo del petróleo sino de otro tipo de riquezas”, escribió.

Él considera que “la piratería de hoy en Somalia es una actividad desesperada de sobrevivencia mediante cobro de peaje e impuestos a los depredadores”.

Otro periodista que se pronunció fue el británico Johann Hari, quien publicó el 4 de enero de 2009 en el Huffington Post un artículo titulado ‘Le están mintiendo sobre los piratas’. “El gobierno de este país del Cuerno de África colapsó en 1991. Desde entonces sus habitantes han estado sumergidos en el hambre y muchas de las fuerzas más feas del mundo occidental han visto esto como una gran oportunidad para robar las fuentes de aprovisionamientos de alimentos del país y descargar nuestra basura nuclear en sus mares”, explicó.

El periodista inglés cuestionó con firmeza la posición de Europa y la lucha contra los piratas somalíes. “¿Esperan que los somalíes que mueren de hambre se instalen pasivamente en sus playas, revolcándose en nuestra basura nuclear y observen cómo les arrebatan sus peces para comérselos en restaurantes de Londres, París y Roma?”, preguntó.

“Cuando algunos de los pescadores respondieron interrumpiendo el tránsito del 20% del suministro de petróleo del mundo, comenzamos a chillar. Si queremos realmente ocuparnos de la piratería, necesitamos detener su causa original —nuestros crímenes— antes que enviar las cañoneras para desarraigar a los criminales de Somalia”, planteó.

Hari recordó en su artículo a un pirata que vivió y murió en el siglo IV antes de Cristo. “A ese pirata lo capturaron y lo condujeron ante Alejandro el Grande, quien exigió saber ‘¿qué pretende conservando la posesión del mar?’ El pirata sonrió y respondió: ‘Significa que ustedes están agarrando el mar y la tierra entera, pero por lo que hago con una nave pequeña, me llaman ladrón, mientras quien lo hace con una gran flota le llaman emperador’. Hoy de nuevo nuestras grandes flotas imperiales están en Somalia, pero ¿quién es el ladrón?”, puntualizó.

Un internauta apodado ‘Cid-boy’ apoyó a los piratas y cuestionó los abusos. “¿Hasta cuándo va a seguir este relajito en el planeta? Millones muriendo y sufriendo y los ricos cada vez más ricos. ¡Basta ya! Cuando leo esto de piratas robándole a los que más tienen, me alegro, pues aunque criminales, ellos no son más que humanos tratando de ser en este mundo imposible. Si los ricos compartieran sus millones de papelitos con los millones de desamparados, este tipo de asaltos disminuirían”.

Mientras que Occidente quiere exterminar a los piratas que atacan sus barcos e interrumpen el tránsito de petróleo, Somalia es un lugar que sufre la peor crisis de hambruna de toda la historia, con 100 mil niños padeciendo de inanición, y cuya juventud enarbola la bandera de la piratería entendida como una forma de ganar dinero. ¿Quién tiene la razón? Saque usted sus propias conclusiones.

martes, abril 06, 2010

Sesenta y seis días en España


Los últimos alientos del sol agonizaban en la distancia y el cielo parecía arder en llamas. El ferrocarril rugía y chillaba mientras surcaba las montañas del centro español que aún conservaban vestigios de antiguas nevadas. Eran las nueve y catorce pero la noche aún no quería ser noche. Una estrella confundida ya se asomaba en lo alto, pero era opacada por el resplandor amarillo de las farolas artificiales.

Un árbol solitario aparece en medio de la nada y un caballo corre en una colina. Los destellos de la noche que no es noche y los elementos que van quedando atrás, uno tras otro por el movimiento del tren, convierten mi ventana en una pintura al óleo.

Ávila también ha quedado atrás. El gusano de metal se pierde en un túnel y los pasajeros quedamos en tinieblas. Alba siente miedo porque es claustrofóbica. La intento tranquilizar. Cobra valor, respira, se controla. El tren vuelve a la luz, al mundo real, al camino, y yo pienso: ¿qué he aprendido de España en estas semanas?

Hoy cumplo sesenta y seis días viviendo en Madrid. Aquí asisto a clases de periodismo, historia, lenguaje y actualidad, que complemento con prácticas en la agencia de noticias Servimedia, que en realidad es pequeña en comparación con las demás de por acá. Aclaro eso porque, aunque Servimedia es “pequeña”, en ella trabajan cien periodistas (en el diario La Industria de Trujillo no pasamos de 30). Pero, aun así, es pequeña.

Todo marcha bien, sí. España es un país precioso, con pueblos medievales sacados de un cuento, con paisajes extraordinarios, con playas limpias y azules y con un verdor en el norte ante el cual sólo puedes sonreír de felicidad. En otras palabras, España es un país ideal para hacer turismo. Sí, para hacer turismo, porque no lo es para vivir. O eso pienso. Yo, al menos, no quisiera criar a los hijos que algún día tendré en un lugar donde los viejos no le pueden mirar a los ojos a los jóvenes porque les tienen miedo (o repulsión), donde muchas personas ya no conocen el significado de la palabra respeto y donde las frivolidades de la moda y los egoísmos propios de este sistema –considerado el menos malo– mantienen a la gente con el cerebro adormilado.

Sé que hay que relativizar las cosas y generalizar lo menos posible, pero también sé que una manzana podrida pudre todo el cesto. Y, aunque España aún no está podrida, hay algo que ya huele muy mal en estas tierras.

Dicen que a veces no hay nada más frustrante que cumplir un sueño y yo creo que esa frase tiene mucho de cierto. Cuando anhelas algo, cuando deseas algo o, más simple, cuando sueñas con algo, te sientes preso de la impaciencia, estás inquieto o simplemente buscas ideas para concretizar ese sueño. Pero, después de un tiempo, y si por fortuna o por esfuerzo alcanzas ese sueño, te encuentras ante el final de un camino que apareció, tal vez, de forma repentina. Cruzas la meta y entonces dices: ¿y ahora, qué hago?

El tiempo va transcurriendo y de forma paulatina vas acostumbrándote a esa nueva realidad. Todo se va sintiendo más “normal”, más común, más cercano, o en ocasiones menos especial de lo que imaginabas, de lo que soñabas. Esa sensación es la que ahora me invade en Madrid, sesenta y seis después de haber llegado. Yo soñaba con España, porque de aquí es mi novia. Yo quería vivir aquí para estar con ella y también porque consideraba que España era un lugar mejor. ¿Qué me ocurre, entonces, sesenta y seis días después de haber llegado? ¿Será la rutina?, ¿será la costumbre? ¿Será que ya es tiempo de plantear nuevos proyectos y volar con Alba hacia otros destinos? Eso ya lo determinaremos juntos, pero para ser franco, me he desencantado de lo que es España, un país “desarrollado” porque aquí la gente tiene luz, agua potable y desagüe. Tiene trenes y autopistas, tiene edificios altos y una recién estrenada televisión digital de alta definición. Pero… ¿eso es desarrollo?

Yo me pregunto, ¿qué ocurre con el corazón?

¿Qué ocurre con el desarrollo intelectual?

¿Qué ocurre con la felicidad?

¿Qué ocurre con la educación y los valores?

¿Los peruanos, que somos “subdesarrollados”, aspiramos a convertirnos en un país como España?

¿Esto es el desarrollo?

El consumismo, la frialdad y las prácticas acomodaticias caracterizan a esta sociedad. Hay una frasecita que se dicen los españoles al despedirse, cual consejo de abuelita: “y no trabajes mucho, eh…”. ¿Acaso eso puede resumir el pensamiento de la sociedad española? Sí, debo relativizar, ya lo sé.

El tren se detiene en Herradón de la Cañada. Suena un pitido y las puertas soplan y se abren. Gente baja y gente sube. El mismo pitido suena quince veces en dos segundos y las puertas vuelven a soplar y se cierran. El tren roza con los rieles, se impulsa y cobra vuelo. En este vagón no hay más de diez personas. Algunas leen, la mayoría duerme. Un gordito blanquiñoso come una manzana. Nadie habla.

¿Cómo son los españoles? Aunque como en todo lugar existe gente de todo tipo, hay patrones que diferencian a las naciones, que les dan un toque particular y que las convierten en únicas. ¿Cómo son los españoles? Pregunta difícil la que me planteo. Es que, antes lo tenía más claro. De niño pensaba que todos, o eran curas o eran toreros. Al crecer me imaginaba a España como un país poderoso, con gente profesional, culta y muy dedicada a sus labores. Y ahora, que estoy aquí, he vuelto a cero. No puedo decir nada, más que anotar comportamientos y costumbres que tal vez se aproximan a responder la pregunta planteada.

¿Cómo son los españoles? Pues, veamos. Comportamientos. Aquí las personas fuman como chinos, hombres o mujeres, da igual. Los españoles hablan rápido, fuerte, ceceando, con brusquedad o sin delicadeza, como quieran. A menudo no se estrechan la mano sino sólo dicen hola. Pero eso lo complementan con el beso doble que se les da a las mujeres. Uno en cada cachete. Tampoco dicen salud cuando alguien estornuda sino, sólo a veces, Jesús. Sí, así, achís, Jesús. Los españoles toman café como agua (con leche) y cuando algo les sorprende dicen una muletilla muy extraña: ¡Qué way! Se quejan de lo mismo: de los políticos de mierda, de "la situación" y de la televisión basura. Ah, además, se quedan calvos muy pronto y las mujeres se comen las uñas (es rara una española con las uñas largas).

La gente lee mucho en el metro y en los autobuses, pero como dice mi profesor Carlos Plá Barniol, la mayoría sólo lee tonterías. Eso lo he confirmado. Si no están leyendo el Marca (el diario deportivo más vendido de España), están leyendo a Corín Tellado, ‘Crepúsculo’ o las aventuras de Sherlock Holmes. Pero, a fin de cuentas, leen. “El problema es que en España ya no hay círculos de estudio que ejerzan presión política, como sí lo hay en Francia, por ejemplo. Aquí se lee los libritos de moda”, dice mi profesor.

¿Qué más? Sí, la conducción. Aquí los españoles conducen muy bien, respetan los límites de velocidad y el peatón tiene la preferencia pero, aun así, los accidentes de tránsito son constantes y hay tantas muertes como en el Perú. Sólo en Semana Santa murieron en las carreteras cuarenta y cuatro personas. Cosa rara, pero algo digno de resaltar es que las ciudades están ordenadas y no se escuchan los cláxones ensordecedores y los motores viejos que humean como trenes de sierra.

Los españoles aman más que a los toros, al fútbol. Es su pasión. Dicen vale, coño y mierda, en ese orden de frecuencia. Un joven puede decir mierda en la cara de un viejo y nadie le dice nada. Cada uno a su bola, cada uno en su mundo. Nadie habla. Nadie se mete.

Los españoles son buena gente, sí, sólo que no revelan un interés por conocer más allá del horizonte. Es contradictorio, porque viajan mucho, pero sólo dentro de Europa. De los que conozco (descontando a la familia de mi novia), sólo uno conoce Perú. Para los demás, el Perú es un lugar tan exótico como Vietnam, muy pobre, y que sólo existe gracias a Machu Picchu. Después, no saben nada. Alguien dice Cuzco, alguien dice Lima, pero nada más. En cambio, yo creo que los peruanos sabemos mucho más de España y del mundo que ellos. Como que nos interesa aprender, ¿no?

Por estos motivos, Charo, la madre de mi novia y sobre todo mi amiga, dice que “hay que huir de España”. Ella ya se ha cansado de su propio país, de los irrespetos, de los abusos, de la ceguera, de que los jóvenes sólo aspiren a querer “un piso, un coche, una novia y comer paella los fines de semana en la casa de sus suegros”. Ella quiere escapar, esconderse en un terrenito muy verde, con un río, lejos de la modernidad y sobre todo de los cotos de caza que aquí abundan. Charo quiere volar a nuevos destinos y estoy seguro que eso es lo que todos deberíamos plantearnos cada día. Si sólo ponemos piloto automático y nos dejamos llevar por las leyes de la física, o empujar por la manada, entonces nos habremos convertido en robots con código de barras. Yo, como Charo, creo que hay que ser humanos, al menos un poquito.

Entonces, no entiendo cómo es que los inmigrantes se quieren mimetizar con los españoles. Muchos sudamericanos y africanos, ni bien llegan a esta tierra, se paran los pelos, se compran lentes de sol, se incrustan un arete en la nariz y escuchan música mediante un Ipod. Costumbres muy de acá, que en un extranjero se ven ridículas. Huachafas. Sí, no puedo generalizar, ya lo sé. ¡¿Entonces qué?!

¿Son apariencias?, ¿son impresiones?, sí, ¿pero qué se puede pensar cuando se ve a un niñato de catorce años gritando en el metro ¡puta mierda!, ¡puta mierda! ante su grupete, estando a su costado una señora de unos cincuenta años intentando leer una revista? Eso me ocurrió el otro día. Era un sábado, ya tarde, y regresaba a casa con Alba luego de haber visto una obra teatral en una pequeña sala del barrio de Antón Martín. Íbamos tranquilos, ella sentada y yo parado a su costado. La vieja iba de pie, leyendo, y a pocos metros había un grupo de muchachos españoles que contaban algunas de sus anécdotas sexuales a voz en cuello. Ella leía su revista y de vez en cuando les miraba de reojo, con desconfianza, aunque poco impresionada, como acostumbrada a ese tipo de exabruptos. Aun así yo imaginé que ella pensaba: “en mis tiempos eso no se veía”. ¡Puta mierda!, ¡puta mierda!, gritó uno de ellos.

Tal vez son sólo prejuicios míos. Un amigo gallego me dijo el otro día que los viejos siempre dirán que los jóvenes de ahora no son nada y que en sus años mozos todo estuvo mejor. Y para ser franco, le creí. Claro, dije, es que esa frase que dicta: “todo tiempo pasado fue mejor”, seguro la acuñó un viejo. Sí, dije, esto de condenar a los jóvenes por su comportamiento es una exageración. El gallego me dio esperanzas. Hablamos en el edificio donde funciona la agencia de noticias que nos aloja y sus palabras fueron una luz que luchaba contra las constantes quejas que me invento y que escucho. Todo fue bien hasta que me metí en ese metro y volví a la realidad. El gallego me había mentido.

Pero no todo está perdido. El otro día iba en un autobús de Santander a Valladolid junto con Alba y recordé una frase que leí en “Matar un Ruiseñor”, de Harper Lee: “Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido y antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”.

Seamos valientes. Además, no nos queda otra alternativa.

El tren ha llegado. Las puertas soplan. Madrid me sigue esperando. ¿Qué ocurrirá esta semana?

martes, marzo 30, 2010

Reportaje

¿América Latina o el Macondo de García Márquez?

Doscientos años después de haberse independizado de sus metrópolis europeas, América Latina podría parecerse más al Macondo de Gabriel García Márquez que a un continente unido, estable y desarrollado. “Gabo” pone punto final a “Cien años de soledad” después de que vientos huracanados devastaran al pueblo en el cual muchas familias habían depositado sus ilusiones, y las coincidencias son asombrosas. La obra maestra del Nobel colombiano se divide en 20 capítulos que bien podrían ser las 20 décadas de vida de los países de Latinoamérica. En los primeros 16, el escritor narra la fundación y el desarrollo de Macondo, mientras que los cuatro últimos están dedicados al decaimiento de esta tierra prodigiosa que no supo encaminarse hacia el desarrollo, o que tal vez desde que nació ya estaba condenada a desaparecer.

“Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda
oportunidad sobre la tierra”, advirtió el escritor.


Pero más allá del realismo mágico, y considerando que evidentemente Latinoamérica no desaparecerá como Macondo, esa misma frustración de la familia Buendía, que vivía en un mundo cíclico de tiranos y gitanos, entre insomnios y olvidos, entre guerras, masacres y desdichas, es el sentimiento que hoy podría invadir a muchos latinoamericanos al ver cómo sus países, tan ricos en cultura y recursos naturales y muchos de los cuales están bien posicionados macroeconómicamente hablando, permanecen divididos, con altos índices de pobreza y, peor aún, en manos del populismo.
Actualmente, nueve países de Iberoamérica están celebrando 200 años de su liberación de la Corona española. Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay y Venezuela (con España como invitada) conforman el “Grupo Bicentenario”, una instancia multilateral constituida en diciembre de 2007 en Santiago de Chile para organizar y celebrar los procesos de independencia de los países americanos.
Sin embargo, al margen de los fuegos artificiales, de los discursos y de los debates, Latinoamérica (no sólo este grupo de Estados bicentenarios sino todo el continente) es un lugar donde las desigualdades sociales son evidentes, donde las instituciones políticas aún no se han consolidado en un nivel óptimo y donde hablar de integración es –por ahora– sólo un sueño.

Rica, pero dividida
Escenario de desarrollo de grandes culturas, como los Aztecas, los Mayas o los Incas, Latinoamérica es un lugar diverso, rico en recursos naturales (sólo Sudamérica posee el 42% de las aguas dulces del mundo), tradiciones y manifestaciones artísticas. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) califica a esta región como “la más desigual del mundo”.
Esto lo sabe muy bien el periodista y analista económico español Hernando Fernández Calleja, quien asegura que “comienza a ser problemático hablar de Latinoamérica en otro sentido que no sea el sencillamente geográfico”.
Fernández Calleja añade que actualmente no es posible considerar a Latinoamérica como un todo debido a las profundas diferencias en cuanto al grado de desarrollo social, político y económico entre sus distintos países. “Hay enormes diferencias en la cultura económica de los países latinoamericanos, muy diferentes actitudes de la población y, sobre todo, algo que me parece fundamental: que el Estado de Derecho, es decir, el imperio de la ley, no rige en todos los países por igual”, sostiene.

En distintas direcciones
En Latinoamérica existen numerosos tratados, alianzas, comunidades y áreas de libre comercio que apuntarían a la integración económica y política y a la reducción de la pobreza, entre otros aspectos. Sin embargo, en la práctica, se trata de organismos que no han cumplido sus objetivos de integración y que han creado “islas” en el continente que se mueven hacia distintas direcciones.
Entre éstos destacan la Comunidad Andina (CAN), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca) y la recién creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELC), entre otras de menor trascendencia o que ya han muerto.
Asegurar que estos organismos no han cumplido sus objetivos se basa en hechos. La CAN, que nació en 1969 con la suscripción del Acuerdo de Cartagena, actualmente la integran Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia (Chile y Venezuela se retiraron en el camino) y, aunque se trata sólo de cuatro países, dentro de ella existen dos subgrupos. Por un lado, Ecuador y Bolivia congenian con la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA), que promueve el presidente venezolano Hugo Chávez Frías para luchar contra el “imperialismo yanqui”, mientras que Perú y Colombia son países que apuestan por el libre mercado sincero y que han suscrito tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea (UE).
Hugo Chávez, que formó la ALBA como contrapropuesta al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que lidera Estados Unidos, marca una de las tendencias políticas a la cual muchos países latinoamericanos se van adhiriendo.
Luchar contra el “imperio” de EEUU “que explota a Latinoamérica” y el sistema neoliberal que –según Chávez– sólo quiere enriquecer a los más ricos y oprimir a los más pobres, son dos aspectos que el mandatario venezolano utiliza como armas de su “lucha”.
Para el profesor de Historia Política en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid Manuel Álvarez Tardío,

“Hugo Chávez representa el camino del suicidio, del aislamiento, de la
repetición de errores, y todo con un precio muy alto para la libertad y el
pluralismo”.


Fernández Calleja considera lo mismo: “Los nacionalismos, sean internos dentro de una misma nación o sean de la nación frente al exterior, son siempre perjudiciales porque interponen fronteras artificiales a la creación de riqueza. Hoy, la clave del crecimiento económico y, en paralelo, del progreso de las poblaciones, es inseparable de la globalización, que es un fenómeno del que no te puedes apear en marcha, porque te quedas en la marginalidad”.
Aun así, la ALBA izquierdista que creó Chávez con el ex presidente cubano Fidel Castro en La Habana en el 2004, a pesar de sus ataques contra la libertad de prensa, de sus contradicciones y de su populismo extremo que está generando más pobreza y está acabando con la clase media en Venezuela, ha dejado de ser una simple piedrecita en el zapato de Estados Unidos y de América Latina para convertirse en una plataforma política con numerosos “adeptos”. Actualmente, además de Venezuela y Cuba, la ALBA está integrada por países como Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Antigua y Barbuda y San Vicente y Granadinas.
Además de la ALBA, no debemos olvidar a la socialista Cuba. El historiador cubano exiliado en México Rafael Rojas, en un artículo de opinión publicado semanas atrás en “El País”, hace referencia a que “en las dos últimas décadas, cada vez que un Gobierno de la zona criticó la violación de derechos humanos en Cuba, la reacción de La Habana fue acusar a dicho Gobierno de ‘lacayo del imperio’ y movilizar a las izquierdas radicales en su contra, utilizando a las embajadas cubanas en la región […] En todo caso, la mayoría de los Gobiernos de la región quiere ahorrarse la furia de las izquierdas procubanas y prefiere callar cuando La Habana deja morir a un preso político”.
Ante esto, Álvarez Tardío apunta:

“A estas alturas, veinte años después de la caída del muro de Berlín, ya sabemos
que el capitalismo y la democracia no forman un sistema perfecto, pero sí el
mejor que hemos conocido”.


Rafael Rojas complementa: “[América Latina es] una zona del mundo donde el autoritarismo sigue vivo, a pesar de las últimas transiciones”.
Otro organismo como el Mercosur, que desde 1991 lo integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, no ha logrado sus objetivos de integración social, comercial y económica y es considerado sólo como una unión aduanera con imperfecciones.
No obstante, cabe precisar que Brasil ha crecido en términos económicos hasta niveles insospechados, tanto así que ha dejado de ser un país endeudado para ser un país que otorga préstamos, que además integra el grupo del G13 y que en el 2050 podría ser una de las seis economías emergentes más fuertes del mundo (junto con Estados Unidos, China, Rusia, India y México).
Hablar de integración en América Central es una locura, por ello la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA) y el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) son prácticamente inexistentes. Pero lo mismo ocurre en Sudamérica, aunque en otro nivel. Vale decir que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que la integran desde el 2008 los doce países independientes de Sudamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela), no ha logrado consolidarse y mucho menos reducir las brechas sociales que existen entre los mismos países y sobre todo al interior de éstos.

Los “líderes” en América Latina
México en el norte y Brasil en el sur. A pesar de la inseguridad que afecta al primero por la presencia de mafias dedicadas al narcotráfico y de las diferencias sociales muy marcadas en el segundo, ambas son las economías líderes en América Latina.
Como ya se mencionó líneas arriba, se estima que en el 2050 ambos se ubicarán entre los seis países emergentes más poderosos del mundo.
Por ahora, México, aplicando una economía cien por cien neoliberal, se ha convertido en la segunda nación de América Latina (sólo superada por Brasil) y es considerado un país emergente situado en la decimotercera ubicación mundial en el ranking del PIB nominal. Aun así, la diferencia social allí es muy marcada entre los ricos y los pobres.
Lo mismo ocurre en Brasil, que se ubica en el octavo puesto del PIB nominal y que como México presenta un Índice de Desarrollo Humano (IDH) alto. Brasil es un país que viene fortaleciendo a su clase media gracias a la aplicación de políticas sociales basadas en las transferencias monetarias a los más pobres, pero aún así casi el 30% de su población vive en estado de pobreza.
En Río de Janeiro, su ciudad emblema y una de las más bellas del mundo, un aproximado de 13% de la población vive en estado de pobreza. Esto se materializa en las favelas, que son “islas” de miseria insertadas en la misma ciudad.
En parecida situación está Chile, considerado como un buen ejemplo de desarrollo pero también como un mal paradigma cuando de distribuir la riqueza se trata. En términos económicos, en el 2020 se estima que Chile, el cual se insertó en el modelo neoliberal desde la dictadura de Augusto Pinochet, será un país desarrollado. Sin embargo, Chile es considerado ahora mismo uno de los cuatro países más desiguales de Sudamérica, junto con Brasil, Bolivia y Paraguay.
Para Fernández Calleja, las desigualdades sociales se podrán reducir cuando haya igualdad de oportunidades en la educación, cuando se fortalezca la clase media en términos económicos y de preparación adecuada y cuando las instituciones estatales se vean limpias de la corrupción y de “poderes paralelos como el de los narcotraficantes”.

“El Estado de Derecho debe tener suficientes resortes para expulsar las
prácticas corruptas, que minan la moral de la gente y que generan desconfianza.
Es todo lo mismo, un círculo vicioso. Así se irá fortaleciendo una clase media
preparada, que es el gran amortiguador de las tensiones sociales”, señala.


Álvarez Tardío agrega que “el camino para el desarrollo, como en otras partes y en otro tiempo, siempre es una mezcla inteligente y prudente de buenas dosis de libertad, seguridad y pragmatismo. Por lo demás, la posibilidad de redistribuir riqueza y dar oportunidades a los más débiles está ligada a la capacidad de una sociedad de generar riqueza en un mundo cada vez más complejo y competitivo”.
Otro caso de crecimiento exitoso, al menos en números, es el de Perú. Si en 1990 el país se desangraba por el terrorismo y la hiperinflación sumada a la corrupción lo tenían en quiebra, actualmente se muestra como uno de los países estables de mayor crecimiento económico en la región, con una de las inflaciones más bajas del mundo, casi exento de violencia terrorista y muy empeñado en abrirle las puertas a la inversión privada y en suscribir la mayor cantidad posible de tratados de libre comercio. En este contexto, ahora Perú tiene un IDH alto, pero sus niveles de pobreza se sitúan por encima del 48%. Una vez más, la desigualdad sigue presente.
Hablando en términos generales, la CEPAL espera que en el 2010 América Latina y el Caribe crezcan a un ritmo del 4,1%, iniciando así la superación del impacto negativo de la crisis económica mundial. Aunque, la comisión proyecta tasas positivas de crecimiento para la mayor parte de los países, explica que persisten dudas sobre si la recuperación será sostenida en el tiempo, ya que el escenario externo aún genera incertidumbre y podría afectar las expectativas de crecimiento de la región.
“Lo peor de la crisis ha quedado atrás. Los motores del crecimiento ya se encendieron nuevamente, pero no se sabe cuánto nos durará el combustible”, advirtió Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, al dar a conocer el informe.
Según las proyecciones de la CEPAL, Brasil encabezará la lista de los países que más crecerán en 2010, con una expansión estimada de 5,5%. Le seguirán Perú y Uruguay (5% cada uno), y Bolivia, Chile y Panamá (4,5%), mientras que Argentina y Surinam crecerán 4,0%. México, en tanto, crecerá 3,5%, al igual que Costa Rica y República Dominicana.

¿Qué se siente desde Europa?
Para el escritor español Johari Gautier Carmona, descendiente de una familia africana que migró al Caribe, quien ahora vive en Barcelona, América Latina se ve desde Europa “como un bloque” preso del atraso y de la inestabilidad.

“A América Latina se la mira casi de la misma forma como se mira a África,
aunque con un despertar político y un ligero progreso económico. Tal vez la
diferencia con África sea que en América se habla en su mayoría el español, el
portugués o el francés. Pero hay muchos estereotipos y un gran desconocimiento
que creo que se basan en el miedo y la ignorancia”, declara.


Al respecto, Álvarez Tardío considera fundamental luchar en Europa contra “el tópico, muy presente en España, de que América Latina es una especie de bloque al que debemos tratar con políticas similares y bajo una misma óptica”.
“Hay muchos elementos importantes para que pensemos en América Latina como una realidad compleja y plural que exige de nosotros un tratamiento igualmente plural. Y no es sólo por cuestiones culturales, lingüísticas o económicas, sino también por las diferencias evidentes de desarrollo político y estabilidad institucional”, agrega.
El profesor de la Universidad Rey Juan Carlos agrega que en España existe una imagen dual: por un lado, la idea indiscutible de que España tiene que ser el lazo de unión de América Latina con Europa –debe tener un protagonismo especial en ese terreno por razones no sólo culturales, sino también políticas–; y, por otro, la idea de que América Latina es una región que cada vez resulta más lejana y más difícil de comprender.
“Tengo la sensación de que el acercamiento de España a Europa la alejó de América Latina. Aunque sólo en parte, pues luego vino la expansión de las empresas españolas y la necesidad de tener una política exterior a la altura de nuestras inversiones”, considera.
Fernández Calleja siente que esa visión de conjunto que se tiene de Latinoamérica en Europa, se desprende ahora del hecho de que la crisis financiera internacional no ha afectado demasiado a Latinoamérica.
“En ese sentido, mi opinión es que no ha ido mal. Pero, claro, hay excepciones en las que, bien por el populismo puro y duro, bien por la arbitrariedad populista (del primero el paradigma es Venezuela; del segundo, Argentina) no puede esperarse un gran progreso, por más que algunas cifras, en el caso de Argentina, oculten en parte la mala situación”, considera.

¿Qué hacer?
Para Fernández Calleja, la clave del desarrollo en la que coinciden la mayoría de los estudiosos es fortalecer el Estado de Derecho. “La vigencia de la ley y de las instituciones democráticas debe estar sobre los gobernantes, e incluso sobre las condiciones de producción de un país. En la inestabilidad, solo invierten quienes no pretenden un beneficio común, sino que sólo especulan, en el peor de los sentidos. La estabilidad de las instituciones es la garantía de los turnos políticos, de la alternancia en el poder de unos y otros partidos y, por tanto, de los límites en el ejercicio del poder. La estabilidad es la base de la continuidad de la formación de los ciudadanos, sin la cual también es imposible progresar”, explica.
Añade que a líderes como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa “les deberían servir de ejemplo países que han tenido en pocos años un despegue económico y social importante, sin necesidad de ser geográficamente y poblacionalmente tan grandes como Brasil o México. Por ejemplo, Chile o algunos países del Este de Europa después del comunismo”.
Álvarez Tardío piensa lo mismo:

“El capitalismo, como la democracia, requieren de algo básico, que es lo que
probablemente peor está resultando en algunos países de América Latina: la
estabilidad institucional, es decir, que los ciudadanos perciban que se pueden
fiar de sus instituciones, que tienen seguridad no ya para sus propiedades sino
para el futuro de sus proyectos, para sus desarrollos personales”.


Agrega que esa seguridad ligada a la estabilidad institucional sólo se consigue consensuando marcos políticos, luchando con firmeza y sin miedo contra los tramposos, los corruptos y los violentos, y creando un Estado fuerte, capaz de redistribuir la riqueza y hacer política social.
“Un Estado fuerte no es, pese a lo que muchos creen, un Estado que no ahoga la libertad, sino un Estado que se muestra firme en la defensa de la libertad”, puntualiza.
De lograrse esto, como agrega Fernández Calleja, “habrá mejores y peores gobernantes, incluso corruptos y falsarios, pero si hay libertad, sus excesos serán corregidos por el mismo sistema. Esa es la clave”.
Pero va más allá: “En cuanto a Europa y también Estados Unidos, lo que tienen que hacer es desterrar el paternalismo y sustituirlo por una cooperación generosa, que no sólo es económica, sino, sobre todo, de formación y de allanamiento de las diferencias culturales y de todo tipo en América Latina. Y también, abandonar sus posiciones proteccionistas, especialmente en la agricultura, para favorecer el comercio internacional y por ende, dar entrada a los productos agrícolas de América Latina y África. Ésa sería una gran aportación”, dice Fernández Calleja, tras puntualizar que Latinoamérica es la mayor región productora de alimentos del mundo.
Por ahora, problemas como el narcotráfico que comparten Colombia y Perú, las injusticias en la distribución de las riquezas que afectan seriamente a Chile, Brasil o Argentina, las crisis políticas de Centroamérica, el nacionalismo, el populismo y la violencia generada por mafias en México, entre otros, son algunos de los retos que deben resolver los países latinoamericanos en los próximos años.
Las condiciones para lograrlo están dadas. Ya lo dijo el propio “Gabo” en 1982, al recibir el Premio Nobel de Literatura:

“No es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una
nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta
la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad,
y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para
siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.


Si esto no se consigue, como lo dijo el uruguayo Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, la región incluso podría perder por completo el derecho de llamarse América, “ya que, para el mundo, América hace referencia a Estados Unidos”. De lo contrario, y si esto no se consigue, quién sabe, tal vez América Latina se vea condenada al vendaval garcimarquezano que lo destruye todo y sólo deja polvo, miseria y desolación.

Veronny Neyra conoce 123 países y ha dirigido obras en España, Argentina y Perú
El arquitecto trujillano que construyó un sueño

MADRID, ESPAÑA. Veronny Neyra Bisso es un hombre que ha hecho realidad sus sueños en un mundo donde muchísima gente sólo nace para sufrir. Eso ya es bastante. Lo más curioso es que este arquitecto trujillano no tiene ningún secreto y más bien siempre ha vivido tomando decisiones y emprendiendo proyectos sobre una vieja, trillada pero acertada frase: ‘no hay peor gestión que la que no se hace’.
En los 60, cuando tenía 27 años, y luego de haber forjado una carrera brillante en Argentina y Brasil, Veronny retornó a Trujillo para administrar la empresa constructora de su familia (Constructora Neyra). Aunque planeó quedarse sólo algunos meses, el tiempo fue transcurriendo con rapidez y él se fue involucrando en nuevas responsabilidades.
Fue promotor y docente de arquitectura en el Instituto Tecnológico Chan Chan, fue gestor de la oficina regional del Colegio de Arquitectos del Perú en La Libertad y se convirtió en el primer arquitecto municipal de Trujillo. Además, se encargó de la reconstrucción de Casma (Áncash) tras el terremoto de 1970.
Cuando precisamente el éxito le miraba a los ojos y él le correspondía con arduo trabajo y mucha fuerza y esperanza, un día su corazón le obligó a tomar la decisión más importante de su vida: dejar todo lo alcanzado por cumplir el sueño que tuvo desde niño: conocer Europa y el mundo entero. Y así lo hizo. Renunció a todo, dejó la casa cerrada y el carro cubierto con la funda, alistó maletas y voló al viejo continente sólo con el deseo de aprender, aprender y aprender.
Actualmente, luego de conocer 123 países de los cinco continentes y haciendo una retrospectiva en Madrid de lo que ha sido su vida, Veronny Neyra Bisso, sin lugar a dudas el más exitoso arquitecto trujillano, sonríe de orgullo por lo conseguido, lanza una mirada tierna a su familia y dice –con un dejo español inevitable– “todo es cuestión de proponérselo”.

Sus inicios
El sueño de Veronny siempre fue viajar. Desde niño, cuando estudiaba en el colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo, veía con asombro las fotos y los dibujos de aquellas construcciones míticas que los griegos, los romanos y los árabes legaron al mundo. Le apasionaba Roma y su coliseo, Atenas y su Acrópolis, Egipto y las pirámides, España y La Alhambra.
En aquel entonces el pequeño Veronny, de ascendencia genovesa, vivía en el jirón Pizarro y jugaba con sus amigos en la Plazuela El Recreo, “un lugar de grandes recuerdos”.
La edad universitaria lo llevó hasta Tucumán (Argentina), donde ingresó a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional y al cabo de un tiempo se graduó con éxito. Posteriormente se capacitó en Río de Janeiro y Brasilia y, al cumplir los 27, una llamada telefónica de su padre le hizo retornar a Trujillo para encargarse de la administración de la empresa constructora familiar.
“Como mi padre y mis hermanos iban a ausentarse, me llamaron para que me encargara de la constructora. Sólo iba a estar veinte días o un mes, pero me quedé varios años en los cuales viví una etapa de esplendor”, recuerda Veronny.
El ímpetu juvenil, las ilusiones, los proyectos y las oportunidades se entrecruzaron de tal manera que muy pronto Veronny se vio coordinando la creación de la carrera de arquitectura del desaparecido Instituto Tecnológico Chan Chan. Lo hizo tan bien, que se convirtió en director de la especialidad y docente de dos asignaturas. “Aún las recuerdo, eran Sistemas de Representación y Expresión Gráfica”, anota.
Trujillo, a pesar de ser una ciudad importante, en aquel entonces no contaba con una filial del Colegio de Arquitectos del Perú y eso a Veronny le inquietaba. “Hice todo lo posible para lograrlo, viajé a Lima donde gestioné su fundación y finalmente se logró. El primer decano en Trujillo fue Miguel Ángel Ganoza Plaza, yo era secretario”, narra.
A esto se sumó que el Concejo Provincial de Trujillo carecía de arquitecto municipal y que él precisamente asumió, por primera vez en la historia, ese importante cargo.
“Sólo había ingenieros municipales y por primera vez se creó una plaza de arquitecto municipal. Se convocó a un concurso, se presentaron muchos y el destino me hizo ganar. Así fui el primero, lo cual me llenó de ilusión”, expresa.
Entre la empresa familiar, las clases en el instituto Chan Chan, el Colegio de Arquitectos y el cargo en la municipalidad, Veronny prácticamente debía desdoblarse. Él califica esta etapa de su vida como “muy interesante”. Pero el terremoto del 70 lo llevó más al sur, hasta Casma, una ciudad que había sido devastada por completo.
“Gané un concurso para la reconstrucción y rehabilitación de Casma y me convertí en arquitecto urbanista en esa ciudad. Al poco tiempo me designaron director de la oficina zonal. Todo estaba destruido, todo estaba en el suelo”, recuerda.
Casma fue reemplazando a Trujillo en su vida. Luego de unos años, su zona de trabajo se amplió hasta Huaraz e incluso bajo su dirección se rehabilitó el complejo arqueológico de Sechín. Veronny había llegado a la cúspide de su profesión en el Perú, pero eso no le bastaba: sus sueños lo seguían empujando hacia Europa.

La gran decisión
Como en Perú ya se estaba asentando y era exitoso, Veronny se asustó. Pensó que si seguía así nunca iba a conocer Europa a fondo y mucho menos estudiar un doctorado. Entonces, renunció a todo y dijo: “me tengo que ir”.
“Recuerdo que mi hermano Fernando dijo: ‘yo no puedo entender cómo, haciendo todo lo que está haciendo, Veronny se vaya’. Pero así fue. Yo estaba decidido a ello y lo hice”, cuenta.
La Sorbona de París fue su primera opción, pero estudiar francés para luego inscribirse en el doctorado lo desanimó. Entonces llegó a Madrid, ciudad donde se desarrollaba el Congreso Mundial de Arquitectura. Averiguó qué era lo más conveniente y se inscribió en la Universidad Tecnológica.
Aunque su intención primigenia no era quedarse para siempre, el ir ganando numerosas becas de estudio en España, Italia y Alemania lo fueron consolidando como uno de los más expertos arquitectos del viejo continente.
“Empecé a presentarme a becas. Me gané una muy buena del Ministerio de la Vivienda de España y recuerdo que me pagaban una cantidad nada despreciable. Luego gané otra beca del Instituto de Cooperación Iberoamericana y con ésa terminé el doctorado”, declara.
Batalló mucho para convalidar su título, y lo consiguió. Estudió más cursos de urbanismo y se colegió en España. Se especializó en arquitectura renacentista en Roma y Florencia (Italia), siguió viajando y en 1980 fundó el estudio madrileño que lleva su nombre.
Desde entonces ha desarrollado proyectos urbanísticos, de vivienda y de restauración en Toledo (provincia donde trabajó como arquitecto municipal) y Madrid. A esto se suman las obras que ejecutó años atrás en Argentina y Perú. “Fui el único arquitecto municipal extranjero en el Ayuntamiento de Palomeque, Toledo. Fue muy interesante. Pero nunca dejé mi estudio”, cuenta.
Desde 1985, Veronny fue testigo del crecimiento extraordinario de España. Ha visto el cambio radical de los pueblos y de las ciudades, a muchas de las cuales califica de “preciosas”, sobre todo por su arquitectura antigua.
Ha visto cómo se ha ido expandiendo el asombroso metro de Madrid, así como el aeropuerto, las autopistas, los rascacielos y las avenidas. “Ha habido un auge tremendo y notorio en España, que la llevó a ubicarse como la octava potencia del mundo. Su desarrollo ha sido homogéneo, cosa que debería repetirse en el Perú”, dice.
Aunque la crisis económica golpea ahora a España y el sector construcción es el más afectado, Veronny considera que se trata de un ciclo que terminará. “El boom inmobiliario en España fue impresionante. Se ha construido a niveles superiores de los demás países de Europa. Pero todo lo que sube, baja, y nuevamente se estabiliza. Es un ciclo que pasará y luego volverá otro”, piensa.

Un buen padre
Jorge es un niño de 11 años muy elocuente. Es el hijo menor de Veronny y el fruto del amor que surgió hace 13 años entre su padre y la arequipeña Hortensia Ruiz Fernández, a quien todos llaman ‘Techi’ (se conocieron en Trujillo, pues ella era compañera de estudios de la sobrina de Veronny llamada Marissa).
Jorge, quien de grande quiere ser arquitecto y adora al Perú (aunque nació en España), define muy bien a su padre: “Es el mejor padre del mundo. Me enseña y a veces que me porto mal, me corrige. Él quiere mucho a mi mamá y a toda la familia. Es una persona encantadora y simpática, se merece lo mejor”.
‘Techi’ añade: “Admiro mucho a Veronny. Es una buena persona, un incansable trabajador, muy responsable, amante de su profesión, que es la razón por la cual viaja tanto. Como padre es excelente y todas las cosas que se propone, las consigue. La verdad es que me he sacado la lotería”.
En el hogar de esta familia, ubicado en la exclusiva calle Alberto Alcocer de Madrid, se observan libros y adornos peruanos. Desde un retablo ayacuchano hasta un texto sobre los tesoros incas. Allí radica el interés del pequeño Jorge por conocer muy pronto Cuzco y Machu Picchu.
Por ahora Veronny continúa trabajando en su estudio y asistiendo a todos los congresos mundiales de arquitectura habidos y por haber, en los cuales participa como expositor y pone énfasis en los proyectos de viviendas de interés social. Al ser reconocido y querido en Trujillo, el Colegio de Arquitectos de La Liberad, ni bien se entera de su llegada, ya lo está invitando para que dicte charlas a las nuevas generaciones.
Así es Veronny, un hombre que años atrás también forjó el hermanamiento entre Trujillo de Extremadura (España) y Trujillo del Perú. Un hombre que no deja de soñar. Un hombre apasionado por la arquitectura, a la cual califica de “compleja y maravillosa”. Un hombre que sigue lleno de entusiasmo, optimismo e ilusiones. A buena cuenta, un hombre ejemplar.
‘Maravillas’ de Perú y Latinoamérica en Madrid

Dos ajíes verdes, un trocito de kion y una botella de sillao. No, esto no es chino. Es peruano, como yo. Hace dos meses llegué becado a Madrid para estudiar y realizar prácticas de periodismo, y debo confesar que una de las cosas que más extraño es el saborcito de la comida de mi tierra.
Y es que la gastronomía española es envidiable, pero por desgracia mi paladar reclama constantemente el picante y el ácido andino que hasta ahora no logro probar por aquí.
Dos ajíes verdes, un trocito de kion y una botella de sillao. No es nada, son sólo tres productos peruanos que nunca pensé encontrar en Madrid. El ají está claro que es el chile, mientras que el kion (jengibre) y el sillao (salsa de soja más salada que dulce) son productos básicos de la comida de mi país que acabo de comprar en un lugar de ensueño: el mercado de Maravillas de Madrid.
Ubicado hace 66 años en la calle de Bravo Murillo 122, este mercado madrileño huele a Latinoamérica pero se parece más a una zona liberada en donde no existen nacionalidades, ni color de piel ni idiomas. Aquí todo se resume en algo muy sencillo: un feeling entre el que va a comprar y el que le vende.
Maravillas de Madrid, con sus 220 vendedores, es el mercado de productos frescos más grande de toda España y el centro comercial de barrio mejor equipado de toda Europa.
Cocos, mangos, plátanos machos (maduros) y yucas son algunos de los productos más vendidos. Pero son otros, más exóticos, los productos ‘extraños’ que se pueden encontrar allí. Frutas como el tamarindo, la papaya y el maracuyá, carnes como el lomo argentino, bebidas como la Inca Kola peruana así como conservas, especias y harinas convierten a este lugar en un verdadero paraíso para los latinoamericanos afincados en Madrid.
En mayor cantidad se encuentra productos de República Dominicana, Ecuador y México, pero también los hay de Chile, Argentina, Colombia, Brasil, Cuba, Perú y en general de todos los países americanos. Todos, importados por empresas bien constituidas y algunos pocos que no requieren refrigeración traídos a España como equipaje en vuelos comerciales.
“En Maravillas se puede encontrar todo lo que buscas. Carnes, frutas, verduras, panes y embutidos; desde la seta más extraña que te puedas imaginar, hasta el producto más exclusivo que pueda seleccionar cualquier chef de restaurante gourmet. A partir de allí, la imaginación es suficientemente amplia como para poder encontrar cualquier producto”, declaró el gerente del mercado de Maravillas, Luis Pulido Pascual.
Al ofrecer buena accesibilidad (que incluye área de aparcamiento) y un lugar limpio y moderno, este mercado no sólo provee de productos frescos a los ciudadanos de a pie, sino también a los restaurantes más exclusivos de Madrid.
“Desde restaurantes de cinco tenedores hasta la típica cafetería de menú de ocho euros, todos son clientes de Maravillas. Aquí encuentran lo que buscan”, añadió.
Cerveza Cusqueña, refrescos como Kola Inglesa, pescados que van desde el salmón hasta el bonito, y carnes de todo tipo de animales (tan exóticos como la cebra, el canguro o la rana) se pueden adquirir en Maravillas, mercado que tiene un catálogo de productos en su página web, la misma que permite realizar un recorrido virtual de sus instalaciones.
“Aquí atendemos de lunes a viernes de 9 de la mañana a 2 de la tarde y de 5 a 8 de la tarde. Los sábados estamos de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Todo lo que usted imagine, aquí lo encontrará”, dijo Silvana, la vendedora ecuatoriana del puesto denominado ‘Amazonas, productos latinos’.
Y para darle mayor valor, Maravillas también ofrece productos típicos de Asia y del medio oriente. Además, hay comerciantes de perfumes, bisutería, productos de limpieza, papelería, joyas, ropa, zapatos y mucho más.
En fin. Dos ajíes verdes, un trocito de kion y una botella de sillao. Este domingo cocinaré chifa y, aunque sé que nunca igualaré el sabor de una sopa preparada por mi madre, estoy seguro de que con cada bocado realmente me sentiré como en casa.